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Ciencia

Una cueva de Australia conserva 25.000 años de plantas quemadas por los ancestros GunaiKurnai

Un análisis microscópico realizado en Cloggs Cave, en el sureste de Australia, reveló que los ancestros del pueblo GunaiKurnai llevaron deliberadamente plantas al interior de la cueva y las quemaron durante miles de años. El hallazgo aporta una extraordinaria ventana a prácticas culturales que podrían extenderse a lo largo de unas mil generaciones.
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Una cueva utilizada durante 25.000 años

En el territorio tradicional de los GunaiKurnai, en el estado australiano de Victoria, existe una cueva que conserva un registro arqueológico excepcional.

Cloggs Cave ha sido visitada por seres humanos desde hace al menos 25.000 años, pero no parece haber funcionado como un lugar habitual para vivir. Su interior profundo, oscuro y apartado presenta evidencias de actividades muy específicas relacionadas con plantas y fuego.

Un nuevo estudio publicado en Frontiers in Environmental Archaeology analizó los diminutos restos vegetales conservados en sus sedimentos y encontró una señal difícil de explicar como un fenómeno natural.

Los investigadores identificaron fitolitos, microscópicas estructuras de sílice producidas dentro de los tejidos de las plantas que pueden sobrevivir miles de años después de que el vegetal original desaparezca.

Una cueva de Australia conserva 25.000 años de plantas quemadas por los ancestros GunaiKurnai
© Gunaikurnai Land and Waters Aboriginal Corporation – Youtube.

Las plantas fueron llevadas allí deliberadamente

Dentro de la cueva no crecen plantas por falta de luz, por lo que los fitolitos tuvieron que llegar desde el exterior.

Algunos podrían haber sido transportados por animales, como los possums, pero los investigadores encontraron una evidencia mucho más reveladora: una parte de los fitolitos estaba quemada o incluso parcialmente fundida.

Eso indica que las plantas fueron introducidas por personas y posteriormente quemadas dentro de Cloggs Cave.

Hasta el 97% de los fitolitos encontrados en determinadas muestras pertenecía a distintas especies de gramíneas, mientras que las plantas leñosas y otras hierbas eran mucho menos frecuentes. Además, aparecieron restos procedentes de raíces, tallos, hojas y flores, lo que indica que probablemente se transportaban plantas completas.

La selección tampoco parece haber sido aleatoria. Los habitantes evitaban muchas de las especies disponibles en los bosques cercanos y escogían determinadas hierbas que crecían alrededor de la cueva.

73 capas de ceniza y una misteriosa piedra

Una de las zonas excavadas conserva 73 finísimas capas de ceniza, acumuladas aproximadamente entre hace 4.400 y 1.600 años.

Esas sucesivas capas muestran que las quemas se repitieron durante un período extraordinariamente prolongado.

En medio de ellas apareció además una pequeña piedra colocada verticalmente de unos 28 centímetros de altura, instalada deliberadamente hace unos 2.000 años. Alrededor de ella existían depósitos de ceniza producto de fuegos de baja intensidad.

El hallazgo resulta especialmente significativo porque las tradiciones GunaiKurnai y documentos etnográficos del siglo XIX describen cuevas utilizadas por los mulla-mullung, personas con conocimientos espirituales que practicaban rituales relacionados con magia, curación y otras ceremonias.

Un vínculo extraordinario con los ancestros

Los investigadores son cuidadosos al interpretar los resultados. Los fitolitos demuestran que las personas llevaron y quemaron plantas en la cueva durante buena parte de los últimos 25.000 años, pero no permiten afirmar que exactamente el mismo ritual se mantuviera sin cambios durante todo ese período.

Sin embargo, la combinación de cenizas, plantas seleccionadas, pequeñas hogueras, la piedra erguida y el conocimiento cultural GunaiKurnai ofrece una evidencia excepcional de la importancia espiritual de este lugar.

Cloggs Cave conserva así algo mucho más difícil de encontrar que herramientas o huesos: rastros microscópicos de comportamientos culturales transmitidos durante cientos de generaciones.

Y cada pequeña partícula de sílice encontrada entre sus sedimentos ayuda a reconstruir una relación entre personas, plantas y territorio que comenzó cuando todavía transcurría la última Edad de Hielo.

Fuente: Investigacion y Desarrollo.

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