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Ciencia

Un científico brasileño cree haber encontrado una trayectoria capaz de reducir drásticamente los viajes a Marte. El supuesto “atajo” permitiría ir y volver del planeta rojo en apenas cinco meses

Las misiones tripuladas a Marte siempre estuvieron limitadas por trayectorias largas y ventanas orbitales que obligan a esperar años para regresar a la Tierra. Pero un nuevo estudio plantea una ruta completamente distinta descubierta a partir de una órbita errónea de un asteroide, una configuración que podría cambiar la forma en que pensamos los viajes interplanetarios.
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Viajar a Marte siempre sonó cercano en teoría y absurdamente lejano en la práctica. En los mapas del sistema solar, el planeta rojo aparece como nuestro vecino cósmico más accesible. Pero cuando entra en juego la física orbital, la historia cambia por completo. Incluso con la tecnología actual, una misión tripulada podría extenderse cerca de tres años entre el viaje de ida, la espera obligatoria en Marte y el regreso a la Tierra. Y el problema no es únicamente la distancia.

La verdadera dificultad es que Marte y la Tierra nunca están quietos. Ambos orbitan constantemente alrededor del Sol, lo que obliga a esperar ventanas específicas de alineación para que las trayectorias sean viables energéticamente. Si una nave llega fuera del momento correcto, la tripulación puede quedar atrapada durante muchos meses esperando el regreso.

Por eso un nuevo estudio acaba de llamar tanto la atención dentro de la comunidad espacial: propone una trayectoria teórica capaz de completar una misión de ida y vuelta a Marte en apenas 153 días. Menos de cinco meses. Y lo más increíble es que la idea apareció gracias a un error.

Todo comenzó con la órbita equivocada de un asteroide

Un científico brasileño cree haber encontrado una trayectoria capaz de reducir drásticamente los viajes a Marte. El supuesto “atajo” permitiría ir y volver del planeta rojo en apenas cinco meses
© SpaceX.

El responsable del estudio es Marcelo de Oliveira Souza, cosmólogo de la Universidad Estatal del Norte de Río de Janeiro. En 2015, mientras analizaba asteroides cercanos a la Tierra, Souza detectó algo extraño en las primeras estimaciones orbitales del objeto 2001 CA21.

La trayectoria preliminar mostraba una configuración muy poco habitual. El asteroide parecía desplazarse en un plano inclinado apenas cinco grados respecto a las órbitas de la Tierra y Marte, acercándose de manera sorprendentemente eficiente a ambos recorridos planetarios.

El detalle importante es que esos cálculos estaban mal. A medida que se recopilaron nuevas observaciones, la órbita real del asteroide fue refinada y aquella configuración inicial quedó descartada. En condiciones normales, la historia habría terminado ahí. Pero Souza vio algo distinto.

Aunque la órbita fuera incorrecta desde el punto de vista astronómico, la geometría seguía siendo matemáticamente interesante. Parecía dibujar una especie de corredor orbital extremadamente rápido entre ambos planetas. Y decidió comprobar hasta dónde podía llegar esa idea.

El gran enemigo de los viajes espaciales no siempre es la velocidad

Cuando pensamos en explorar Marte solemos imaginar motores gigantescos, combustibles futuristas o tecnologías de ciencia ficción. Pero en realidad, la exploración interplanetaria depende muchísimo de las trayectorias. Una ruta bien calculada puede ahorrar meses de viaje y enormes cantidades de energía. Una mala configuración orbital, en cambio, vuelve una misión prácticamente imposible.

Para analizar la viabilidad del supuesto “atajo”, Souza utilizó el análisis de Lambert, uno de los métodos clásicos empleados para calcular trayectorias espaciales entre dos puntos. Luego limitó las posibles rutas a un margen orbital similar al observado inicialmente en el 2001 CA21.

Después analizó distintas oposiciones de Marte, esos momentos en los que la Tierra y el planeta rojo quedan relativamente alineados y más cerca entre sí. Y ahí apareció algo inesperado.

Solo una ventana orbital parecía funcionar: la de 2031

Tras estudiar las configuraciones previstas para 2027, 2029 y 2031, el escenario realmente prometedor apareció únicamente en este último año. Según el estudio publicado en Acta Astronautica, una nave podría despegar de la Tierra el 20 de abril de 2031 y llegar a Marte apenas 33 días después.

Treinta y tres días.

La diferencia es enorme si se compara con los viajes actuales estimados, que suelen requerir entre cinco y once meses solo para la ida. Después de permanecer aproximadamente un mes en la superficie marciana, la tripulación emprendería el regreso y aterrizaría nuevamente en la Tierra el 20 de septiembre.

Toda la misión duraría 153 días.

La segunda variante calculada por Souza es menos extrema y energéticamente más razonable, aunque igualmente impresionante: alrededor de 226 días en total.

El problema es que esta ruta exige velocidades brutales

Un científico brasileño cree haber encontrado una trayectoria capaz de reducir drásticamente los viajes a Marte. El supuesto “atajo” permitiría ir y volver del planeta rojo en apenas cinco meses
© Marcelo de Oliveira Souza, Acta Astronautica (2026).

La propuesta no rompe ninguna ley física conocida. Pero sí lleva las exigencias técnicas a niveles muy altos. La trayectoria más rápida necesitaría velocidades cercanas a los 27 kilómetros por segundo.

Para ponerlo en contexto, New Horizons (la sonda lanzada hacia Plutón en 2006) alcanzó unos 16 kilómetros por segundo, convirtiéndose en una de las misiones más veloces jamás enviadas por la humanidad.

Souza cree que futuros sistemas como Starship de SpaceX o New Glenn de Blue Origin podrían acercarse eventualmente a las capacidades necesarias para intentar trayectorias similares.

Aun así, estamos muy lejos de tener una misión aprobada o siquiera planificada en torno a esta idea. El estudio sigue siendo completamente teórico y depende de muchísimos factores: masa de la nave, protección contra radiación cósmica, eficiencia de motores, capacidad de frenado en Marte y viabilidad energética real.

Lo más fascinante quizá no sea el viaje. Sino el origen del descubrimiento

Hay algo especialmente llamativo en toda esta historia. Durante décadas, las órbitas preliminares de asteroides sirvieron principalmente para evaluar riesgos de impacto contra la Tierra. Cuando nuevas observaciones corregían esos cálculos, las trayectorias antiguas simplemente quedaban archivadas y olvidadas.

Ahora aparece una posibilidad completamente distinta: que esos “errores orbitales” puedan esconder rutas útiles para la exploración espacial. Es una idea casi poética. Como si el sistema solar estuviera lleno de caminos invisibles que nadie había observado porque aparecieron dentro de cálculos considerados incorrectos.

Y quizá esa sea la parte más interesante del estudio. No necesariamente que vayamos a llegar a Marte en 33 días dentro de pocos años, sino que todavía seguimos descubriendo nuevas formas de movernos por el sistema solar… incluso dentro de los errores matemáticos que creíamos descartados.

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