Una caída, un golpe contra el interior de una nave o una lesión durante una caminata lunar pueden convertirse en un problema mucho más grave cuando el hospital más cercano se encuentra a cientos de miles de kilómetros. Hasta ahora, los astronautas han dependido principalmente de equipos de ultrasonido para observar el interior del cuerpo, pero esa tecnología no siempre es la opción más adecuada para identificar fracturas o examinar determinadas estructuras.
Un experimento realizado durante la misión privada Fram2 ha demostrado que una alternativa habitual en cualquier hospital terrestre también puede funcionar en órbita. Una tripulación sin formación médica especializada utilizó un sistema portátil para obtener las primeras radiografías humanas realizadas en el espacio, según indica un estudio publicado en la revista Radiology.
Las imágenes no alcanzaron exactamente la misma calidad que las obtenidas antes del vuelo, especialmente por las dificultades para colocar correctamente al paciente en microgravedad. Aun así, tres radiólogos independientes determinaron que todas eran suficientemente claras para efectuar un diagnóstico. El resultado convierte a la radiografía portátil en una candidata para complementar al ultrasonido durante futuras expediciones a la Luna o, eventualmente, a Marte.
Cuatro horas de entrenamiento antes de abandonar la Tierra

La prueba formó parte de Fram2, la primera misión tripulada que siguió una órbita polar alrededor de la Tierra. La cápsula Crew Dragon despegó el 31 de marzo de 2025 y permaneció aproximadamente tres días y 14 horas a una altitud de entre 425 y 450 kilómetros.
Los investigadores no diseñaron una máquina completamente nueva. El denominado sistema SpaceXray estaba formado por componentes digitales portátiles disponibles comercialmente, adaptados y sometidos a pruebas para comprobar que podían soportar el lanzamiento, la microgravedad, el regreso atmosférico y el amerizaje.
Antes de la misión, personal de SpaceX recibió dos horas de preparación por parte de los fabricantes y posteriormente entrenó a los astronautas durante dos sesiones que sumaron cuatro horas. La formación incluía el manejo del generador, la colocación del detector y el posicionamiento de la persona examinada.
Tres de los cuatro integrantes aceptaron participar en el estudio, aunque las limitaciones de tiempo permitieron radiografiar en órbita únicamente a dos. Durante dos sesiones, la tripulación guardó siete imágenes médicas correspondientes a una mano, un antebrazo, el tórax, el abdomen y la pelvis. También fotografió mediante rayos X un dispositivo de control y un reloj inteligente para comprobar si la tecnología servía para examinar objetos.
La primera imagen de la mano rindió además un pequeño homenaje histórico. Wilhelm Röntgen realizó en 1895 una de las primeras radiografías humanas fotografiando la mano de su esposa, que llevaba puesto un anillo. La tripulación de Fram2 repitió la composición aproximadamente 130 años después, pero mientras viajaba alrededor del planeta.
Las imágenes eran diagnósticas, aunque colocar al paciente fue complicado
Los investigadores compararon las siete radiografías tomadas en órbita con imágenes equivalentes obtenidas antes del despegue. Tres especialistas, que desconocían cuáles pertenecían a cada momento, evaluaron su calidad general, resolución espacial, contraste y posicionamiento mediante una escala de cinco puntos.
Todas las imágenes espaciales recibieron una puntuación mínima de tres, el umbral considerado suficiente para el diagnóstico. El análisis no encontró diferencias significativas en la calidad general, la resolución espacial o el contraste respecto a las radiografías terrestres.
El principal problema apareció al intentar mantener alineados el paciente, el generador y el detector. Las imágenes del tórax, el abdomen y la pelvis mostraron un posicionamiento inferior al conseguido en la Tierra. En microgravedad, tanto la persona examinada como el instrumental tienden a desplazarse, y el equipo no disponía de soportes específicamente diseñados para fijarlo al interior de la cápsula.
Los astronautas tuvieron que sujetar algunos componentes con las manos, apoyarlos contra la nave y utilizar cierres de velcro. Tras regresar, recomendaron incorporar abrazaderas y puntos de anclaje más sencillos. Pese a esas dificultades, las radiografías conservaron suficiente información para revelar posibles fracturas y otras anomalías anatómicas visibles mediante este tipo de examen.
El experimento no demuestra todavía que cualquier tripulación pueda diagnosticar por sí sola una emergencia médica. Las imágenes fueron interpretadas en la Tierra por especialistas y el estudio no probó el sistema con un astronauta herido, inconsciente o incapaz de colaborar. Los investigadores consideran necesario desarrollar asistencia automática, protocolos específicos y herramientas capaces de advertir cuando una imagen está mal colocada antes de repetir la exposición.
La radiación añadida estuvo dentro de los valores clínicos habituales

Llevar rayos X al espacio introduce una preocupación evidente. Los astronautas ya están expuestos a una radiación ambiental superior a la de la superficie terrestre, especialmente en una órbita polar como la recorrida por Fram2.
El equipo calculó que cada participante recibió entre 0,3 y 2,7 milisieverts procedentes de las radiografías, según el número y el tipo de imágenes realizadas. Esos valores se encuentran dentro del rango asociado a procedimientos clínicos habituales en la Tierra. La exposición dispersa recibida por los demás ocupantes de la cápsula fue mucho menor.
El aparato también sobrevivió al viaje. Tras el amerizaje presentaba algunos protectores doblados y una pieza de plástico rota en el colimador, pero el generador, el detector y la calidad de las imágenes continuaban funcionando con normalidad.
No solo serviría para encontrar huesos rotos en la Luna
Las aplicaciones van más allá de la medicina. La radiografía del reloj permitió distinguir componentes internos de tamaño inferior a un milímetro. Una versión futura podría examinar las capas de un traje espacial, localizar desperfectos en dispositivos electrónicos o comprobar estructuras que no pueden desmontarse durante una misión.
Para viajar a la Luna todavía será necesario reducir el tamaño, reforzar el sistema y facilitar su fijación. También habrá que establecer cuándo resulta justificable realizar una radiografía y cómo interpretar cambios anatómicos producidos por la microgravedad.
La tecnología, sin embargo, ya ha superado su primera prueba decisiva. Una máquina comercial sobrevivió al lanzamiento y permitió que personas sin experiencia médica obtuviesen imágenes diagnósticas a cientos de kilómetros de la Tierra. El mismo avance podría beneficiar a comunidades rurales, zonas afectadas por catástrofes y equipos de rescate donde acceder a un hospital resulta difícil. La medicina espacial, una vez más, puede terminar resolviendo problemas mucho más cercanos.