En enero de 2026, una tormenta azotó la costa antártica con vientos de hasta 130 kilómetros por hora. Cuando los científicos de una estación alemana pudieron salir a inspeccionar los daños, descubrieron que había desaparecido algo mucho más grande que cualquier equipo: un fragmento de hielo de medio kilómetro de longitud. Y sobre él viajaban siete contenedores que nunca debieron terminar en el océano.
Lo que comenzó como un incidente logístico se convirtió rápidamente en un problema ambiental. Entre la carga había residuos, equipos de trabajo y un depósito con 9.500 litros de diésel ártico. El iceberg fue localizado días después a más de 100 kilómetros de la estación, pero los intentos de recuperar su contenido terminaron siendo insuficientes. Meses después, las autoridades alemanas consideran probable que los contenedores hayan terminado en el fondo del mar de Weddell.
Un puerto de hielo, una tormenta y siete contenedores desaparecidos

Todo ocurrió cerca de Neumayer III, una base científica que Alemania mantiene desde 2009 sobre la plataforma de hielo Ekström. Según explica el Instituto Alfred Wegener, las instalaciones funcionan durante todo el año y constituyen uno de los principales centros de investigación del país en la Antártida. A mediados de enero, el personal había trasladado siete contenedores hasta un puerto temporal situado sobre el hielo, a unos 18 kilómetros de la estación. Un barco debía recoger los residuos acumulados y transportar materiales fuera del continente.
Cuatro contenedores almacenaban residuos no peligrosos, otro contenía un generador y combustible, uno funcionaba como refugio para los trabajadores y el último transportaba aproximadamente 9.500 litros de diésel. Cuando fueron colocados, no se observaron grietas que indicaran un riesgo inmediato. Sin embargo, entre el 13 y el 20 de enero, una intensa tormenta provocó la fractura de la plataforma.
El 21 de enero, los equipos descubrieron que una sección de hielo de unos 500 metros de largo por 300 de ancho se había desprendido y navegaba a la deriva con toda la carga encima. De acuerdo con el informe alemán presentado ante la Reunión Consultiva del Tratado Antártico, recogido por ABC News, los siete contenedores permanecían sobre el enorme bloque flotante.
El rompehielos encontró la carga, pero rescatarla era demasiado peligroso
La tripulación del rompehielos alemán Polarstern consiguió localizar el iceberg aproximadamente 140 kilómetros al sureste del puerto de Neumayer. La embarcación interrumpió sus investigaciones científicas y se dirigió hacia la zona para estudiar una posible operación de rescate. El análisis glaciológico reveló que el bloque tenía unos 81 metros de espesor, de los cuales 15 sobresalían por encima del agua. Algunas partes ofrecían suficiente estabilidad para permitir el aterrizaje de equipos mediante helicópteros.
Los investigadores consiguieron recuperar casi una tonelada de material, incluidos tres bidones con alrededor de 580 litros de diésel, baterías y bombonas de gas. Sin embargo, la situación empeoraba conforme avanzaba el tiempo. El iceberg podía fracturarse nuevamente y poner en peligro a las personas encargadas de recuperar los contenedores.
El 25 de enero se suspendieron las operaciones. Según la documentación difundida por las autoridades alemanas, el resto de la carga quedó abandonado sobre el hielo. La última observación satelital confirmada del iceberg se produjo el 22 de febrero. Las autoridades consideran probable que se fragmentara poco después y que los contenedores se hundieran. Sin embargo, no existe una constatación directa de su posición final en el fondo marino.
Miles de litros de combustible podrían haber terminado en el océano

La principal preocupación es el combustible. Los responsables del informe alemán consideran probable que el contenedor de diésel resultara dañado al caer al agua o durante su descenso hacia el fondo marino, permitiendo que parte de su contenido escapara. Aunque el diésel ártico es más ligero y volátil que otros combustibles pesados, las temperaturas extremadamente bajas de la región dificultan su degradación biológica.
Esto significa que los hidrocarburos podrían permanecer durante más tiempo en el ambiente, aunque todavía no se puede determinar con precisión cuánto combustible se liberó ni qué efectos concretos produjo sobre el ecosistema.
El incidente también plantea una contradicción para la investigación antártica. El Sistema del Tratado Antártico establece estrictas obligaciones de protección ambiental, incluida la gestión de los residuos generados por las actividades humanas. Sin embargo, las mismas condiciones naturales que hacen del continente un laboratorio científico extraordinario complican enormemente sus operaciones logísticas.
El Instituto Alfred Wegener ha anunciado cambios para evitar episodios similares. Entre las medidas previstas figura almacenar los contenedores a una distancia mínima de cinco kilómetros del borde de la plataforma, además de ampliar los estudios sobre el espesor y la estabilidad del hielo. El episodio ocurrió en enero y sus consecuencias fueron comunicadas públicamente meses después, por lo que no se trata de un iceberg que haya desaparecido esta semana.
Lo inquietante es que una operación destinada precisamente a retirar residuos de uno de los lugares más protegidos del planeta terminó dejando una carga potencialmente contaminante en el océano. Y, a diferencia de los contenedores que se perdieron, determinar su impacto ambiental podría llevar mucho más tiempo.