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Ciencia

Vientos de 150 km/h y tormentas de polvo globales: así funciona el clima extremo de Marte

La atmósfera marciana es casi cien veces menos densa que la terrestre y está formada principalmente por dióxido de carbono. Aun así, puede generar fuertes vientos, remolinos de polvo y enormes tormentas capaces de envolver prácticamente todo el planeta durante semanas.
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Marte puede parecer un desierto inmóvil y congelado, pero su atmósfera está lejos de ser tranquila. Sobre la superficie del planeta rojo se forman nubes, aparecen remolinos, soplan vientos que pueden alcanzar rachas cercanas a los 150 km/h y, en determinadas épocas, enormes tormentas levantan tal cantidad de polvo que terminan ocultando gran parte del planeta.

Aunque algunos de estos fenómenos recuerdan a los terrestres, las condiciones en las que se producen son completamente diferentes. Marte tiene aproximadamente la mitad del diámetro de la Tierra y apenas un 10% de su masa, por lo que su gravedad equivale a alrededor del 38% de la terrestre. A esto se suma una atmósfera extremadamente tenue, cuya presión media en superficie ronda los 7 hectopascales, frente a unos 1.013 hPa al nivel del mar en nuestro planeta.

Las imágenes obtenidas desde las misiones Viking de los años 70 hasta rovers modernos como Perseverance muestran además otro de los rasgos característicos de Marte: un cielo habitualmente asalmonado por la enorme cantidad de partículas finas de polvo suspendidas en la atmósfera, que también son responsables de sus llamativos atardeceres azulados.

Vientos de 150 km/h y tormentas de polvo globales: así funciona el clima extremo de Marte
© NASA Jet Propulsion Laboratory
– Youtube.

Una atmósfera llena de CO2 que apenas consigue calentar el planeta

Aproximadamente el 96% de la atmósfera marciana está compuesta por dióxido de carbono, mientras que el nitrógeno y el argón representan alrededor de un 2% cada uno. El pequeño porcentaje restante contiene gases como oxígeno molecular, monóxido de carbono y vapor de agua, cuya presencia permite la formación de nubes de hielo, especialmente en las capas altas de la atmósfera.

A pesar de semejante concentración de CO2, Marte no experimenta un efecto invernadero comparable al terrestre porque su atmósfera contiene muy poca materia. El resultado es un planeta extremadamente frío cuya temperatura superficial media ronda los -60 °C, aunque las diferencias entre regiones, estaciones y momentos del día pueden ser enormes.

Durante el verano, cerca del ecuador y a plena luz del día, la superficie puede alcanzar temperaturas próximas a los 20 °C, mientras que durante las noches invernales de las regiones polares puede acercarse a los -150 °C. En conjunto, el efecto invernadero marciano aumentaría la temperatura superficial en apenas unos pocos grados.

Marte puede quedar prácticamente cubierto por una tormenta de polvo

Si existe un fenómeno que define la meteorología marciana son precisamente sus tormentas de polvo. La baja presión atmosférica, combinada con una superficie cubierta por partículas extremadamente finas y fuertes circulaciones de aire, permite que enormes cantidades de material sean levantadas y transportadas durante largas distancias.

Muchas tormentas comienzan de manera local, especialmente cuando las diferencias de temperatura favorecen movimientos intensos de aire, pero algunas pueden expandirse progresivamente hasta cubrir buena parte del planeta. Cuando esto ocurre, Marte queda envuelto por un velo opaco de tonos amarillentos, anaranjados y rosados que dificulta incluso observar desde el espacio accidentes geográficos como cráteres, montañas o valles.

Estas tormentas globales constituyen además un desafío para las misiones espaciales, ya que reducen considerablemente la cantidad de luz solar que alcanza la superficie y pueden afectar a los vehículos que dependen de paneles solares.

Un viento de 150 km/h que apenas sentiríamos como en la Tierra

Marte también registra velocidades de viento que, expresadas en kilómetros por hora, pueden parecer extremas. Las rachas pueden alcanzar alrededor de 150 km/h, pero eso no significa que una persona experimentara allí algo equivalente a un huracán terrestre.

La razón vuelve a estar en la bajísima densidad de la atmósfera. Como el aire marciano contiene muchas menos moléculas, incluso un viento muy rápido ejerce una presión considerablemente menor sobre un objeto que un viento terrestre de la misma velocidad.

Su capacidad para transportar polvo, sin embargo, sigue siendo enorme. En primavera y verano aparecen con frecuencia los llamados diablos de polvo, remolinos similares a las tolvaneras terrestres que recorren la superficie levantando partículas y dejando incluso rastros visibles desde la órbita.

Así, aunque Marte tenga una atmósfera demasiado fina para producir el mismo efecto que nuestros vientos, posee una meteorología sorprendentemente activa. Entre oscilaciones térmicas extremas, remolinos y tormentas capaces de envolver prácticamente un planeta entero, el mundo rojo está muy lejos de ser el desierto estático que aparenta desde la distancia.

 

 

Fuente: Meteored.

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