Las leyes del universo no se rompieron, pero sí dejaron una pregunta incómoda sobre la mesa. En una galaxia relativamente cercana en términos cósmicos, los telescopios detectaron algo que parecía una sentencia definitiva: una estrella acercándose demasiado a un agujero negro supermasivo y siendo desgarrada por su gravedad.
Ese tipo de evento se conoce como disrupción por marea, o TDE por sus siglas en inglés. La escena suele tener un final brutal: el agujero negro arranca material de la estrella, parte de ese gas cae hacia el centro y el resto sale despedido, produciendo una llamarada brillante que puede durar semanas o meses. Según la Universidad de Tel Aviv, estos eventos son una de las formas en que los astrónomos estudian agujeros negros que normalmente permanecen invisibles.
Pero AT 2022dbl hizo algo extraño. Después de una primera llamarada en 2022, volvió a brillar casi de la misma manera unos 700 días más tarde. No parecía una casualidad, ni una segunda estrella cayendo en el mismo lugar, ni un truco de lente gravitacional. Parecía la misma estrella regresando al punto más peligroso de su órbita.
El enigma de AT 2022dbl: una doble señal desde el vacío

Todo comenzó con una intensa llamarada detectada en 2022 en el centro de la galaxia WISEA J122045.05+493304.7. El objeto también aparece identificado como ASASSN-22ci, y su galaxia anfitriona está a un corrimiento al rojo de 0,0284, equivalente a unos 125 megapársecs, alrededor de 408 millones de años luz.
Dos años después, el mismo punto volvió a encenderse. Y ahí empezó el problema. Según el trabajo liderado por Lydia Makrygianni, de Lancaster University, junto a Iair Arcavi y otros colaboradores, AT 2022dbl mostró una repetición casi idéntica 700 días después de la primera llamarada. El estudio fue publicado en The Astrophysical Journal Letters en 2025.
La explicación más fuerte es que ambas señales estén relacionadas con la misma estrella. De acuerdo con AAS Nova, el equipo descartó que se tratara de dos disrupciones independientes, de un efecto de lente gravitacional o de un sistema binario oculto produciendo señales separadas. La opción más probable es más extraña: una estrella sobrevivió al primer encuentro y volvió a pasar cerca del agujero negro.
Una estrella que no muere: el fenómeno de la disrupción parcial
El caso desafía la imagen más simple de los eventos de disrupción por marea. En el modelo clásico, una estrella se acerca demasiado a un agujero negro supermasivo y queda destruida. Pero también existe una posibilidad más matizada: que el agujero negro solo le arranque parte de su material y deje intacto el núcleo estelar.
A eso se lo conoce como disrupción parcial. Según el artículo de Makrygianni y sus colegas, AT 2022dbl sugiere que al menos algunas llamaradas ópticas y ultravioletas consideradas “estándar” podrían no ser destrucciones completas, sino episodios parciales donde la estrella sobrevive y queda atrapada en una órbita extrema.
El estudio plantea que la primera llamarada representa, como mínimo, una disrupción parcial. La segunda podría haber sido otra disrupción parcial o la destrucción final de la estrella. La única forma clara de distinguir entre esas opciones será observar si aparece una tercera llamarada. Tal como explica la Universidad de Tel Aviv, Arcavi señaló que la pregunta ahora es si el sistema volverá a brillar “después de dos años más”, en 2026.
Ese detalle convierte a AT 2022dbl en una especie de cita astronómica marcada en el calendario. Si vuelve a encenderse, no sería solo una repetición curiosa: sería una señal de que la estrella siguió viva después del segundo encuentro.
Un nuevo paradigma: consecuencias y lo que puede venir

La importancia del caso no está únicamente en una estrella especialmente desafortunada. Está en lo que puede revelar sobre toda una familia de fenómenos. Durante la última década, los astrónomos han detectado una clase de TDE ópticos y ultravioletas cuyas propiedades no encajan del todo con las predicciones teóricas. Según AAS Nova, estos eventos suelen ser menos energéticos de lo esperado, y AT 2022dbl podría ofrecer una explicación: algunos quizá no sean destrucciones completas, sino mordidas repetidas.
El propio artículo científico plantea dos posibilidades fuertes. O bien toda esa clase de eventos ópticos-ultravioletas corresponde a disrupciones parciales, o bien una parte de ellos lo es y se parece mucho a las disrupciones completas. En cualquiera de los dos casos, habría que revisar cómo se interpretan sus emisiones, sus tasas esperadas y lo que dicen sobre los agujeros negros supermasivos.
También aparece una idea dinámica interesante: el mecanismo de Hills. En términos simples, este proceso puede ocurrir cuando un sistema binario de estrellas pasa cerca de un agujero negro supermasivo. Una estrella puede salir expulsada a gran velocidad y la otra quedar capturada en una órbita muy excéntrica. El estudio menciona esa vía como una posibilidad para explicar cómo una estrella terminó atrapada en una trayectoria capaz de producir encuentros repetidos.
La galaxia anfitriona también suma una pista. El evento ocurrió en una galaxia quiescente con rasgos Balmer-strong, un tipo de entorno que ya se ha asociado con otros TDE. No es una prueba definitiva, pero refuerza la idea de que ciertos tipos de galaxias podrían favorecer estas escenas extremas.
2026: el año que podría cambiar la historia de la astronomía
La comunidad científica ya tiene una prueba sencilla, aunque no fácil: mirar el mismo punto del cielo y esperar. Si AT 2022dbl vuelve a brillar en 2026, el caso se convertiría en una confirmación mucho más fuerte de una disrupción parcial repetida. Si no lo hace, la segunda llamarada podría haber sido el último encuentro de la estrella con el agujero negro.
El trabajo publicado en 2024 sobre “la estrella más desafortunada” ya anticipaba que un tercer destello permitiría verificar pronto la naturaleza repetida del evento, justamente por su período orbital corto.
Por eso, lo de 2026 no es una predicción apocalíptica ni una fecha mágica. Es algo más interesante: una oportunidad de observar una hipótesis casi en tiempo real. En astronomía, donde muchos procesos duran millones de años, tener que esperar apenas dos años para comprobar si una estrella sobrevivió a un agujero negro es casi un lujo.
Si la luz vuelve a aparecer desde ese mismo rincón del universo, la historia será difícil de ignorar. No porque una estrella haya vencido a un agujero negro, sino porque quizá aprendimos a mirar mal la escena. Tal vez algunos destellos que parecían finales eran apenas capítulos. Y tal vez, en el borde de un agujero negro, ciertas estrellas no mueren de una vez: regresan, pierden otra parte de sí mismas y vuelven a intentarlo hasta que el abismo termina el trabajo.