En 1935, cuando todavía faltaban más de dos décadas para el nacimiento de la NASA y nadie había conseguido enviar a un ser humano al espacio, un ingeniero español trabajaba en un traje capaz de mantener con vida a una persona a 25.000 metros de altura.
Su nombre era Emilio Herrera Linares, un militar, aviador, científico e inventor nacido en Granada en 1879. El dispositivo que estaba desarrollando recibió el nombre de escafandra estratonáutica y estaba pensado para una ambiciosa ascensión en globo hasta las capas superiores de la atmósfera.
El vuelo nunca llegó a realizarse debido al estallido de la Guerra Civil española, pero el traje sobrevivió como uno de los antecedentes técnicos más destacados de la indumentaria espacial moderna. Su diseño incluía soluciones que décadas después serían esenciales para proteger a los astronautas fuera de la Tierra.
De los globos aerostáticos a la aviación
Herrera ingresó con 17 años en la Academia de Ingenieros de Guadalajara, donde comenzó a formarse en matemáticas, física y tecnología militar. Muy pronto se interesó por la aerostación, una disciplina que utilizaba globos y dirigibles tanto para la observación científica como para operaciones militares.

Sus ascensiones no eran simples aventuras. Durante los vuelos estudiaba la presión atmosférica, las temperaturas extremas y el comportamiento de los materiales en altura. En 1905 participó desde un globo en la observación de un eclipse solar, una experiencia que reforzó su interés por explorar las regiones superiores de la atmósfera.
También tuvo un papel destacado en los primeros años de la aviación española. Participó en vuelos de larga distancia, impulsó la investigación aeronáutica y promovió la creación del Laboratorio Aerodinámico de Cuatro Vientos, uno de los principales centros científicos vinculados al desarrollo de la aviación en España.
Sin embargo, su proyecto más ambicioso no consistía únicamente en volar más lejos, sino en llegar más alto de lo que ningún ser humano podía soportar sin protección.
Un traje pensado para sobrevivir en la estratósfera
A unos 20.000 o 25.000 metros de altitud, la presión atmosférica es demasiado baja para que una persona pueda respirar con normalidad. Las temperaturas pueden descender varias decenas de grados bajo cero y la falta de oxígeno puede causar la pérdida de conciencia en cuestión de segundos.
Para resolver estos problemas, Herrera diseñó una escafandra completamente presurizada. El traje incorporaba un casco hermético, suministro autónomo de oxígeno, sistemas para eliminar el dióxido de carbono y materiales capaces de aislar al piloto del frío extremo.
Una de sus innovaciones más importantes estaba en las articulaciones. Presurizar un traje provoca que este tienda a volverse rígido, lo que dificulta mover brazos y piernas. Herrera ideó un sistema de pliegues y uniones que permitía conservar cierta movilidad sin perder presión, el mismo desafío que más tarde tendrían que resolver los ingenieros de los trajes espaciales.
La escafandra también estaba equipada con micrófono, instrumentos de medición y varias capas de tejido, caucho y material metálico. Su objetivo era soportar presiones extremadamente bajas y temperaturas que podían rondar los 70 grados bajo cero.
El vuelo que nunca pudo despegar
Herrera planeaba utilizar el traje durante una ascensión científica en un globo de barquilla abierta. El objetivo era alcanzar aproximadamente 25.000 metros para estudiar la radiación cósmica y recoger datos sobre la atmósfera terrestre.
El lanzamiento estaba previsto para 1936, pero el comienzo de la Guerra Civil española paralizó el proyecto. La fabricación del globo y los preparativos quedaron interrumpidos, mientras que el propio Herrera pasó a desempeñar responsabilidades dentro de la aviación republicana.
Tras la derrota de la República se exilió en Francia, donde continuó trabajando en investigaciones científicas y tecnológicas. También ocupó entre 1960 y 1962 la presidencia del Gobierno de la República española en el exilio. Murió en Ginebra el 13 de septiembre de 1967.
¿Fue realmente el primer traje espacial?
La escafandra de Herrera fue creada para volar dentro de la atmósfera, no para caminar sobre la Luna. Por eso, definirla directamente como “el primer traje espacial” puede resultar impreciso. En aquellos mismos años, otros pioneros como el aviador estadounidense Wiley Post también desarrollaron trajes presurizados para vuelos a gran altitud.
Sin embargo, el diseño español reunió muchas de las características que posteriormente serían indispensables para las misiones espaciales: presión interna, respiración autónoma, protección térmica, comunicaciones y movilidad articulada.
Por ese motivo, instituciones como la Universidad Politécnica de Madrid, el Instituto Cervantes y la Real Academia de Ingeniería lo reconocen como uno de los principales precursores de los trajes aeroespaciales modernos. En mayo de 2026, una réplica de la escafandra fue depositada en la Caja de las Letras del Instituto Cervantes como homenaje a su legado científico.
Emilio Herrera no llegó al espacio ni pudo probar personalmente su invento. Aun así, imaginó muchas de las soluciones necesarias para sobrevivir allí cuando la llegada del ser humano a la Luna todavía parecía una fantasía. Su historia demuestra que la carrera espacial comenzó mucho antes de los primeros cohetes y que uno de sus pasos más importantes se dio en un laboratorio español.