El origen de la vida compleja parecía una historia bien contada: primero bacterias, luego organismos multicelulares, finalmente animales. Todo comenzaba hace unos 600 millones de años, en el periodo Ediacárico. Pero en Gabón, África central, una serie de rocas negras podría estar cambiando esa narrativa. Allí, bajo capas de pizarra, aparecieron formas doradas que no deberían existir tan temprano en la historia de la Tierra.
El hallazgo que nadie esperaba encontrar
En 2008, el geólogo Abderrazak El Albani exploraba la cuenca de Franceville cuando encontró piedras oscuras con estructuras irregulares: discos, tubos, lóbulos y cadenas mineralizadas del tamaño de una moneda. Muchos lo tomaron por pirita, un mineral común. Él vio otra cosa: posibles colonias de organismos multicelulares de 2.100 millones de años de antigüedad, es decir, 1.500 millones de años antes de lo previsto.
Desde entonces se han descubierto más de 6.000 muestras, algunas con formas que parecen masas celulares organizadas. Los análisis químicos detectaron isótopos de zinc y arsénico en patrones similares a los de tejidos eucariotas, lo que sugiere actividad biológica y mecanismos de protección ante toxinas.
¿Vida compleja… o solo una imitación mineral?

No todos están convencidos. Paleontólogas como Leigh Anne Riedman y Susannah Porter advierten que la pirita puede formar estructuras que engañan al ojo humano y simulan vida. También señalan que, si existieron organismos tan avanzados, debería haber fósiles similares en otras partes del mundo.
El Albani responde que la cuenca de Franceville es uno de los pocos lugares del planeta donde las condiciones de oxígeno, minerales y enterramiento rápido podrían haber fosilizado estos cuerpos. El biogeoquímico Ernest Chi Fru va aún más lejos: “La vida compleja pudo haber evolucionado dos veces en la Tierra. Una en Gabón… y otra, mucho después, en el Ediacárico.”
¿Y si el Universo no inventó la vida compleja una sola vez?
Si los fósiles gaboneses son auténticos organismos multicelulares, significan algo extraordinario: que la vida compleja no es un milagro único, sino un fenómeno que pudo surgir, extinguirse y volver a surgir. No sería una línea recta evolutiva, sino una historia con borradores perdidos.
Esto cambiaría no solo cómo vemos nuestro pasado, sino también cómo buscamos vida en otros mundos. Si la Tierra pudo intentarlo dos veces, ¿cuántas más lo habrán hecho Marte, Europa o exoplanetas ocultos en otras estrellas?
El cierre de una historia… o el comienzo de otra
Por ahora, no hay consenso. Pero en las sombras de Gabón, los fósiles esperan. Tal vez sean solo minerales. Tal vez, los primeros cuerpos que intentaron volverse algo más que células sueltas.
La pregunta ya está escrita en piedra: ¿Y si no somos la primera versión de la vida compleja en este planeta?