Una mandíbula revela por primera vez la descomunal cantidad de radiación que absorbieron las víctimas de la bomba de Hiroshima

Imagen: CC

El 6 de agosto de 1945 Estados Unidos lanzó la bomba atómica Little Boy. Menos de un minuto después explotó expandiéndose sobre gran parte de Hiroshima. Cerca de 350.000 personas estaban en la ciudad japonesa ese día, y la mayoría eran civiles. Ahora se ha descubierto la radiación que absorbieron.

Varias décadas después, un científico de Harvard llegó a Japón con una idea innovadora. El físico Sergio Mascarenhas decía que la exposición a la radiación hace que el hueso humano sea magnético, y que la “memoria magnética” existía en los huesos de las víctimas del bombardeo atómico años después de la explosión. De esta forma, podrían medir la exposición a la radiación examinando los huesos de las víctimas.

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Mascarenhas obtuvo varias muestras, incluida una mandíbula que pertenecía a una persona que estaba a menos de un kilómetro de distancia de la Zona Cero. En 1973 se publicaba un artículo del físico donde estimaba la cantidad de radiación presente en los huesos, aunque no se pudieron lograr cálculos específicos con la tecnología de los años setenta.

Mascarenhas acabó regresando a Brasil, su país natal, y guardó las muestras durante las siguientes cuatro décadas, hasta que otros dos investigadores brasileños continuaron su investigación utilizando tecnología más avanzada. El resultado fue asombroso. 

Imagen: Mandíbula analizada (Public Library of Science)

A través de la técnica llamada resonancia electrónica de espín, midieron que la mandíbula había absorbido 9,46 grays de radiación del ataque a Hiroshima. En este punto vale la pena pararse un segundo. ¿Por qué midieron en grays y no en sievert?

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Un gray es la unidad utilizada para medir la cantidad bruta de radiación absorbida por el tejido vivo (equivalente a julios de energía por kilogramo). El sievert, por el contrario es la unidad que mide la dosis de radiación equivalente corregida por los posibles efectos biológicos producidos. ¿Diferencias? El Sievert mide el riesgo para la salud modificado por el tipo de radiación y el tipo de tejido que la recibe. El gray mide la radiación física absorbida. No se puede hacer una conversión directa universal entre ambos.

Para situar el nivel de radiación que encontraron en contexto pensemos que un paciente con cáncer que recibe tratamiento de radioterapia está expuesto a alrededor de 2 a 3 grays en una parte muy localizada del cuerpo donde se encuentra un tumor. La radiación de todo el cuerpo con unos 5 grays, casi la mitad de la cantidad calculada en la mandíbula, es suficiente para matar a una persona.

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Imagen: Hiroshima tras la bomba (Wikimedia Commons)

Cuentan los investigadores brasileños que esta es la primera vez que los huesos se utilizan para medir con precisión la cantidad de radiación absorbida por las víctimas del bombardeo atómico. Según su trabajo:

Muchos documentos se han ocupado de la reconstrucción de la dosis de radiación recibida durante los accidentes radiológicos. Sin embargo, las muestras analizadas en este trabajo tienen un importante valor histórico porque pertenecen a víctimas mortales del primer y único momento de la historia en que se utilizaron armas nucleares contra objetivos civiles. 

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Para la investigación, basada en los hallazgos anteriores de Mascarenhas, utilizaron la muestra que se había almacenado en una caja en un laboratorio. Primero se lavó y se secó, y una parte de la muestra se trituró con un mortero. Los investigadores expusieron varias porciones de la misma a ciertas cantidades de radiación.

Imagen: Wikimedia Commons
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A través de un espectrómetro y una combinación de diferentes técnicas, calcularon la cantidad de radiación a la que estuvo expuesta la víctima de Hiroshima. Según los investigadores:

Cuando uno se imagina todos los procesos involucrados en un episodio como este, había muchas dudas sobre la posibilidad de usar esta metodología para determinar la dosis de radiación depositada en estas muestras. El estudio demuestra que se puede y que permite abrir varias posibilidades para el trabajo futuro que pueda analizar detalles de este ataque nuclear que se pueden aclarar con la determinación de estas dosis.

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Por cierto, el trabajo no ha terminado. Según explicó Angela Kinoshita, la investigadora principal, el equipo está avaluando otra metodología que es aproximadamente mil veces más sensible que la resonancia de espín, una que podría ofrecer unos resultados todavía más ajustados a la terrible y devastadora realidad de 1945. [The Washington Post]

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Miguel Jorge

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