Un planeta brilla intensamente al ser alcanzado por la fulguración solar de una estrella enana M. Imagen: Jack O’Malley James

Tras unos días de especulación desenfrenada, los astrónomos han anunciado oficialmente el descubrimiento de Próxima b, un mundo potencialmente habitable que circunda nuestra estrella vecina más cercana.

Sin embargo, mientras los ingenieros preparan los primeros viajes interestelares para buscar señales de vida en Próxima b, algunos expertos advierten que los sistemas de estrellas enanas M —como Próxima Centauri— podrían ser incompatibles con cualquier forma de vida.

¿Qué vamos a descubrir exactamente en la superficie de Próxima b, un desierto estéril o una vibrante biosfera extraterrestre? Un nuevo estudio científico ofrece algo de optimismo para los que hoy se hacen la misma pregunta. De acuerdo con los astrobiólogos de la Universidad de Cornell, la vida podría evolucionar para sobrevivir a un entorno de alta radiación como el de una enana M activa mediante la conversión de los rayos más dañinos de la estrella en luz visible inofensiva. Sabemos que es posible porque este mecanismo, conocido como biofluorescencia, ya ha evolucionado varias veces aquí en la Tierra.

“La pregunta clave que emerge del descubrimiento [de Próxima b] es cómo concebimos la vida en ese planeta”, explica a Gizmodo Lisa Kaltenegger, coautora del estudio. “Creo que es justo usar la Tierra como una inspiración”.

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Antes de adelantarnos, un poco de contexto sobre las enanas M. Las enanas rojas M son más pequeñas, más frías y menos brillantes que el Sol, y también las estrellas más abundantes de la galaxia. Tienen una esperanza de vida extremadamente larga: Próxima Centauri es 250 millones de años más vieja que el Sol, y los astrónomos estiman que brillará varios billones de años más que nuestra estrella. Pero lo mejor de todo, de acuerdo con estudios recientes sobre exoplanetas, es que las enanas M parecen ser un hervidero de pequeños exoplanetas rocosos en su zona habitable, donde pueden formar agua líquida. Todos estos factores hacen que las estrellas más tenues de la galaxia sean consideradas lugares de interés en la búsqueda de vida extraterrestre.

Pero hay un problema: las enanas M son tan débiles que su zona habitable está muy, muy cerca de la propia estrella. Próxima b se encuentra a tan solo 7,5 millones de kilómetros de Próxima Centauri, casi diez veces más cerca que la órbita de Mercurio respecto al Sol.

En una órbita tan ajustada pueden pasar varias cosas. Por ejemplo, puede producirse un acoplamiento de marea que haría que siempre fuera de día a un lado del planeta y de noche al otro lado. Esto podría provocar fuertes vientos atmosféricos y unas dinámicas climáticas devastadoras.

Es más, muchas estrellas enanas M, incluida Próxima Centauri, producen a diario unas potentes fulguraciones que arrojan radiación nociva en el espacio. Tal y como apuntan los descubridores del nuevo exoplaneta, Próxima b sufre un flujo de rayos x aproximadamente 400 veces mayor que el que experimentamos aquí en la Tierra. Según Kaltenegger, es probable que los estallidos energéticos de Próxima Centauri hagan llegar radiación ultravioleta a la superficie del Próxima b, y estos podría dañar el ADN de las formas de vida.

Biofluorescencia en peces. Imagen: Wikimedia

¿Puede la vida abrirse camino en un mundo así? Si vives bajo tierra, tal vez. Por desgracia para nosotros, esto puede obstaculizar nuestras posibilidades de detectar vida extraterrestre en Próxima b.

No obstante, como sostienen Kaltenegger y Jack O’Malley James en su nuevo estudio presentado a la revista Astrophysical Journal, hay otra manera. En la Tierra existen ciertos corales formadores de arrecifes que contienen proteínas capaces de absorber la radiación UV y liberar su energía en una longitud de onda más larga y más segura; un proceso conocido como biofluorescencia. Se cree que, “desacelerando” los rayos más potentes del sol, los corales son capaces de proteger a las algas, sus parejas simbióticas, de los rayos ultravioleta.

La biofluorescencia no es exclusiva de los corales, y ha evolucionado de manera independiente en el árbol de la vida en varias ocasiones, lo que sugiere que se trata de una adaptación biológica universal.

Inspirados por esta observación, O’Malley James y Kaltenegger se propusieron determinar si una forma de vida biofluorescente podría producir un rastro, detectable a distancia, en un mundo extraterrestre que orbitase una estrella enana M activa. Mediante proteínas fluorescentes de coral, modelaron la firma espectral de un planeta con una atmósfera similar a la Tierra en la zona habitable.

Descubrieron que si la biofluorescencia estaba presente en toda la superficie del planeta, ya fuera en formas de vida terrestres o en cuencas bajas del océano, el planeta produciría una biofirma perceptible de corta duración durante las fulguraciones ultravioleta. En esencia, la vida haría que el planeta brillase. “Imagina un mundo oceánico que es alcanzado por una bengala ultravioleta y de repente resplandece”, dice Kaltenegger.

Sin duda es una idea hermosa, pero ¿podría la biofluorescencia ofrecer una protección lo suficientemente resistente para que nuestros vecinos extraterrestres sobrevivieran en Próxima b? Nadie tiene la respuesta, en parte porque desconocemos la cantidad de radiación ultravioleta que golpea la superficie del planeta. Sin embargo, en experimentos de laboratorio, los bioingenieros han conseguido que las proteínas fluorescentes aumenten su eficiencia hasta asumir un 100% de la luz ultravioleta. Es lógico pensar que, en un entorno de alta radiación, la selección natural podría hacer lo mismo.

Charles Mazel, bióloga y experta en corales biofluorescentes, hace hincapié en que, si bien el mecanismo que proponen Kaltenegger y O’Malley James es plausible, un organismo podría también hacer frente a los rayos UV mediante la disipación de la energía en forma de calor, o aprovechándolos para el funcionamiento de sus células, tal y como las plantas aprovechan la luz visible para la fotosíntesis. “La idea de la fluorescencia es una de varias estrategias posibles”, explica a Gizmodo por correo electrónico. “¿Probable? No puedo asegurarlo. ¿Posible? Supongo que es posible”.

Lo más interesante de esta idea es que los astrónomos podrían ser capaces de detectar el hipotético resplandor de la vida extraterrestre en un exoplaneta cercano dentro de pocos años, gracias a la próxima generación de telescopios extremadamente grandes. ¿Y si acabamos encontrando estos brillos de actividad en Próxima b? Razón de más para que Breakthrough Starshot cambie de destino en su viaje interestelar.

Anunciado por Stephen Hawking y Yurni Milner a principios de este año, este proyecto que pretende enviar una flota de nanonaves a Alfa Centauri dentro de 20 años podría sufrir un cambio de rumbo, dependiendo de lo que descubramos sobre el sistema de Próxima Centauri en los próximos años.

“Lo que me parece increíble [de Breakthrough Starshot] es que se haya vuelto normal hablar de los viajes interestelares”, comenta Kaltenegger. “La gente está considerando seriamente hacer algo así. Creo que la inspiración que surgirá al hablar de esto y al poner la tecnología a nuestro alcance será algo increíble”.

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