William F. Jenkins

Los autores de la primera mitad del siglo XX se imaginaban el futuro de la tecnología con un característico toque retro que hoy parece absurdo. Internet es de esos grandes inventos que pocos consiguieron predecir. Sin embargo, un prolífico escritor lo hizo con una precisión sorprendente allá por 1946.

Se llamaba William F. Jenkins y firmaba con el seudónimo de Murray Leinster. Además de un centenar de guiones para cine, radio y televisión, este autor estadounidense escribió más de 1500 cuentos y artículos durante el transcurso de su carrera. En marzo del 46, la revista de ciencia ficción Analog Science Fiction and Fact le publicó “A Logic Named Joe”, considerada hoy una historia premonitoria sobre las redes de ordenadores e Internet.

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En A Logic Named Joe, todo el mundo tiene en casa un dispositivo denominado “Logic”, el equivalente a un ordenador. Cada “Logic” está conectado a un “tanque” (un servidor) que contiene enormes cantidades de datos y ofrece cualquier tipo de información que se desee buscar. Una de las unidades “Logic” llamada Joe adquiere tanto conocimiento que empieza a ser peligrosa. No porque quiera acabar con la humanidad, como suele pasar con estas máquinas, sino porque dice más de lo que debería. Joe puede explicar cómo envenenar a un cónyuge sin ser descubierto, cómo cubrir un consumo excesivo de alcohol, cómo robar un banco... Cuando otras “Logic” empiezan a ofrecer este tipo de conocimiento prohibido, la sociedad se sume en el caos.

The Register señala las increíbles semejanzas de la historia con los debates actuales que suscita Internet. Hay que tener en cuenta el contexto histórico: en 1964 el mundo acababa de dejar atrás la Segunda Guerra Mundial; sólo existían los enormes antepasados de las computadoras actuales: Colossus, Harvard Mark I, ENIAC... El transistor no se inventaría hasta el año siguiente y la segunda generación de ordenadores llegaría en 1953.

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En los hogares, la televisión apenas empezaba a establecerse (la BBC había comenzado a emitir diez años antes) y los electrodomésticos a emerger. ¿Internet? Muy lejos aún: el primer enlace de ARPANET, entre la UCLA y Stanford, no funcionó hasta 1969 —23 años después de la publicación del relato corto. [A Logic Named Joe vía The Register]


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