Durante años se ha repetido que vivir junto al mar mejora la salud y el bienestar. Pero ahora, un amplio estudio lo respalda con datos y va más allá: no solo relaja, también prolonga la vida. Aunque la explicación, como casi siempre, es más compleja que la simple cercanía al agua.
Más costa, más años: lo que muestra el estudio

El análisis fue llevado a cabo en más de 66.000 áreas censales de EE. UU. y arrojó un patrón claro: las personas que viven a menos de 50 kilómetros de la costa tienden a vivir, en promedio, al menos un año más que quienes están lejos del mar.
Mientras tanto, en zonas urbanas cercanas a lagos o ríos interiores de gran tamaño, la tendencia fue la opuesta: la esperanza de vida disminuía. La diferencia entre ambos grupos rondaba el año de vida, con los residentes costeros alcanzando o superando los 80 años, frente a los 78 de los habitantes del interior.
Pero la correlación entre «espacios azules» y longevidad tiene más variables de las que aparenta.
El mar como excusa: lo que realmente podría alargar tu vida

Según el equipo liderado por Jianyong Wu, el efecto del mar sobre la esperanza de vida está mediado por una serie de factores interconectados: mejor calidad del aire, temperaturas más suaves, más oportunidades recreativas, mejores sistemas de transporte… y sí, mayores ingresos.
Porque las zonas costeras, en general, son más caras. Esto podría significar dos cosas: que allí vive gente con mayor poder adquisitivo (lo que se traduce en mejor alimentación, cuidados médicos y calidad de vida), o que el entorno mismo genera empleos mejor remunerados.
Por contraste, muchas áreas urbanas cerca de lagos y ríos interiores están más expuestas a la pobreza, la contaminación y el sedentarismo, lo que impacta directamente en la salud y la longevidad.
Así que sí, vivir cerca del mar ayuda. Pero no por el sonido de las olas o la brisa marina, sino por todo lo que suele venir asociado con ese paisaje. Y eso, quizás, es lo que realmente deberíamos cambiar tierra adentro.