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Ciencia

Una catedral de 900 años estaba a punto de derrumbarse. La salvó un hombre que trabajó cinco años bajo el agua y completamente a oscuras

A principios del siglo XX, la catedral de Winchester amenazaba con hundirse sobre sus propios cimientos. Un buzo pasó más de cinco años colocando miles de sacos de cemento bajo el agua para impedirlo.
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Durante siglos, la catedral de Winchester sobrevivió a guerras, reformas religiosas y el paso de generaciones enteras. Pero a comienzos del siglo XX estuvo cerca de desaparecer por una amenaza que nadie podía ver desde el exterior: el suelo sobre el que se había construido estaba cediendo lentamente. Las paredes se agrietaban, algunos sectores comenzaban a inclinarse y los ingenieros descubrieron que la solución estaba varios metros por debajo del edificio, en un lugar completamente inundado.

Lo extraordinario es cómo consiguieron salvarla. Entre 1906 y 1911, un buzo llamado William Walker descendió a oscuras bajo sus cimientos para colocar, uno por uno, casi 26.000 sacos de cemento. Durante más de cinco años trabajó rodeado de barro, agua fría y una estructura medieval que amenazaba con desplomarse. Su hazaña terminó convirtiéndose en uno de los episodios más singulares de la historia de la ingeniería británica.

Una construcción medieval que llevaba siglos hundiéndose

Una catedral de 900 años estaba a punto de derrumbarse. La salvó un hombre que trabajó cinco años bajo el agua y completamente a oscuras
La catedral de Winchester, en Inglaterra, comenzó a construirse en 1079 sobre un antiguo terreno fluvial. La inestabilidad de sus cimientos estuvo a punto de comprometer su estructura a comienzos del siglo XX. © Shutterstock / yujie chen.

La catedral de Winchester, en el sur de Inglaterra, comenzó a levantarse en 1079 sobre terrenos vinculados al antiguo curso del río Itchen. Su enorme estructura de piedra descansaba sobre capas de turba, gravas y sedimentos que retenían grandes cantidades de humedad. Los constructores medievales habían utilizado madera para estabilizar algunos sectores de la cimentación. Aquella solución permitió levantar uno de los templos más importantes de Inglaterra, pero no evitó que el terreno continuara experimentando movimientos.

A principios del siglo XX, la situación se volvió alarmante. Según los documentos conservados por los archivos históricos de Hampshire, las grietas atravesaban muros y bóvedas, mientras algunas zonas mostraban deformaciones preocupantes. El ingeniero Francis Fox y el arquitecto Thomas Graham Jackson estudiaron una intervención para reforzar las bases del edificio. El procedimiento convencional consistía en excavar alrededor de los cimientos y construir nuevos apoyos de hormigón.

Sin embargo, cada vez que los trabajadores atravesaban las capas de turba, el agua inundaba las excavaciones. Bombearla podía desestabilizar aún más el terreno y provocar nuevos asentamientos. En marzo de 1906, Fox planteó una solución extraordinaria para la época: enviar a un buzo al interior de los pozos inundados y construir allí una base suficientemente resistente para permitir el resto de los trabajos.

Cinco años colocando sacos sin poder ver sus propias manos

Una catedral de 900 años estaba a punto de derrumbarse. La salvó un hombre que trabajó cinco años bajo el agua y completamente a oscuras
William Walker, el buzo que ayudó a salvar la catedral de Winchester, junto a un asistente que prepara su pesado equipo de inmersión. El traje completo pesaba unos 90 kilos y le permitía trabajar bajo los cimientos inundados del edificio a comienzos del siglo XX. © Hampshire Record Office, HPP5/1/31. Fotografía histórica difundida como postal por C. E. S. Beloe.

El elegido fue William Walker, un buzo profesional que había trabajado en instalaciones portuarias y obras submarinas. Llegó a Winchester en abril de 1906 junto con otro especialista, Rayfield, aunque después del primer año quedó a cargo de las tareas subacuáticas. El trabajo consistía en descender hasta las excavaciones inundadas, retirar restos de madera podrida y turba, y colocar sacos de cemento hidráulico sobre un estrato de grava resistente.

La Sociedad Americana de Cerámica explica que el material podía endurecer bajo el agua, formando una base sobre la que posteriormente se construirían los nuevos apoyos. Walker descendía equipado con una pesada escafandra y un traje alimentado con aire desde la superficie. El agua estaba tan cargada de barro que prácticamente no podía distinguir lo que tenía delante.

Trabajaba habitualmente en dos turnos de cuatro horas, pasando alrededor de seis horas diarias sumergido. A lo largo de cinco años y medio colocó aproximadamente 25.800 sacos, guiándose principalmente por el tacto. No era una tarea improvisada ni completamente individual. Unos 150 trabajadores participaron en la restauración, transportando materiales, asegurando las excavaciones y construyendo los refuerzos necesarios. Pero el trabajo de Walker resultó indispensable para que los demás pudieran intervenir sin poner en peligro el edificio.

La catedral sigue en pie y todavía recuerda a quien la salvó

Una catedral de 900 años estaba a punto de derrumbarse. La salvó un hombre que trabajó cinco años bajo el agua y completamente a oscuras
William Walker desciende por una escalera hacia las excavaciones inundadas bajo la catedral de Winchester, en una fotografía de 1910. Durante más de cinco años trabajó a varios metros de profundidad para estabilizar los cimientos del edificio medieval. © Getty Images / Topical Press Agency / Hulton Archive.

Una vez consolidados los fondos de las excavaciones, los trabajadores pudieron retirar el agua y completar los refuerzos. La intervención incluyó decenas de miles de bloques de hormigón y cientos de miles de ladrillos, además de otros trabajos destinados a estabilizar la estructura.

En 1912, la catedral celebró una ceremonia de agradecimiento por la finalización de las obras. El rey Jorge V también reconoció la contribución de Walker, cuya historia comenzaba a difundirse por todo el país. Sin embargo, su vida terminó pocos años después. Murió el 30 de octubre de 1918, a los 54 años, durante la pandemia de gripe.

Más de un siglo después, su legado continúa presente. La propia catedral recuerda que, en agosto de 2026, descendientes de Walker visitaron el edificio para conocer los lugares donde había trabajado su antepasado.

La restauración también dejó una enseñanza que sigue vigente: algunos de los mayores logros de la ingeniería no dependen de maquinaria revolucionaria, sino de encontrar una solución adecuada para circunstancias aparentemente imposibles.

Winchester continúa siendo uno de los grandes monumentos medievales de Inglaterra. Y buena parte de su supervivencia se debe a un hombre que pasó miles de horas trabajando bajo tierra, sin apenas luz, colocando los cimientos que los visitantes nunca llegarán a ver.

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