Fuertes sequías o graves inundaciones; las consecuencias de El Niño pueden ser tan opuestas como desastrosas. Pero si hablamos de El Niño más intenso desde 1997, entonces los efectos son permanentes. Varios análisis alertan del efecto acelerador en el derretimiento de los glaciares de los Andes Tropicales.

Se conoce como Andes Tropicales a la región septentrional de la cordillera que atraviesa Bolivia, Ecuador, Perú, Venezuela y Colombia; el preocupante derretimiento de sus glaciares es una realidad que conocemos desde hace años. La causa principal es el aumento global de las temperaturas (oficialmente 1º C desde 1880), pero El Niño ha conseguido acelerar la tendencia al ritmo más rápido desde hace 12 años.

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El casquete de Quelccaya, en Perú (el glaciar más extenso de los trópicos), ha registrado su menor acumulación de nieve desde 2004; el hielo se derrite un 40% más rápido que cuando empezaron las mediciones, en 2002. El glaciar Conejeras, en Colombia, ha perdido el 43% de su volumen en los últimos dos años: dos tercios de esa pérdida ha tenido lugar desde el inicio de las corrientes cálidas de El Niño.

El problema es especialmente grave para Bolivia, Ecuador y Perú, países en los que millones de personas dependen de los glaciares como fuente de agua potable y energía hidroeléctrica —y donde ya sufren de escasez de agua por la disminución de las precipitaciones.

Los glaciares que están en las cotas más bajas de los Andes, debajo de los 5500 metros, están en verdadero peligro y probablemente sólo les queden dos décadas” explica Michael Zemp desde el Servicio de Monitoreo Mundial de Glaciares.

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Aunque El Niño tenga un efecto acelerador en esta zona cercana al Pacífico, la tendencia es global: la primera década del siglo XXI contempló el mayor derretimiento de glaciares en un periodo de diez años desde que se tienen registros, a un ritmo entre dos y tres veces mayor que en todo el siglo XX. [vía New Scientist]

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