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Ciencia

Una condesa del siglo XVII se ató los dientes con hilo de oro para no perderlos. Cuatro siglos después, los escáneres revelaron que el costoso remedio probablemente empeoró su boca

Anne d’Alègre sufría una periodontitis avanzada y recurrió a una solución extraordinaria: alambres de oro para sujetar sus dientes y una prótesis tallada en marfil de elefante. El tratamiento preservó su sonrisa durante años, pero también refleja hasta dónde podía llegar una aristócrata para proteger su posición social.
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Cuando unos arqueólogos abrieron un ataúd de plomo durante las excavaciones del castillo de Laval, en el noroeste de Francia, encontraron el cuerpo excepcionalmente conservado de una mujer que llevaba más de 350 años muerta. Había sido embalsamada, pero lo que más llamó la atención no estaba en su ropa ni en el féretro: una extraña estructura metálica recorría sus dientes.

El hallazgo ocurrió en 1988. Las herramientas disponibles entonces no permitieron averiguar exactamente qué era ni por qué alguien se había sometido a semejante intervención. La respuesta tardaría 35 años en llegar.

Murió en 1619 con los dientes todavía unidos por un alambre que los arqueólogos no pudieron explicar durante décadas

Una condesa del siglo XVII se ató los dientes con hilo de oro para no perderlos. Cuatro siglos después, los escáneres revelaron que el costoso remedio probablemente empeoró su boca
© Colleter et al., J. Archaeol. Sci. Rep. , 2023.

La mujer era Anne d’Alègre, condesa de Laval, una aristócrata protestante nacida alrededor de 1565. Su fe hizo que las autoridades religiosas rechazaran su entierro en la necrópolis tradicional de los condes de Laval. Terminó sepultada en la capilla del castillo, donde murió a los 54 años con una dentadura tan sofisticada como deteriorada.

Para resolver el misterio, un equipo de arqueólogos y odontólogos examinó los restos mediante tomografía computarizada de haz cónico, conocida como CBCT, y escaneo intraoral en 3D. Estas tecnologías permitieron observar el interior de la mandíbula, reconstruir digitalmente la dentadura y estudiar daños que no podían distinguirse a simple vista.

El análisis publicado en 2023 reveló que la condesa sufría una periodontitis avanzada. La enfermedad había destruido parte de los tejidos que sujetaban los dientes, provocando que varios se moviesen y pudieran terminar desprendiéndose.

Su solución fue sujetar los dientes con oro y reemplazar una incisiva perdida con una pieza de marfil de elefante

Una condesa del siglo XVII se ató los dientes con hilo de oro para no perderlos. Cuatro siglos después, los escáneres revelaron que el costoso remedio probablemente empeoró su boca
© Museo Le Chronographe.

Anne d’Alègre utilizaba un alambre de oro de aproximadamente 0,4 milímetros de diámetro para mantener unidos algunos dientes. El sistema rodeaba varias piezas y, en determinados puntos, atravesaba pequeños orificios realizados directamente en ellas. También había perdido una incisiva central, reemplazada por una prótesis tallada probablemente en marfil de elefante. El material resulta especialmente llamativo porque en aquella época era más habitual utilizar marfil de hipopótamo para fabricar dientes artificiales.

Las marcas de desgaste demostraron que la prótesis fue utilizada durante años y no colocada después de su muerte. También se encontraron rastros de oro sobre numerosos dientes, señal de que la estructura fue reparada y reajustada en varias ocasiones.

El tratamiento exigía apretar periódicamente los alambres. Eso podía mantener las piezas en su sitio temporalmente, pero también ejercía presión sobre los dientes vecinos y aumentaba su inestabilidad. Rozenn Colleter, principal autora del estudio, explicó que aquella intervención terminó empeorando la situación que pretendía solucionar.

No era solamente una cuestión de salud: perder los dientes podía poner en peligro su imagen y hasta su posición social

Una condesa del siglo XVII se ató los dientes con hilo de oro para no perderlos. Cuatro siglos después, los escáneres revelaron que el costoso remedio probablemente empeoró su boca
© Colleter et al., J. Archaeol. Sci. Rep. , 2023.

La condesa no soportó este tratamiento únicamente para poder comer. En la sociedad aristocrática del siglo XVII, la apariencia se relacionaba con la moral, la credibilidad y el rango social, especialmente en el caso de las mujeres.

El cirujano francés Ambroise Paré, contemporáneo de Anne, llegó a asociar la pérdida de dientes y la deformación del rostro con un habla indigna. Para una mujer dos veces viuda, protestante y enfrentada a importantes adversarios políticos y religiosos, conservar su sonrisa podía convertirse en una herramienta de supervivencia pública.

Los investigadores también observaron un desgaste compatible con bruxismo. Aunque no pueden saber con certeza qué lo provocó, plantean que podría estar relacionado con el estrés acumulado tras las guerras religiosas, sus dos viudeces y la muerte en batalla de su único hijo. El oro no curó la enfermedad de Anne d’Alègre. Le permitió, en cambio, ocultar durante años sus consecuencias. Su dentadura se convirtió así en algo más que una rareza médica: es el registro de una época en la que una sonrisa podía ser tan importante como un título nobiliario.

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