Desde el descubrimiento del grafeno y su potencial como semiconductor para aplicaciones electrónicas, muchos investigadores se han volcado en hallar otros nanomateriales con propiedades similares. El último en sumarse a este club al que ya pertenecen el estaneno, el grafeno blanco o el cristal de bismuto es el fósforo negro.

En esencia, el fósforo negro es un equivalente casi idéntico al grafeno y un candidato excelente para dar vida a una nueva era de componentes electrónicos. Como el grafeno, su mayor problema es lograr procesar la materia prima para obtener láminas a escala nanométrica. Afortunadamente, y como explican en MIT Technology Review, los descubridores del fósforo negro han encontrado un método fiable y bastante sencillo de obtener el material, que es combinando un disolvente no basado en agua (el material se oxida con facilidad en contacto con agua u oxígeno), y ultrasonidos para separar las láminas.

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Una vez obtenido mediante este procedimiento, el fósforo negro muestra propiedades equivalentes a las del grafeno. Unido a otras fibras, por ejemplo, es capaz de mejorar la resistencia de materiales hasta seis veces. También es un excelente conductor de la electricidad y, en algunas aplicaciones, hasta supera al grafeno. Su tasa de absorción gradual de luz, por ejemplo, es superior a la del conocido supermaterial. También es un detector extremadamente sensible del amoniaco, con el que intercambia electrones de manera natural.

Aunque su sensibilidad al oxígeno y al agua es un problema, una vez tratado con los solventes utilizados para su fabricación, el fósforo negro exhibe una buena durabilidad. Sus creadores en el Trinity College de Dublin siguen probando aplicaciones y confían en poder integrarlo en dispositivos electrónicos pronto. [Arxiv vía MIT Technology Review]

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