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Una nueva herida se abre en el Etna: una boca eruptiva a baja altitud lanza lava hacia zonas habitadas

El volcán Etna ha vuelto a recordar por qué es uno de los sistemas volcánicos más vigilados del planeta. En la madrugada de este 31 de diciembre, una nueva boca eruptiva se abrió de forma repentina en el flanco oriental del volcán, a una altitud inferior a los 2.000 metros. Desde ese punto, una colada de lava bien alimentada comenzó a descender con claridad hacia cotas más bajas, siendo visible desde numerosas poblaciones del este de Sicilia.

Aunque por el momento no existe una amenaza directa para las localidades cercanas, la altitud a la que se ha abierto la fractura preocupa especialmente a los vulcanólogos.

Una erupción lateral en una zona sensible

La nueva fisura se sitúa ligeramente por debajo de los 2.000 metros, mientras que el frente de lava ya ha alcanzado aproximadamente los 1.500 metros de altitud, avanzando en dirección al Valle del Bove, una depresión natural que históricamente ha actuado como “canal de seguridad” para muchas coladas del Etna.

A diferencia de las erupciones de cumbre —que suelen producirse por encima de los 3.300 metros y afectan a zonas deshabitadas—, las erupciones laterales se consideran mucho más peligrosas. El motivo es sencillo: nacen más cerca de pueblos, infraestructuras y áreas agrícolas, lo que reduce drásticamente el margen de reacción si la lava toma una dirección desfavorable.

Por qué estas erupciones son más difíciles de gestionar

Las erupciones laterales del Etna suelen ser menos predecibles que las de cumbre. La apertura de fracturas a baja altitud puede producirse sin señales precursoras claras y dar lugar a flujos rápidos, capaces de avanzar varios cientos de metros en pocas horas.

Además del avance de la lava, este tipo de episodios puede ir acompañado de actividad explosiva moderada, con emisión de cenizas, lapilli y escorias que afectan a áreas más extensas. Esto puede provocar problemas de visibilidad, interrupciones del tráfico y episodios de contaminación del aire, incluso lejos del foco eruptivo.

Vigilancia clave en los próximos días

Los científicos seguirán con atención la evolución de la fractura y del suministro de magma. Si el flujo se mantiene activo durante varios días, el frente de lava podría ganar volumen y velocidad, aumentando el riesgo de superar las barreras naturales del Valle del Bove.

Municipios como Milo o Zafferana Etnea se encuentran entre los puntos que más atención reciben por parte de los servicios de protección civil, aunque por ahora no se han activado medidas extraordinarias.

El peso de la historia volcánica

El Etna ha demostrado en el pasado el potencial destructivo de este tipo de erupciones. La histórica erupción de 1669 llegó a destruir parte de Catania, mientras que los episodios de 2001 y 2002-2003 causaron importantes daños en infraestructuras y actividades económicas.

Por ahora, la situación permanece bajo control. Sin embargo, la baja altitud de la nueva boca eruptiva convierte este episodio en uno de esos eventos que obligan a mantener la máxima vigilancia. En el Etna, cada fisura nueva es una incógnita, y su evolución en las próximas horas será decisiva para evaluar el riesgo real para las zonas habitadas del flanco oriental.

Fuente: Meteored.

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