Es un dato casi imposible de asimilar, pero que se ha logrado probar ahora por primera vez. Telescopios de la NASA y la ESA han captado la feroz fuerza de los vientos emitidos por un agujero supermasivo. Su potencia es tal que emite más energía cada segundo que un billón de Soles juntos.

Hasta ahora solo se había podido conjeturar que la radiación y el viento emitido desde el interior de los agujeros negros se dispersaba en todas las direcciones. Se creía también que su energía era brutal, pero tal vez no tanto como ahora se ha podido comprobar. El telescopio NuSTAR de la NASA y el XMM-Newton de la ESA, han captado datos de PDS 456, un agujero negro extremadamente brillante, un cuásar, ubicado a 2.000 millones de años luz de la Tierra. La interpretación de la información ha dado pie a la representación de la imagen de arriba, pero lo auténticamente fascinante es lo que se ha podido comprobar: la potencia de los vientos que emite es tal que impide a la galaxia de su alrededor formar nuevas estrellas.

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Según Fiona Harrison of the California Institute of Technology (Caltech), investigadora principal al frente del NuSTAR y co-autora del informe que ahora se publica con los resultados, se sabía hasta ahora que los agujeros negros en el centro de las galaxias se alimentaban de materia, la "atraían" dada su potencia. "Este proceso puede producir vientos y esto es lo que se cree que regula el crecimiento de las galaxias. Si conocemos la velocidad, forma y tamaño de estos vientos podemos saber cuán potentes son", explica en un comunicado.

Observaciones previas habían confirmado que los vientos de este agujero negro supermasivo se emitían en nuestra dirección, pero no se sabía si también se emitían en otras direcciones y con qué mecanismo exactamente. Ahora, gracias a la combinación de datos de observación de los dos telescopios, los astrónomos han podido probar que los átomos de hierro transportados por estos vientos no solo son emitidos en forma de haz y en una dirección, sino en múltiples direcciones en una forma casi esférica.

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En definitiva, es un descubrimiento que ayudará a entender muchísimo mejor los agujeros negros supermasivos y su papel en la formación de galaxias. Y eso es bueno. La realidad al final suele ser bastante más compleja de lo que parece, sobre todo cuando hablamos de agujeros negros. [vía NASA]

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