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Ciencia

Una tumba permaneció oculta durante 4.300 años en Egipto: lo que encontraron dentro desconcertó a los arqueólogos

Una misión hispano-egipcia encontró un monumento funerario excepcional cuyos relieves, colores y singular arquitectura revelan una sorprendente historia de poder, familia y ascenso social.
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Bajo la arena de una de las necrópolis más famosas de Egipto, una estructura rectangular llevaba más de cuatro milenios guardando algo más que restos funerarios. Sus paredes conservaban escenas de trabajo, animales, ofrendas y antiguos rituales. Sin embargo, el detalle que más sorprendió a los arqueólogos no estaba únicamente en sus relieves, sino en la manera en que fue diseñada.

El descubrimiento fue realizado por una misión de la Universidad Autónoma de Barcelona y el Consejo Supremo de Antigüedades de Egipto. El equipo trabajaba en un sector de Saqqara que, pese a haber sido identificado durante el siglo XIX, todavía no había sido explorado de manera exhaustiva.

Allí apareció una mastaba de finales de la V dinastía, construida hace aproximadamente 4.300 años. A diferencia de otras tumbas de la época, el monumento contiene dos capillas funerarias contiguas. Cada una pertenecía a un miembro diferente de una misma familia.

El Egipto eterno también fue saqueado. Durante siglos, los ladrones de tumbas vencieron al ingenio de los faraones y al miedo a los dioses
© Pexels – AXP Photography.

Dos hombres unidos en el camino hacia el Más Allá

La tumba fue levantada durante el reinado del faraón Djedkare Isesi, quien gobernó Egipto entre los siglos XXV y XXIV a. C. Su propietario principal era Yunmen, un funcionario que había alcanzado una posición destacada dentro de la administración central.

Entre sus responsabilidades se encontraba escuchar las apelaciones de los habitantes del reino y evaluar sus reclamos ante el Estado. Esta tarea estaba relacionada con la Maat, el principio fundamental que representaba la verdad, la justicia y el orden para los antiguos egipcios.

Pero Yunmen no reservó el monumento exclusivamente para él. Junto a su capilla mandó construir otra para su padre, Iti, un escriba superior que había trabajado como funcionario provincial, supervisando terrenos agrícolas y ofrendas.

Esta disposición poco habitual podría documentar un caso de movilidad social dentro del Imperio Antiguo. Los investigadores consideran que Iti habría desarrollado su carrera lejos de los centros de poder, mientras que su hijo consiguió acceder a la administración de Menfis, entonces capital del reino.

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© hemro – shutterstock

Yunmen no solo obtuvo un cargo más importante. También pudo ser enterrado en una zona reservada para personas de elevado prestigio. Al incorporar a su padre al complejo, dejó plasmada en piedra la trayectoria ascendente de toda la familia y aseguró que ambos compartieran simbólicamente el viaje hacia el Más Allá.

Los colores que sobrevivieron bajo la arena

El valor del hallazgo no se limita a la historia de sus propietarios. Después de más de cuarenta siglos, parte de la decoración de la tumba conserva un nivel de detalle que impresionó al equipo dirigido por un femoso egiptólogo.

En la capilla de Yunmen aparecen relieves de agricultores trabajando, sirvientes transportando ofrendas y personas participando en ceremonias funerarias. Algunas figuras todavía mantienen restos de su policromía original, una supervivencia excepcional teniendo en cuenta la antigüedad del conjunto.

También se distinguen pequeños animales, incluidos burros representados con especial precisión. En la capilla dedicada a Iti se encontró una puerta falsa, un elemento simbólico que permitía al espíritu del difunto comunicarse con el mundo de los vivos y recibir las ofrendas depositadas en su honor.

Los textos funerarios, aunque responden a fórmulas habituales de la época, parecen haber sido adaptados a los cargos y a la personalidad del propietario. Cervelló destacó tanto el interés científico del monumento como “la emoción de la belleza” que transmiten sus relieves.

Esa combinación convierte a la mastaba en algo más que una estructura funeraria. Es una escena congelada de la vida cotidiana, la organización estatal y las aspiraciones de una familia que vivió cuando las grandes pirámides ya dominaban el paisaje egipcio.

Saqqara no era solamente una ciudad de muertos

La mastaba fue localizada en el llamado Cementerio Mariette, denominado así por el arqueólogo francés Auguste Mariette, quien estudió la zona durante el siglo XIX. El sector, sin embargo, todavía escondía áreas apenas documentadas.

La misión hispano-egipcia decidió investigar el lugar desde una perspectiva diferente. En vez de observar la necrópolis únicamente como una acumulación de tumbas, los especialistas comenzaron a analizar sus calles, plazas, accesos y espacios ceremoniales.

Saqqara tenía una circulación constante de personas. Familiares, sacerdotes, trabajadores y funcionarios recorrían el cementerio para llevar ofrendas, mantener los cultos funerarios y participar en distintas ceremonias. Por eso, comprender cómo se desplazaban permite reconstruir la relación entre los muertos y quienes continuaban visitándolos.

Fue precisamente el análisis de antiguos mapas y del trazado del cementerio lo que condujo al equipo hasta la tumba de Yunmen e Iti. Los investigadores buscaban sepulturas vinculadas con altos sacerdotes cuando detectaron la estructura hasta entonces desconocida.

El hallazgo podría ser solo el comienzo. Cerca de la mastaba aparecieron indicios de otras dos construcciones funerarias que serán investigadas en futuras campañas. Bajo la arena de Saqqara todavía podría permanecer intacta una parte mucho mayor de esta historia.

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