Saltar al contenido
Ciencia

¿Y si el aire fuera el nuevo ladrón de agua?

Aunque parezca increíble, la sequía puede avanzar incluso cuando las lluvias no escasean. Una reciente investigación internacional revela el verdadero enemigo oculto en la atmósfera. Un fenómeno silencioso, pero devastador, que amenaza cultivos, bosques y la estabilidad hídrica mundial.
Por

Tiempo de lectura 2 minutos

Comentarios (0)

Durante mucho tiempo se creyó que la sequía era solo la ausencia de lluvia. Sin embargo, los nuevos datos científicos desmontan esta idea y plantean un problema mucho más complejo y difícil de detectar. Un aire cada vez más sediento está secando el planeta… incluso cuando llueve.

El enemigo invisible que roba la humedad

La investigación, publicada en Nature en mayo de 2025, da un giro a nuestra comprensión del clima. A través del análisis de datos globales desde 1901 hasta 2022, los científicos descubrieron que las sequías se están intensificando incluso en lugares donde no ha disminuido la lluvia.

¿Y si el aire fuera el nuevo ladrón de agua?
© Charl Durand – Pexels

¿La causa? Un fenómeno conocido como demanda evaporativa atmosférica (AED). Este concepto se refiere a la capacidad del aire para absorber agua del suelo, de las plantas y de los cuerpos de agua. Y esa capacidad ha crecido con el calentamiento global: cuanto más cálido es el aire, más humedad exige.

En cifras, cerca del 40 % del empeoramiento de las sequías en las últimas cuatro décadas puede atribuirse a este aumento de la AED. La paradoja es clara: aunque llueva, el entorno sigue secándose.

Cuando el calor seca lo que la lluvia intenta salvar

El equipo investigador, compuesto por universidades de California, Leeds, Reading y Múnich, comparó escenarios reales con simulaciones en las que se mantenía constante la lluvia o la AED. En regiones como Sudamérica, el aumento de esta demanda atmosférica fue suficiente para explicar hasta el 65 % del agravamiento de las sequías.

Desde 2018, la situación se ha intensificado: la superficie mundial afectada por sequías ha crecido un 74 %. En 2022, el 30 % del planeta sufrió sequías de moderadas a extremas. Europa, con una reducción del 35 % en precipitaciones y un 40 % más de AED, fue uno de los puntos más críticos.

Lo alarmante es que zonas antes húmedas —como Europa Central o el este de Estados Unidos— están ahora entre las más vulnerables. No por falta de agua caída, sino por una atmósfera insaciable.

¿Y si el aire fuera el nuevo ladrón de agua?
© saul valenzuela – Pexels

Un giro urgente en la gestión del agua

Esta “atmósfera sedienta” exige un replanteamiento inmediato de nuestras políticas hídricas. No basta con medir la lluvia: ahora debemos incluir la AED en los sistemas de alerta y planificación.

Además, se deben fomentar prácticas agrícolas adaptadas a esta nueva realidad (como suelos cubiertos, setos y cultivos resistentes) y reforzar la inversión en soluciones basadas en la naturaleza. Porque el peligro de la sequía ya no se ve solo en el cielo… sino en el aire que respiramos.

Fuente: Meteored.

Compartir esta historia

Artículos relacionados