La mayor parte de la superficie de la Tierra se formó mediante procesos que ocurren en las profundidades de los océanos. Allí, enormes cadenas montañosas submarinas separan lentamente las placas tectónicas y permiten que el magma ascienda desde el interior del planeta.
Este mecanismo, conocido como expansión del fondo oceánico, se conoce desde hace décadas. Sin embargo, casi siempre se había estudiado a través de sus huellas geológicas, una vez que el proceso ya había terminado. Ahora, un equipo internacional logró registrar directamente uno de estos episodios mientras estaba ocurriendo.
El evento comenzó el 26 de abril de 2024 en la Dorsal Sureste del Índico, cerca de la isla de Ámsterdam. Durante los días siguientes, el suelo marino se hundió hasta 4,2 metros, se separó horizontalmente más de un metro y recibió alrededor de 160 millones de metros cúbicos de magma. Los resultados fueron publicados en la revista Nature.
La Tierra creó nuevo suelo oceánico en 16 días
Las dorsales oceánicas son grandes cordilleras submarinas situadas en los límites donde dos placas tectónicas se alejan. Cuando esto ocurre, el magma del manto asciende por las fracturas, se enfría al entrar en contacto con el agua y se convierte en nueva corteza.
Habitualmente, este movimiento avanza unos pocos centímetros por año. En el episodio del océano Índico, sin embargo, gran parte de la expansión acumulada durante décadas ocurrió en menos de tres semanas.
Los instrumentos registraron primero una serie de pequeños terremotos que se desplazaron rápidamente a lo largo del eje de la dorsal. A medida que el magma avanzaba dentro de la corteza, abrió una fractura vertical conocida como dique y empujó lateralmente los bloques de roca.
Durante las primeras 16 horas, algunos puntos del suelo oceánico llegaron a moverse a una velocidad media cercana a los cinco centímetros por minuto. El desplazamiento fue aproximadamente un millón de veces más rápido que el ritmo medio de expansión de esa zona.

El fondo marino descendió más de cuatro metros
El ascenso del magma no solo separó las placas. También vació parcialmente un depósito situado bajo la dorsal, provocando que el fondo del valle submarino colapsara.
Las mediciones mostraron un hundimiento máximo de unos 4,2 metros y una apertura horizontal superior al metro. A través de las nuevas fracturas emergió suficiente lava como para formar una extensa capa de roca volcánica sobre el lecho oceánico.
Los científicos calculan que el volumen expulsado alcanzó aproximadamente los 160 millones de metros cúbicos. La lava caliente entró en contacto con el agua y produjo miles de señales acústicas que fueron detectadas por los instrumentos instalados en la zona.
El episodio completo duró unos 16 días y generó en ese breve intervalo una separación comparable con la que normalmente se acumularía durante cerca de 40 años.
Gran parte del movimiento ocurrió sin terremotos
Uno de los resultados más importantes fue comprobar que la mayoría del desplazamiento no produjo terremotos detectables.
Según el modelo elaborado por los investigadores, únicamente alrededor de una cuarta parte del movimiento de las fallas estuvo acompañado por actividad sísmica. El resto se habría producido mediante un deslizamiento más lento y silencioso, impulsado por la presión del magma dentro de la corteza.
Este comportamiento podría ayudar a explicar por qué muchas fallas situadas en dorsales oceánicas muestran menos terremotos de los esperados. Aunque desplazan enormes cantidades de roca a lo largo del tiempo, una parte importante del movimiento puede ocurrir de forma aseísmica.
La investigación también muestra que el magmatismo y las fallas no actúan como procesos separados. La apertura del dique modificó las tensiones de toda la región y provocó prácticamente al mismo tiempo el movimiento de las estructuras cercanas.
Los instrumentos estaban en el lugar exacto
La observación fue posible gracias al proyecto OHA-GEODAMS, cuyo nombre corresponde al Observatorio Hidroacústico y Geodésico cercano a la isla de Ámsterdam.
El equipo había instalado los dispositivos a finales de febrero de 2024, apenas dos meses antes del comienzo del evento. La red incluía cinco hidrófonos autónomos, quince instrumentos capaces de medir cambios de distancia entre distintos puntos del fondo oceánico y un sensor de presión para detectar hundimientos o elevaciones.
También se realizaron mapas detallados del relieve submarino antes y después del episodio. La combinación de todos estos datos permitió reconstruir minuto a minuto el movimiento de la corteza, la propagación de los terremotos y el avance del magma.
La expansión oceánica no ocurre de manera continua
El descubrimiento confirma que el fondo marino no siempre se forma mediante un movimiento lento y constante. Las tensiones pueden acumularse durante décadas y liberarse después en episodios muy breves, durante los cuales las placas se separan varios metros y grandes cantidades de magma alcanzan la superficie.
Aunque se habían documentado erupciones submarinas y enjambres sísmicos en otras dorsales, esta es la primera vez que un episodio de expansión fue registrado directamente mediante instrumentos geodésicos colocados sobre el propio fondo oceánico.
La tecnología utilizada podrá aplicarse ahora en otras regiones para comprender mejor cómo se renueva la corteza terrestre y qué relación existe entre el movimiento del magma, las fallas y los terremotos submarinos.
Durante millones de años, este proceso ha abierto océanos y transformado continentes. La diferencia es que, por primera vez, los científicos pudieron observarlo prácticamente en tiempo real.