Saltar al contenido
Ciencia

Un volcán demostró en 2018 que puede generar un tsunami sin ningún terremoto que lo anuncie: este fin de semana, la misma montaña volvió a activarse en Indonesia

Los sistemas de alerta de tsunami están pensados para detectar terremotos. El problema es que este volcán ya demostró que no necesita ninguno para desatar una ola mortal
Por

Tiempo de lectura 3 minutos

Comentarios (0)

El Anak Krakatau, situado en el estrecho de la Sonda entre Java y Sumatra, intensificó su actividad durante la noche del viernes y generó columnas de ceniza de varios kilómetros de altura que llegaron hasta Yakarta, Banten, Java Occidental, Lampung, Bengkulu y Sumatra Meridional. Como medida de precaución, las autoridades indonesias restringieron parte de la actividad en varios aeropuertos, entre ellos el Soekarno-Hatta de Yakarta, el principal del país, lo que afectó a 209 vuelos y a cerca de 22.800 pasajeros entre cancelaciones, retrasos y reprogramaciones. También se pidió a la población que evite un radio de tres kilómetros alrededor del cráter y que se mantenga alejada de la costa por precaución.

La Agencia Nacional de Gestión de Desastres de Indonesia (BNPB) descartó, según la evaluación de sus organismos técnicos, un riesgo inminente de colapso masivo capaz de generar un tsunami en esta ocasión. Pero la sola mención de esa posibilidad no es casualidad: este volcán ya protagonizó, hace apenas unos años, uno de los episodios más estudiados de la vulcanología moderna.

Un volcán con antecedentes

Tsunami Krakatoa
Mapa del tsunami generado por la explosión del volcán Krakatoa en Indonesia el 27 de agosto de 1883. Produjo una ola de 30 metros en el estrecho de Sunda que mató a unas 36.000 personas © Por Sémhur – this map, from the NOAA website (National Oceanic and Atmospheric Administration)., Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3902362

El Anak Krakatau («hijo de Krakatau») surgió del mar en 1927, sobre la caldera que dejó la catastrófica erupción del antiguo Krakatoa en 1883, uno de los eventos volcánicos más letales de la historia registrada. La noche del 22 de diciembre de 2018, buena parte de su flanco suroeste colapsó de golpe sobre el mar, según un estudio publicado en Nature Communications, desplazando un volumen de material relativamente pequeño (menos de 0,2 kilómetros cúbicos) pero suficiente para generar olas de hasta 13 metros en las costas de Java y Sumatra. El saldo fue de más de 430 muertos, 14.000 heridos y 33.000 desplazados.

Fue el tsunami de origen volcánico más mortal desde el propio Krakatoa de 1883, y ocurrió sin ningún aviso previo para la población.

El punto ciego de los sistemas de alerta

Terremoto Y Tsunami
© By Brian F. Atwater, Marco Cisternas V., Joanne Bourgeois, Walter C. Dudley, James W. Hendley II, and Peter H.Stauffer – U.S. Geological Survey, Circular 1187 (http://pubs.usgs.gov/circ/c1187/illustrations/BlockDigrm_1.ai), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=14618443

La razón por la que no hubo aviso no fue negligencia humana, sino una limitación técnica de fondo. Los sistemas de alerta de tsunami que existen hoy en la mayoría de los países, incluida Indonesia, están diseñados para detectar terremotos submarinos de gran magnitud, el origen más frecuente de este tipo de olas. El colapso de un flanco volcánico es un fenómeno completamente distinto: se trata de un derrumbe de ladera hacia el mar que puede no generar una señal sísmica lo bastante fuerte como para activar las alarmas convencionales, incluso cuando produce una ola devastadora.

Los propios investigadores que reconstruyeron el evento de 2018 señalaron que se trata de un tipo de tsunami muy poco frecuente (menos del 1% de los tsunamis documentados en los últimos siglos tienen este origen), lo que explica en parte por qué la infraestructura de monitoreo global sigue tan orientada a la actividad sísmica y tan poco preparada para la inestabilidad de laderas volcánicas.

Cómo se vigila hoy un volcán que puede colapsar sin avisar

Tras el desastre de 2018, un equipo de investigadores analizó datos satelitales y terrestres previos al colapso y encontró señales de alerta temprana que habían pasado inadvertidas en su momento: anomalías térmicas en el volcán, un aumento gradual de la superficie de la isla y un desplazamiento lento del flanco suroeste hacia el mar en los meses previos al colapso, según la investigación publicada en Nature Communications. Ese hallazgo cambió la forma de vigilar el volcán: hoy el monitoreo del Anak Krakatau combina observación satelital, control térmico y seguimiento geodésico de la deformación del terreno, además de los sensores sísmicos tradicionales, precisamente para detectar señales de inestabilidad de ladera antes de que se conviertan en un colapso repentino.

Por qué la calma oficial tiene fundamento científico

En esta ocasión, la evaluación del Centro de Vulcanología y Mitigación de Peligros Geológicos de Indonesia concluyó que el crecimiento del edificio volcánico desde 2018 sigue siendo limitado y no muestra señales que apunten a un colapso masivo similar al de aquel año. Es una diferencia importante: no se trata de descartar el riesgo de forma genérica, sino de que las mismas variables que fallaron en detectar el peligro en 2018 (deformación del terreno, crecimiento de la isla, anomalías térmicas) hoy sí están siendo monitoreadas activamente, y por ahora no muestran el mismo patrón de inestabilidad.

Eso no significa que el riesgo desaparezca: los volcanes con historial de colapsos de flanco, como el Anak Krakatau, requieren vigilancia sostenida durante años, ya que la inestabilidad de una ladera puede desarrollarse de forma lenta y silenciosa antes de manifestarse de golpe.

Compartir esta historia

Artículos relacionados