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Un técnico pasa por accidente 9 horas bajo los efectos del LSD tratando de reparar un sintetizador de los 60

Los 60 nunca se fueron del todo. De hecho, esta frase, a menudo utilizada como preámbulo para comparar algún fenómeno cultural nuevo, o para regresar a ese pasado contracultural que quizás pecó de optimismo, tiene en esta historia que ocurrió hace pocos días un sentido literal. Los 60 y sus sustancias siguen muy vivas.

La historia tiene a Eliot Curtis, ingeniero de sonido y gerente de operaciones de KPIX Channel 5, como principal protagonista. Al parecer, Curtis se encontraba tratando de arreglar un antiguo sintetizador de 1960 que se había encontrado en un armario “muy oscuro” en la Universidad Estatal de San Francisco, East Bay. Hasta aquí todo bien.

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Sin embargo, en un momento dado y mientras trataba de arreglarlo, comenzó a sentirse “extraño y diferente”. Durante mucho tiempo han existido rumores sobre ingenieros de sonidos y operadores de radio de los 60 que mientras trabajaban en sus emisoras sumergían sus dedos en LSD líquido. Se decía que lo hacían para inspirarse, pero hasta ahora eran tan solo rumores.

El sintetizador que Curtis estaba tratando de arreglar era un Buchla Model 100. Y aunque él no lo sabía, el dispositivo estaba impregnado del ácido. Después de retirar un módulo para limpiar lo que definió como “una costra o un residuo cristalino” que le molestaba, la sustancia pareció disolverse en su mano y comenzó a alterar su perspectiva.

Fue ... sentí como si estuviera de viaje con LSD”, explicó Curtis, quien comenzó a notar una “sensación de hormigueo extraña” 45 minutos más tarde. Poco sabía el ingeniero que las condiciones húmedas y sin luz del armario donde estaba el sintetizador habían proporcionado el ambiente perfecto para que el ácido lisérgico retuviera toda su potencia medio siglo después de que alguien lo alojara allí.

Imagen: possan (CC BY 2.0)
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Lo que siguió después fueron 9 horas de “viaje”, como ha contado a los medios estos días. Una historia curiosa que guarda muchos paralelismos con el mismo Albert Hoffman, quien sintetizó la sustancia por primera vez en 1943, y quien también se administró accidentalmente la droga de esa manera.

El LSD por lo general se consume por vía oral a través de un papel secante empapado en la sustancia, en otras ocasiones se consume en forma líquida directamente, por lo que la idea de que limpiar una máquina antigua, en este caso un sintetizador, podría llegar a “colocar”, no estaba en la mente de Curtis.

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Más difícil resulta saber si alguien escondió secretamente la sustancia psicoactiva bajo el módulo de la máquina a propósito, o simplemente se olvidó de recogerla. Curiosamente, el Buchla Model 100 tiene en sí mismo una historia bastante “lisérgica”.

El sinte era popular en la década de los 60, una época donde los músicos experimentaban y buscaban nuevas formas de crear sonido. Curiosamente, el Buchla Model 100 lo creó Don Buchla en la Universidad de California, amigo del ingeniero de sonido de Grateful Dead, Owsley Stanley, famoso por cocinar el LSD más puro de la época.

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Sea como fuere, Curtis ha explicado a los medios que tuvo un viaje aparentemente estable, y que cuando se le pasó el efecto terminó de reparar la máquina usando guantes. “Ha sido una experiencia salvaje, una situación que daría para un buen capítulo en la historia de la contracultura”, zanjó el ingeniero. [Kpix, Pitchfork]

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Miguel Jorge

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