Una red de sensores en el fondo del océano ha revelado datos nunca antes registrados en la Fosa de Atacama. Científicos chilenos, en colaboración con equipos internacionales, han logrado monitorear cambios en el suelo marino, lo que podría ayudar a anticipar eventos sísmicos de gran magnitud. A medida que se procesan los datos, se abre la posibilidad de comprender mejor los procesos que conducen a terremotos y tsunamis. ¿Qué significa esto para el futuro sísmico de la región?
Una misión pionera en las profundidades del océano

Investigadores del Instituto Milenio de Oceanografía (IMO) han logrado lo que antes parecía imposible: detectar deformaciones en el suelo oceánico a más de 6.000 metros de profundidad. Esta hazaña científica ha sido posible gracias a la expedición IDOOS III, un esfuerzo multidisciplinario que combina geología, geofísica y biología marina.
La Fosa de Atacama es una de las zonas menos exploradas del planeta, pero también una de las más críticas para la generación de megaterremotos. La interacción de las placas tectónicas en este punto del océano Pacífico puede desencadenar eventos sísmicos de gran magnitud, como los ocurridos en Chile en 1960 y 2010. Ahora, con estos nuevos datos, los científicos pueden analizar si la energía acumulada en la zona está cerca de liberarse.
Tecnología avanzada para descifrar señales del subsuelo
Para llevar a cabo esta investigación, se han desplegado sensores de presión y líneas oceanográficas capaces de registrar cambios minúsculos en la corteza terrestre bajo el océano. Estos equipos han permitido obtener datos continuos sobre la actividad sísmica, condiciones del agua y movimiento del suelo marino.
Cada sensor está diseñado para soportar la presión extrema de las profundidades oceánicas, lo que representa un desafío tecnológico de gran escala. La información recogida podría cambiar la manera en que se estudian los terremotos y su relación con la geodinámica marina.
¿Está la zona acumulando energía para un gran terremoto?
Según los investigadores, los datos en tierra ya indican que la región de la Fosa de Atacama está acumulando energía, lo que sugiere que un terremoto de magnitud 8,0 a 8,5 podría ocurrir en el futuro cercano.
Las fosas oceánicas juegan un papel crucial en la generación de tsunamis, ya que el movimiento repentino del fondo marino puede desplazar grandes volúmenes de agua. Los datos recogidos permitirán evaluar si la acumulación de tensión tectónica alcanza la fosa y si existe el riesgo de un evento sísmico con tsunami.
El desafío de recuperar datos desde el abismo

Uno de los mayores retos ha sido la recuperación de los sensores instalados a más de 6.500 metros de profundidad. Para ello, los científicos han utilizado módems acústicos que permiten comunicarse con los dispositivos bajo el agua y activar su recuperación.
El éxito de esta operación ha permitido obtener datos sin precedentes, que ahora serán analizados para entender la interacción entre la tectónica de placas, la oceanografía y el cambio climático en la región.
Un hito en la ciencia sísmica chilena
El proyecto IDOOS ha marcado un antes y un después en la exploración del océano profundo. Los científicos ahora tienen en sus manos información que podría ayudar a predecir futuros terremotos y mejorar los modelos de riesgo sísmico en Chile.
A medida que los datos son procesados, se espera que los próximos estudios revelen más sobre el comportamiento de las placas tectónicas y cómo estos procesos influyen en la estabilidad del fondo marino y la biodiversidad de la Fosa de Atacama.
¿Estamos más cerca de anticipar el próximo gran terremoto? Las respuestas podrían estar ocultas en las profundidades del océano.