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Ciencia

Universitarios bajo presión: autoestima y coherencia, los mejores antídotos contra la ansiedad

Un estudio andaluz revela que los estudiantes con mayor autoestima y sentido de coherencia afrontan mejor los desafíos académicos y personales de la vida universitaria.
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Una etapa de aprendizaje… y vulnerabilidad emocional

Ingresar en la universidad marca un salto vital: independencia, nuevas amistades y oportunidades profesionales, pero también estrés, autoexigencia y sobrecarga emocional. Diversas investigaciones estiman que entre el 30 % y el 60 % del alumnado universitario presenta síntomas de ansiedad, un dato alarmante que subraya la magnitud del problema.

Según un estudio reciente realizado en Andalucía con 530 estudiantes de entre 18 y 25 años, el 60 % mostró niveles clínicamente relevantes de ansiedad, con prevalencia mayor en mujeres. Los autores encontraron una relación directa: menor autoestima y débil sentido de coherencia (SOC) se traducen en mayor ansiedad.

El SOC —concepto desarrollado por el sociólogo Aaron Antonovsky— mide la capacidad de percibir la vida como comprensible, manejable y significativa, tres pilares que ayudan a convertir el estrés en desafío, no en amenaza.

Cuando el estrés deja de ser útil

Como explica la teoría de Richard Lazarus y Susan Folkman, la ansiedad surge de cómo interpretamos las demandas del entorno, más que de las demandas mismas.
La universidad puede vivirse como un espacio de crecimiento o como una fuente constante de presión. Si el estudiante percibe que las exigencias superan sus recursos, el sistema emocional se desborda y la ansiedad deja de ser adaptativa.

Frente a ello, fortalecer recursos psicológicos protectores —como la autoestima, el sentido de coherencia o el apoyo social— ayuda a mantener el equilibrio entre retos y capacidades.

Universitarios bajo presión: autoestima y coherencia, los mejores antídotos contra la ansiedad
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Autoestima y coherencia: los escudos invisibles del bienestar

Los datos del estudio muestran que los estudiantes con alta autoestima y SOC fuerte presentan menor ansiedad y mayor bienestar.
Ambos rasgos actúan como mecanismos de integración emocional, amortiguando el impacto de los estresores cotidianos y facilitando una interpretación positiva de las dificultades.

A su vez, estos recursos se potencian con una red de apoyo social sólida y relaciones familiares saludables. Cuando el estudiante se siente comprendido, acompañado y capaz de influir en su entorno, las demandas académicas resultan más manejables.

De la prevención a la resiliencia universitaria

Tradicionalmente, las estrategias frente a la ansiedad se enfocaban en el tratamiento del síntoma una vez aparecía. El modelo salutogénico de Antonovsky propone el camino inverso: fortalecer los recursos que promueven la salud y la adaptación antes de que surja el malestar.

Así, las universidades pueden actuar de manera preventiva mediante programas de orientación, mentoría y acompañamiento psicológico, fomentando un entorno basado en valores de respeto, equidad y colaboración.

Universitarios bajo presión: autoestima y coherencia, los mejores antídotos contra la ansiedad
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Otros recursos protectores clave

Además del SOC y la autoestima, los psicólogos destacan otros Recursos Generalizados de Resistencia (GRR) que favorecen el bienestar:

  • Autoeficacia: confianza en las propias capacidades.
  • Optimismo: expectativa positiva ante los desafíos.
  • Resiliencia: capacidad de adaptarse a la adversidad.
  • Habilidades de afrontamiento: estrategias activas para resolver problemas y manejar el estrés.
  • Los recursos externos, como el apoyo de amigos, docentes o grupos universitarios, también desempeñan un papel crucial. Construyen un ecosistema de bienestar donde las emociones se gestionan colectivamente y la salud mental se entiende como un pilar de la sostenibilidad humana.

La vida universitaria seguirá siendo exigente, pero contar con autoestima, coherencia interna y apoyo social puede marcar la diferencia entre sentirse abrumado o fortalecido.
Promover estos valores no solo mejora la salud mental de los estudiantes: también forma profesionales más conscientes, empáticos y resilientes.

 

 

Fuente: TheConversation.

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