En un país tan hermético como Corea del Norte, cualquier apertura al extranjero es un acontecimiento. Ahora, el régimen de Kim Jong Un ha decidido inaugurar su resort costero de Wonsan Kalma, un proyecto que mezcla lujo controlado, propaganda y geopolítica. Con acceso restringido únicamente a rusos adinerados, la experiencia combina hospitalidad medida y un mensaje claro: incluso bajo sanciones, Pyongyang quiere demostrar que puede competir con cualquier destino turístico.
Un lujo hecho a medida… y a medida política
El complejo de Wonsan Kalma nació en 2018 inspirado en destinos como Benidorm, con planes para hoteles, casino, centros comerciales y parque acuático. Sin embargo, gran parte sigue inacabada. Tras la reapertura parcial de fronteras en febrero, el régimen lo utilizó para estrechar lazos con Moscú: los primeros huéspedes fueron 13 turistas rusos, coincidiendo con la visita del ministro de Exteriores Serguéi Lavrov, recibido personalmente por Kim Jong Un.

Playas vacías, personal atento y precios dispares
El viaje incluyó tres días en Pyongyang antes de un traslado en tren de diez horas a la costa. Ya en Wonsan, los visitantes encontraron playas exclusivas para extranjeros, servicio personalizado y curiosidades como cervezas a 60 céntimos o maquetas de misiles por 465 dólares. Algunas actividades eran gratuitas, al no haberse fijado tarifas, y los pagos se realizaban solo en divisas fuertes.
Entre propaganda y control
El resort funciona como escaparate del régimen. Durante la estancia, la llegada de Lavrov llenó el lugar de norcoreanos de élite, identificables por su ropa y teléfonos. Se permitieron fotos inusuales, incluso de detalles poco habituales como juguetes bélicos o lemas propagandísticos en autobuses. Sin embargo, el control sigue presente: desde ignorar carteles de “No molestar” hasta ajustar el agua caliente sin aviso.
Más que turismo: un mensaje al mundo
Para Pyongyang, Wonsan Kalma no es solo un destino de ocio. Es una herramienta para reforzar la narrativa de prosperidad interna y premiar la lealtad política. La exclusividad para rusos refleja la sintonía estratégica con Moscú y potencia el valor simbólico del lugar. Aunque su capacidad para atraer turismo masivo es dudosa, el régimen parece más interesado en la proyección internacional que en el negocio.
En breve, se espera la llegada de un segundo grupo de visitantes rusos. Y mientras las playas permanezcan vacías para la mayoría, Corea del Norte seguirá utilizando Wonsan como vitrina controlada de un lujo que solo unos pocos están autorizados a conocer.
Fuente: Xataka.