En 1920, mientras cazaba en su campo de la granja Hoba West, cerca de Grootfontein, en el norte de Namibia, el agricultor Jacobus Hermanus Brits se topó con una roca oscura que le llamó la atención. Según su propio relato, conservado hoy en el Museo de Grootfontein: se sentó sobre la piedra, notó que solo se veía su parte superior rodeada de suelo calcáreo, la rasguñó con un cuchillo y descubrió un brillo metálico debajo de la superficie. Cortó un fragmento y lo llevó a las oficinas de la compañía local, donde confirmaron que se trataba de un meteorito, según recoge la Sociedad Mineralógica de Washington. Al excavar alrededor, el equipo descubrió que lo que se veía era apenas una fracción mínima de una masa mucho más grande.
Por qué nunca se movió de ahí

El meteorito Hoba, como terminó llamándose por el nombre de la granja, pesa alrededor de 60 toneladas, aunque se estima que originalmente llegó a pesar hasta 66 toneladas antes de que la erosión, la extracción de muestras científicas y algunos cazadores de souvenirs le fueran quitando fragmentos a lo largo de las décadas. Su tamaño y peso lo volvieron directamente imposible de trasladar con la tecnología disponible en la época, así que quedó exactamente en el mismo lugar donde cayó del cielo, algo que sigue siendo así hasta el día de hoy.
Un meteorito sin cráter
Uno de los detalles más intrigantes del Hoba es que, pese a su enorme masa, no generó ningún cráter de impacto visible. La explicación más aceptada tiene que ver con su forma: se trata de una losa prácticamente plana, de unos 2,7 por 2,7 metros y apenas 0,9 metros de espesor, lo que sugiere que entró a la atmósfera sin rotar y cayó como un disco horizontal, un ángulo de entrada que habría frenado buena parte de su velocidad antes del impacto y evitado la formación de un cráter propiamente dicho. Los científicos calculan que el impacto ocurrió hace menos de 80.000 años, aunque algunas estimaciones amplían ese rango hasta los 300.000 años.
De qué está hecho

El Hoba está clasificado como un meteorito de hierro de tipo ataxita, dentro del grupo químico IVB. Su composición ronda el 84% de hierro y el 16% de níquel, con trazas de cobalto, una aleación metálica extremadamente resistente a la corrosión, lo que explica en parte por qué se conservó tan bien pese a llevar milenios expuesto a la intemperie namibia. Es, según su propia definición, el trozo natural de hierro más grande jamás encontrado sobre la superficie terrestre.
De objeto científico a monumento nacional
El gobierno de Sudáfrica, que administraba el territorio de Namibia en ese momento bajo el nombre de África del Sudoeste, declaró al Hoba monumento nacional en 1955 para protegerlo del vandalismo. En 1987, el propietario de la granja donó el terreno donde se encuentra el meteorito al Estado, lo que permitió convertirlo en un sitio turístico organizado, con un anfiteatro de bancos de concreto construido alrededor de la pieza para que los visitantes puedan observarla de cerca.
No es el único gigante, pero sigue siendo el más grande
El Hoba encabeza la lista de los meteoritos individuales más pesados jamás hallados, seguido de lejos por fragmentos como Gancedo (30,8 toneladas) y El Chaco (28,8 toneladas), ambos parte del campo de meteoritos de Campo del Cielo, en Argentina, y por un fragmento de 31 toneladas del meteorito Cape York, en Groenlandia. Ningún otro meteorito individual descubierto hasta ahora logró superar, ni de cerca, la masa de la losa de hierro que un agricultor namibio encontró por casualidad mientras cazaba en su propio campo, hace ya más de un siglo.