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Ciencia

Llevamos décadas buscando la primera luna fuera del Sistema Solar. Un equipo liderado desde Latinoamérica acaba de encontrar un candidato tan extraño que nadie sabe si llamarlo luna o planeta

Un bamboleo casi imperceptible en una enana marrón ha delatado un objeto con una masa cercana a la de Júpiter y una órbita de 170 días. Podría ser la evidencia más sólida de una exoluna, aunque el sistema desafía casi todas las definiciones astronómicas disponibles.
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Conocemos más de 6.000 exoplanetas, pero todavía no existe una detección de una luna fuera del Sistema Solar aceptada sin discusión. No parece lógico que nuestro vecindario sea el único lugar con satélites naturales. El problema es que encontrarlos a decenas o cientos de años luz resulta extraordinariamente difícil.

Un equipo internacional liderado por investigadores de la Universidad Diego Portales y el Núcleo Milenio YEMS, en Chile, acaba de presentar uno de los candidatos más convincentes hasta el momento. No pudieron fotografiarlo directamente. Lo encontraron gracias a un pequeño bamboleo gravitacional en el sistema CD-35 2722.

Los astrónomos no pudieron ver el supuesto satélite, pero su gravedad dejó una huella repetida cada 170 días

Llevamos décadas buscando la primera luna fuera del Sistema Solar. Un equipo liderado desde Chile acaba de encontrar un candidato tan extraño que nadie sabe si llamarlo luna o planeta
CD-35 2722 es la estrella situada en el centro. Ni la enana marrón ni su posible satélite pueden distinguirse en esta imagen debido al resplandor. © ESO/Digitized Sky Survey 2.

CD-35 2722 es una estrella con aproximadamente la mitad de la masa del Sol. A su alrededor orbita CD-35 2722 B, una enana marrón unas 37 veces más masiva que Júpiter. Estos objetos ocupan una incómoda zona intermedia: son demasiado grandes para clasificarse fácilmente como planetas, pero no poseen masa suficiente para mantener la fusión de hidrógeno propia de las estrellas.

Entre octubre de 2023 y febrero de 2026, los científicos observaron la enana marrón con CRIRES+, un espectrógrafo infrarrojo instalado en el Very Large Telescope del Observatorio Europeo Austral en Chile. Tras descartar las mediciones de menor calidad, analizaron 23 observaciones de alta precisión.

Los datos revelaron una oscilación periódica. Cuando un objeto orbita otro, ambos giran realmente alrededor de un centro de masas compartido. El cuerpo más pequeño produce así un ligero bamboleo en el mayor, que alternativamente se acerca y se aleja de la Tierra. Ese movimiento altera su luz mediante el efecto Doppler y puede medirse a través de su velocidad radial. En este caso, el patrón se repetía aproximadamente cada 170 días.

El objeto tiene casi la masa de Júpiter y completa una extraña órbita alrededor de algo que tampoco es un planeta

Llevamos décadas buscando la primera luna fuera del Sistema Solar. Un equipo liderado desde Chile acaba de encontrar un candidato tan extraño que nadie sabe si llamarlo luna o planeta
El posible satélite aparece junto a la enana marrón, mientras que la estrella principal se encuentra al fondo. © ESO/M. Kornmesser.

El modelo publicado en Nature apunta a un objeto con una masa mínima cercana al 90% de la de Júpiter. La cifra real podría ser mayor, ya que los astrónomos todavía desconocen la inclinación exacta de su órbita.

Los investigadores estudiaron explicaciones alternativas. Los datos también permiten plantear la presencia de dos satélites con periodos de aproximadamente 170 y 87 días, cerca de una resonancia orbital 2:1. Sin embargo, las simulaciones indican que la mayoría de esas configuraciones serían inestables. La explicación preferida es un único cuerpo recorriendo una órbita moderadamente excéntrica.

El candidato representa alrededor del 2,5% de la masa de la enana marrón. Es una proporción enorme comparada con las lunas del Sistema Solar y refuerza la idea de que podría haberse formado de una manera distinta.

Lo tiene casi todo para ser la primera exoluna confirmada. El problema es que no orbita un planeta

Una luna suele entenderse como un satélite natural que gira alrededor de un planeta. Este objeto cumple una parte de esa descripción: no orbita directamente una estrella, sino un cuerpo que, a su vez, gira alrededor de una. Sin embargo, su anfitrión es una enana marrón y el propio candidato tiene suficiente masa como para parecer un planeta gaseoso.

La Unión Astronómica Internacional no dispone de una definición formal de “exoluna” capaz de resolver este caso. Por eso, los autores utilizan el término más prudente de “exosatélite”. Alice Zurlo, directora de YEMS, lo describe como la primera detección plausible de un satélite fuera del Sistema Solar.

Todavía serán necesarias más observaciones para comprobar que la señal persiste, precisar su masa y reconstruir la órbita. El futuro Extremely Large Telescope de 39 metros, actualmente en construcción en Chile, también permitirá buscar objetos mucho más pequeños.

Puede que CD-35 2722 no esconda la primera exoluna en el sentido tradicional. Lo que sí ha demostrado es algo quizá más interesante: fuera del Sistema Solar existen arquitecturas para las que todavía no hemos inventado nombres adecuados.

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