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Tecnología

La paradoja de la IA en el trabajo: quienes la usan a diario están más comprometidos, pero sienten que producen menos

La inteligencia artificial ya forma parte del trabajo cotidiano de millones de personas, pero sus efectos no son tan sencillos como prometían las empresas. Un estudio internacional revela que los usuarios diarios están menos estresados y más comprometidos, aunque tienen cuatro veces más probabilidades de sentir que podrían rendir mejor.
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La inteligencia artificial llegó a las empresas con una promesa aparentemente sencilla: automatizar las tareas repetitivas, ahorrar tiempo y permitir que los trabajadores produzcan más. En España, esa transformación avanza rápidamente. El 41% de las pequeñas y medianas empresas ya utiliza alguna herramienta de IA en su actividad diaria, según una encuesta realizada por YouGov para IONOS.

Sin embargo, utilizar más tecnología no siempre se traduce en una mayor sensación de rendimiento. El informe global People at Work 2026, elaborado por ADP Research a partir de una encuesta internacional, encontró una llamativa contradicción: quienes recurren a la IA todos los días se sienten más implicados con su empleo, pero también son mucho más propensos a creer que producen menos de lo que podrían.

La IA puede estar aumentando la productividad real y, al mismo tiempo, reduciendo la percepción de autoría, control y mérito personal de quienes trabajan con ella.

Los usuarios diarios están más comprometidos

Entre los empleados que utilizan herramientas de inteligencia artificial diariamente, el 30% afirmó estar plenamente comprometido con su trabajo. Entre quienes nunca las utilizan, ese porcentaje se redujo al 14%. La media mundial se situó en el 19%.

El uso frecuente también coincidió con niveles menores de estrés. Solo el 11% de los usuarios diarios declaró sentirse sobrecargado, frente al 23% de quienes no habían adoptado estas herramientas. Además, los trabajadores familiarizados con la IA tendían a valorar mejor a sus compañeros y a sentirse integrados en equipos más sólidos.

Estos resultados contradicen la idea de que introducir sistemas automatizados necesariamente desconecta a los empleados de sus organizaciones. En algunos casos, eliminar tareas rutinarias puede liberar tiempo para actividades más interesantes y reducir parte de la presión diaria.

El problema aparece cuando se pregunta a esos mismos trabajadores cuánto sienten que están produciendo.

Cuatro veces más probabilidades de sentirse poco productivos

Los usuarios diarios de IA tenían cuatro veces más probabilidades que quienes nunca la utilizaban de afirmar que eran menos productivos de lo que podrían ser. El estudio no midió su producción objetiva, por lo que no permite concluir que realmente trabajaran peor o completaran menos tareas.

Una explicación posible es que la inteligencia artificial acelere el trabajo, pero disminuya la sensación de haberlo realizado personalmente. Cuando un sistema resume documentos, genera un primer borrador, analiza datos o escribe una parte del código, el resultado puede llegar antes, aunque el trabajador perciba que su aportación fue menor.

También existe una curva de aprendizaje. Incorporar una herramienta nueva obliga a revisar resultados, aprender instrucciones, detectar errores y modificar procedimientos que antes ya estaban dominados. Durante esa transición, las personas pueden dedicar más tiempo a gestionar la tecnología que a aprovechar realmente sus ventajas.

La diferencia entre productividad real y productividad percibida se convierte así en una de las grandes paradojas de la automatización.

España acelera la entrada de la IA en sus empresas

La adopción española está avanzando especialmente rápido entre las pymes. El estudio de IONOS señala que el 30% ya utiliza inteligencia artificial para automatizar procesos internos, mientras que otro 30% la aplica en programación y optimización técnica. También se emplea en marketing, análisis de datos, atención al cliente y creación de contenidos.

La investigación encuestó a unos 4.000 responsables de empresas de hasta 250 trabajadores en cinco países europeos, incluidos 514 participantes españoles. El 73% de los responsables consultados en España describió de manera positiva la incorporación de esta tecnología.

Esto no significa que la implantación sea sencilla. Comprar una herramienta no transforma automáticamente una organización. Para conseguir mejoras reales, las empresas deben formar a sus empleados, rediseñar procesos y dejar claro en qué tareas la IA aporta valor y en cuáles añade pasos innecesarios.

El temor a perder empleos todavía no se ha cumplido a gran escala

El impacto laboral de la inteligencia artificial sigue siendo incierto. Un análisis del Banco Central Europeo sostiene que, por el momento, sus efectos sobre el empleo agregado son limitados. En la Unión Europea, las empresas que adoptan estas tecnologías han mostrado aumentos de productividad sin sustituir trabajadores de forma generalizada a corto plazo. Las compañías que más invierten en IA también parecen más propensas a contratar personal adicional.

Eso no elimina los riesgos para determinadas profesiones. El BCE ha encontrado señales de menor crecimiento en ocupaciones estadounidenses con una alta exposición a la sustitución, especialmente entre trabajadores jóvenes y puestos de entrada. El impacto puede ser pequeño en el conjunto del mercado y, al mismo tiempo, considerable para algunos grupos concretos.

En España, Funcas calcula que entre 1,7 y 2,3 millones de empleos podrían experimentar procesos de sustitución hasta 2035. Sin embargo, el mismo estudio estima que surgirían alrededor de 1,61 millones de nuevas ocupaciones y que entre 2,8 y 3,5 millones de trabajadores aumentarían su productividad gracias a la complementariedad con estas herramientas.

La IA no mejora el trabajo por sí sola

Los datos muestran que la discusión no puede limitarse a cuántas tareas completa una persona por hora. La inteligencia artificial también modifica la autonomía, la confianza profesional y la sensación de controlar el resultado final.

Un trabajador puede terminar antes, sufrir menos estrés y sentirse más conectado con su equipo, pero al mismo tiempo considerar que su propia contribución vale menos. Esa percepción puede terminar afectando su motivación, incluso cuando las estadísticas de productividad de la empresa mejoren.

El verdadero desafío no consiste únicamente en incorporar herramientas, sino en integrarlas de una manera que permita a las personas conservar el conocimiento, la capacidad de decisión y la responsabilidad sobre su trabajo. La IA puede actuar como un buen compañero, pero solo cuando el empleado sigue sintiendo que ocupa un lugar indispensable dentro del equipo.

 

 

Fuente: Xataka.

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