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Ciencia

Vivir cerca del mar alarga la vida, pero el motivo no es tan romántico como crees

Un estudio en EE. UU. revela que quienes viven a menos de 50 kilómetros del océano superan la esperanza de vida media. Sin embargo, los investigadores advierten que la razón no es el sonido de las olas, sino algo mucho más terrenal.
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Durante años se ha repetido que vivir junto al mar mejora la salud y el bienestar. Pero ahora, un amplio estudio lo respalda con datos y va más allá: no solo relaja, también prolonga la vida. Aunque la explicación, como casi siempre, es más compleja que la simple cercanía al agua.

Más costa, más años: lo que muestra el estudio

Vivir junto al mar alarga la vida… pero no por la razón que imaginas
© Unsplash – Julian Schultz.

El análisis fue llevado a cabo en más de 66.000 áreas censales de EE. UU. y arrojó un patrón claro: las personas que viven a menos de 50 kilómetros de la costa tienden a vivir, en promedio, al menos un año más que quienes están lejos del mar.

Mientras tanto, en zonas urbanas cercanas a lagos o ríos interiores de gran tamaño, la tendencia fue la opuesta: la esperanza de vida disminuía. La diferencia entre ambos grupos rondaba el año de vida, con los residentes costeros alcanzando o superando los 80 años, frente a los 78 de los habitantes del interior.

Pero la correlación entre «espacios azules» y longevidad tiene más variables de las que aparenta.

El mar como excusa: lo que realmente podría alargar tu vida

Vivir junto al mar alarga la vida… pero no por la razón que imaginas
© Unsplash – Brama Djabar.

Según el equipo liderado por Jianyong Wu, el efecto del mar sobre la esperanza de vida está mediado por una serie de factores interconectados: mejor calidad del aire, temperaturas más suaves, más oportunidades recreativas, mejores sistemas de transporte… y sí, mayores ingresos.

Porque las zonas costeras, en general, son más caras. Esto podría significar dos cosas: que allí vive gente con mayor poder adquisitivo (lo que se traduce en mejor alimentación, cuidados médicos y calidad de vida), o que el entorno mismo genera empleos mejor remunerados.

Por contraste, muchas áreas urbanas cerca de lagos y ríos interiores están más expuestas a la pobreza, la contaminación y el sedentarismo, lo que impacta directamente en la salud y la longevidad.

Así que sí, vivir cerca del mar ayuda. Pero no por el sonido de las olas o la brisa marina, sino por todo lo que suele venir asociado con ese paisaje. Y eso, quizás, es lo que realmente deberíamos cambiar tierra adentro.

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