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Ilustración: Tiago Dinis

¿Qué ocurre cuando alguien ingiere accidentalmente 10 veces la dosis recreativa normal de LSD? ¿Y si elevamos esa dosis hasta 550 veces? Un nuevo estudio detalla tres casos excepcionales de sobredosis masivas del ácido. Lo mejor que podemos decir es que las tres personas siguen llevando una vida normal.

El estudio buscaba comprender los efectos médicos de las dosis extremadamente altas de psicodélicos en entornos recreativos. ¿Para qué? Porque en los últimos años la medicina ha indagado sobre el posible uso de LSD para tratar adicciones, PTSD, depresión y una variedad de otras afecciones.

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Con una salvedad. Anteriormente los trabajos se habían centrado en la microdosificación con LSD, o al menos administrar dosis “normales” del medicamento. Por razones obvias los investigadores no suelen estar interesados ​​en dar a las personas una sobredosis gigantesca de LSD solo para ver qué sucede después. Así que los ejemplos “accidentales” podrían ser el mejor estudio. Y de entre ellos, los más excepcionales de sobredosis masivas del ácido lisérgico.

Así que recopilaron información sobre tres casos separados de entrevistas, registros de salud, notas de casos e informes colaterales, y los han publicado en Journal of Studies on Alcohol and Drugs.

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Imagen: Una molécula de LSD (centro) rodeada de receptores cerebrales (Anne Spikes)

El primero y más notable de los tres casos tiene a una mujer de 46 años llamada CB como protagonista. La mujer tenía un historial de uso de morfina para tratar un dolor relacionado con la enfermedad de Lyme en los pies. ¿Qué ocurrió? Que accidentalmente inhaló una dosis de 55 mg de LSD puro en forma de polvo, y lo hizo pensando que era cocaína. Como explican en el informe:

Este fue el equivalente a 550 veces la dosis recreativa normal de 100 mcg. Se dio cuenta de que tenía un problema en 15 minutos y llamó a su compañera de cuarto para pedir ayuda.

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A partir de entonces, el viaje de esta mujer se prolongó en las siguiente 12 horas, transcurso en el que vomitó con frecuencia, casi siempre sentada erguida, y con momentos de desmayo. A esta fase le siguió otro período de 12 horas en el que CB se sintió “colocada de forma agradable”, aunque todavía con pequeños períodos donde se sentía enferma. Según el estudio:

El informe colateral de la compañera de cuarto reveló que la mujer estaba sentada mayormente quieta en una silla con los ojos abiertos, otras veces cerrados, en ocasiones le salía espuma de la boca, ocasionalmente vocalizando palabras al azar y vomitando con frecuencia. Diez horas más tarde pudo conversar, fue al baño y parecía coherente.

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Imagen: Imagen conceptual de LSD y receptor (Bryan Roth)

Lo curioso de este caso es que tras recuperarse de la dosis extremadamente alta, la mujer, que como decíamos había estado tomando morfina para un dolor de pie durante aproximadamente una década, informó a los doctores de los efectos positivos sobre sus niveles de dolor. En este punto decidió interrumpir su uso de morfina y decía no experimentar abstinencia en las siguientes semanas. Cuando el dolor regresó, usó morfina en una dosis más bajas, y lo hizo con microdosis regulares de LSD. Finalmente detuvo la morfina por completo creyendo que era innecesaria.

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El segundo caso cuenta la historia de una joven de 15 años llamada AV que ingirió accidentalmente aproximadamente 10 veces la dosis recreativa normal en una fiesta. AV tenía antecedentes de consumo de cannabis y psicodélicos, y había sido diagnosticada previamente con depresión, hipomanía y trastorno bipolar.

¿Qué ocurrió? Que durante varias horas después de su sobredosis, AV experimentó un comportamiento errático, seguido de lo que parecía una serie de convulsiones. Después del incidente, la depresión clínica de AV pareció mejorar. Según el estudio:

El padre de AV observó que su hija parecía estar completamente recuperada de sus problemas de salud mental después del incidente de sobredosis. Al visitarla en el hospital, su padre informa que ella le dijo “se acabó”, lo que el hombre atribuyó al final de su viaje psicodélico. Más tarde aclaró que se refería a su trastorno bipolar.

AV informa que después del incidente de sobredosis de LSD experimentó la vida con una mente ‘normal’, mientras que su cerebro se sentía químicamente desequilibrado antes del incidente.

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Por último, el tercer caso involucraba la experiencia de una mujer de 26 años llamada NM que asistió a la misma fiesta que AV y también sufrió una sobredosis de LSD, ingiriendo cinco veces la dosis recreativa regular de 100 mcg. A diferencia de AV, NM no tenía experiencia en drogas, pero, y aquí viene el dato interesante, tampoco sabía que estaba embarazada de dos semanas en el momento del incidente.

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Afortunadamente, según el informe del equipo, ella y su hijo no corrieron ningún peligro y no se encontraron efectos negativos evidentes en el desarrollo de su hijo.

Aunque interesantes, los autores señalan que los tres casos son anecdóticos y que no se pueden realizar ensayos clínicos para descubrir posibles tratamientos a partir de dosis tan altas. “Debemos ser muy cautelosos en la forma de interpretar los hallazgos, más allá de reconocer que, afortunadamente, nadie parece haber sido perjudicado en estos casos”, zanjan.

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Dicho de otra forma, no lo intentes en casa. [Journal of Studies on Alcohol and Drugs, IFLSCience]

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