Júpiter, con una masa 2,48 veces mayor que la del resto de planetas del sistema solar sumados, es una diana fácil para asteroides y cometas. Pero un impacto como éste no se ve todos los días. Dos aficionados europeos han conseguido capturarlo en vídeo con telescopios convencionales.

La colisión tuvo lugar el 17 de marzo a las 0:18 UTC. El astrónomo amateur Gerrit Kernbauer había estado filmando a Júpiter desde Mödling, Austria, a través de su telescopio de 20 centímetros. Al darse cuenta de la extraña mota blanca que aparece en un momento del vídeo, subió la grabación a YouTube preguntando si podía tratarse del impacto de un asteroide.

Un segundo vídeo, capturado al mismo tiempo desde Dublín con un telescopio de 28 centímetros, apareció este lunes en YouTube para dar una respuesta afirmativa. No se trataba de un defecto de la imagen o de un reflejo dentro del telescopio del austríaco: algo había reventado con fuerza contra Júpiter a mediados de marzo.

Lo que vemos aquí como unos pocos píxeles blancos que aparecen un instante y se van, fue en realidad una explosión inusualmente potente en la atmósfera del gigante gaseoso. Según Phil Plait de Bad Astronomer, es probable es que se tratase del impacto de un asteroide o un cometa pequeño, de sólo unas decenas de metros de diámetro. Pero consiguió liberar una enorme cantidad de energía por la velocidad de la colisión.

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La gravedad de Júpiter hace que los objetos se aceleren rápidamente hacia el planeta, y cuando se trata de choques celestiales es esa energía cinética la que importa. El asteroide de 19 metros de diámetro que cayó en Rusia en 2013 liberó una energía equivalente a 500.000 toneladas de TNT. En Júpiter, los objetos caen con una velocidad cinco veces mayor que en la Tierra.

Golpear el aire a esa velocidad es como chocar contra una pared. La presión insoportable calienta la atmósfera y la roca. La roca se hace pedazos. Cada pedazo se calienta y se hace pedazos. Y esa reacción en cadena libera tanta energía que dos astrónomos aficionados pueden capturarla desde sus casas.

No es la primera vez que vemos a Júpiter recibir un golpe así: la última fue en septiembre de 2012. Pero este tipo de eventos no dejan daños visibles en la parte más externa de las nubes del planeta, así que los grandes observatorios no suelen hacerles seguimiento. No deja de ser impresionante, aunque sólo hayamos visto “unos pocos píxeles blancos”. [vía Slate]


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