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Ciencia

Una estrella brillante de Andrómeda se apagó en silencio y nadie vio una supernova. La pista más clara hasta ahora de un nacimiento de agujero negro “sin explosión”

Los astrónomos llevan décadas buscando el momento exacto en el que una estrella muere y se convierte en un agujero negro. Ahora, una desaparición progresiva observada en nuestra galaxia vecina sugiere que algunas estrellas colapsan sin fuegos artificiales, cambiando lo que creíamos saber sobre su final.
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Hay muertes estelares que iluminan medio universo. Y luego están las que ocurren casi en silencio. En la galaxia de Andrómeda, una de las estrellas más brillantes del vecindario cósmico de la Vía Láctea se fue apagando poco a poco hasta desaparecer. No hubo una supernova que delatara su final. No hubo un destello dramático. Lo que quedó fue un rastro infrarrojo tenue y una sospecha inquietante: podría haberse formado un agujero negro ante los ojos de los astrónomos, sin los fuegos artificiales que solemos asociar al colapso de una estrella masiva.

El fenómeno no se detectó en tiempo real. Apareció al revisar datos de archivo de observatorios infrarrojos y al comparar, años después, imágenes de la misma región del cielo. Donde antes brillaba una estrella comparable, por su luminosidad, a gigantes rojas conocidas como Betelgeuse, ahora solo quedaba un vacío. Y ese vacío no encajaba con el guion clásico de la muerte estelar, explica el estudio publicado en Arxiv.

Cuando una estrella no explota

Una estrella brillante de Andrómeda se apagó en silencio y nadie vio una supernova. La pista más clara hasta ahora de un nacimiento de agujero negro “sin explosión”
© Keith Miller, Caltech/IPAC – SELab.

El relato habitual es sencillo: una estrella masiva agota su combustible nuclear, su núcleo colapsa y el rebote genera una supernova que expulsa las capas externas al espacio. El remanente acaba siendo una estrella de neutrones o un agujero negro. El problema es que este caso parece haber seguido otro camino. La estrella se iluminó ligeramente en infrarrojo, luego se fue atenuando de forma progresiva durante años y, finalmente, desapareció sin que ningún telescopio registrara una explosión violenta.

Este tipo de colapso silencioso encaja con una hipótesis que llevaba tiempo rondando en la teoría, pero con pocas pruebas observacionales: algunas estrellas podrían “fallar” en su intento de supernova. En lugar de estallar, su núcleo se hunde directamente en un agujero negro, mientras las capas externas caen hacia dentro o quedan atrapadas en un entorno de polvo y gas.

Lo que aún se puede ver de un objeto que ya no está

Aunque la estrella ya no es visible en luz óptica, los astrónomos siguen detectando un tenue resplandor infrarrojo en su ubicación. No es la estrella. Es el material que quedó alrededor del objeto recién nacido. Ese polvo y gas se mueve demasiado rápido como para caer directamente en el agujero negro: forma un disco que se va drenando poco a poco, como el remolino que se forma antes de que el agua desaparezca por un desagüe.

Ese resplandor es, en la práctica, el único rastro observable del evento. El agujero negro en sí es demasiado pequeño y distante para ser “fotografiado” directamente, incluso con las técnicas más avanzadas de interferometría. Lo que se ve es el eco térmico de un colapso que ocurrió en silencio.

Un golpe a nuestras estadísticas cósmicas

Una estrella brillante de Andrómeda se apagó en silencio y nadie vio una supernova. La pista más clara hasta ahora de un nacimiento de agujero negro “sin explosión”
© X-ray: NASA/CXO/UMass/Z. Li & Q.D. Wang, ESA/XMM-Newton; Infrared: NASA/JPL-Caltech/WISE, Spitzer, NASA/JPL-Caltech/K. Gordon (U. Az), ESA/Herschel, ESA/Planck, NASA/IRAS, NASA/COBE; Radio: NSF/GBT/WSRT/IRAM/C. Clark (STScI); Ultraviolet: NASA/JPL-Caltech/GALEX; Optical: Andromeda, Unexpected © Marcel Drechsler, Xavier Strottner, Yann Sainty & J. Sahner, T. Kottary. Composite image processing: L. Frattare, K. Arcand, J.Major.

El detalle más inquietante no es solo el modo en que murió esta estrella, sino su tamaño. No era un monstruo extremo en términos estelares. Si objetos relativamente “modestos” pueden acabar como agujeros negros sin supernova, el número total de estos objetos en el universo podría ser mucho mayor de lo que se pensaba.

Eso cambia la forma en que entendemos la demografía del cosmos. Los agujeros negros dejarían de ser, en parte, el residuo espectacular de explosiones visibles y pasarían a incluir una población oculta, nacida sin señales claras. Un cementerio invisible de estrellas que se apagan sin anunciar su final.

Buscar muertes silenciosas en lugar de explosiones

El caso también sugiere una nueva estrategia de búsqueda. En vez de vigilar miles de millones de estrellas esperando ver cuál explota, los astrónomos pueden rastrear pequeñas llamaradas infrarrojas seguidas de un apagón progresivo. Esos destellos podrían ser el preludio de un colapso silencioso. Una especie de aviso de que algo grande está a punto de desaparecer.

Si este patrón se confirma en más objetos, estaríamos ante una nueva ventana para observar uno de los procesos más extremos del universo: el nacimiento de un agujero negro sin supernova. No es la imagen épica de una estrella que estalla y deja una nube de escombros brillando durante meses. Es algo más inquietante: una luz que se apaga lentamente, dejando atrás una ausencia que, paradójicamente, dice mucho más sobre cómo mueren las estrellas cuando nadie las ve explotar.

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