Maqueta del T-rex diseñado para Jurassic Park. Foto: Jurassic Wiki.

Cuánto más sabemos sobre dinosaurios a través de sus fósiles, más nos damos cuenta lo mucho que el cine se ha equivocado de parte a parte al imaginarlos. El último ejemplo es el T-rex al que podemos ver en las películas de Jurassic Park enseñando sus temibles dientes. El problema es que es muy probable que no los enseñara así.

El Tyrannosaurus rex tenía unos colmillos enormes. El ejemplar fósil más grande que se ha encontrado de sus piezas dentales tiene 30 centímetros incluyendo la raíz.

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Tradicionalmente, todos los bocetos y reconstrucciones del T-rex muestran a este dinosaurio con los dientes sobresaliendo de las fauces de manera grotesca e intimidatoria, pero el doctor Robert Reisz explica que es muy probable que los dientes no estuvieran a la vista, sino ocultos bajo los labios.

Reisz y su equipo de paleontólogos basan esta conclusión en un hecho: el esmalte de los dientes de los T-rex no presenta desgaste. Si los enormes colmillos hubieran estado siempre al descubierto, deberían dar muestras de desgaste ambiental como ocurre con otros animales que también llevan sus piezas dentales al aire, como los elefantes, los narvales o las morsas. Los colmillos de estas últimas muestran esmalte al nacer, pero lo pierden al desarrollarse.

Los colmillos del Tyrannosaurus rex conservan intacto su esmalte, lo que sugiere que las piezas dentales estaban ocultas bajo labios cuyo rastro no se ha confirmado hasta ahora porque se trata de tejido blando que no deja un remanente fósil claro.

Eso deja al popular dinosaurio carnívoro con un aspecto no muy diferente del de algunos grandes saurios actuales como los lagartos, los dragones de Komodo o las iguanas. Hay reptiles actuales, como los cocodrilos, que sí muestran sus colmillos al cerrar la boca, pero pasan la mayor parte de su vida en el agua, lo que conserva su esmalte. No es este el caso de los T-rex, que eran reptiles de tierra firme.

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La presencia de labios también podría ser una característica común a los velociraptores. Eso no quita que ambas especies fueran temibles depredadores, solo que quizá no como imaginábamos. [vía Nature World]


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