Image: Roland Jansson

Seguramente has escuchado alguna vez el t√©rmino ‚Äús√≠ndrome de Estocolmo‚ÄĚ. Con ello se trata de describir un estado psicol√≥gico donde personas secuestradas pasan del miedo y el odio a la simpat√≠a o incluso el amor por sus captores. El t√©rmino lo acu√Ī√≥ el psiquiatra Nils Bejerot por un caso que tuvo lugar hace 45 a√Īos.

Todo comenzó como un robo a un banco donde se tomaron rehenes. Sin embargo, a diferencia de otras situaciones parecidas, los rehenes no tenían miedo hacia los captores.

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De hecho, fue todo lo contrario. En realidad, los rehenes parecían haber desarrollado sentimientos positivos hacia sus captores, desconcertando a casi todos los agentes de la ley y practicantes de psiquiatría en el mundo entero.

El robo

Image: Los cuatro rehenes (Stockholm Police)

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Era la ma√Īana del 23 de agosto de 1973. Jan-Erik Olsson, un preso fugado, se cruz√≥ las calles de la capital sueca y entr√≥ en un banco, el Sveriges Kreditbanken, en la exclusiva plaza de Norrmalmstorg de Estocolmo.

Olsson esper√≥ unos segundos, observ√≥ a todo el mundo dentro del banco, y se sac√≥ de debajo de la chaqueta una ametralladora cargada. El hombre dispar√≥ al techo y, disfrazando su voz para que pareciera la de un estadounidense, grit√≥ en ingl√©s: ‚Äú¬°La fiesta acaba de comenzar!‚ÄĚ

R√°pidamente, uno de los trabajadores del banco activ√≥ una alarma silenciosa. Dos polic√≠as se presentaron e intentaron que Olsson se rindiera. El ladr√≥n dispar√≥ a uno de los polic√≠as, impactando la bala en la mano derecha. Al segundo lo oblig√≥ a sentarse en una silla y le dijo: ‚Äúcanta algo, lo que sea, pero que te oiga‚ÄĚ. As√≠, mientras el polic√≠a ileso cantaba, Olsson tom√≥ a cuatro trabajadores del establecimiento y los condujo a una c√°mara de seguridad del banco.

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Image: El banco (Wikimedia Commons)

Olsson tenía claro que no regresaría a la cárcel. Había pasado mucho tiempo entre rejas después de una sentencia por hurto mayor. El hombre exigió más de 700.000 dólares en moneda sueca y extranjera, dos armas, chalecos antibalas, cascos y un coche rápido para escapar junto a la liberación de su amigo Clark Olofsson, quien estaba cumpliendo condena por robo a mano armada y actuar como ayudante en el asesinato de un oficial de policía en 1966.

En cuesti√≥n de horas, la polic√≠a entreg√≥ al compa√Īero convicto de Olsson, el rescate e incluso le ofreci√≥ un Ford Mustang azul con un tanque lleno de gasolina. Sin embargo, las autoridades rechazaron la demanda del criminal de huir con los rehenes para garantizar el paso seguro.

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Bajo este escenario, los periódicos no tardaron en llegar a la escena. El drama que estaba teniendo lugar en directo capturó los titulares de todo el mundo y se emitía en directo en las pantallas de televisión de toda Suecia.

Image: Vintag

El p√ļblico, por primera vez en la historia, se hizo part√≠cipe del secuestro. La gente inund√≥ la sede de la polic√≠a con todo tipo de sugerencias para poner fin al enfrentamiento, ideas que abarcaban desde un concierto de canciones religiosas hasta el env√≠o de un enjambre de abejas para hostigar a los secuestradores.

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Sin embargo, el tiempo comenzó a pasar sin que nada ocurriera. El mundo miraba horrorizado a través de docenas de equipos de televisión que acampaban fuera del banco.

Dentro, encerrados de la peque√Īa c√°mara, los rehenes forjaron en muy poco tiempo un extra√Īo v√≠nculo con sus secuestradores. Por ejemplo, Olsson coloc√≥ una chaqueta de lana sobre los hombros de la reh√©n Kristin Enmark cuando esta comenz√≥ a temblar, o la tranquiliz√≥ cuando tuvo un mal sue√Īo (incluso le dio una bala de su arma como recuerdo).

Image: Vintag

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El criminal tambi√©n consol√≥ a la cautiva Birgitta Lundblad cuando esta no pudo contactar con su familia por tel√©fono. Olson le lleg√≥ a decir: ‚ÄúInt√©ntalo de nuevo; no te des por vencida‚ÄĚ.

Cuando la reh√©n Elisabeth Oldgren se quej√≥ de claustrofobia, el secuestrador le permiti√≥ caminar fuera de la c√°mara sujeta a una cuerda de unos metros, y quiz√°s lo m√°s sorprendente, Oldgren le lleg√≥ a decir al New Yorker un a√Īo despu√©s que, aunque con una cuerda, ‚Äúrecuerdo haber pensado que era muy amable por permitirme salir de la c√°mara‚ÄĚ. ‚ÄúCuando nos trat√≥ bien‚ÄĚ, dijo el reh√©n Sven Safstrom, ‚Äúpodr√≠amos pensar en √©l como un Dios de un estado de emergencia‚ÄĚ.

M√°s de 48 horas despu√©s de comenzar el asalto al banco, los rehenes parec√≠an haber forjado una relaci√≥n con sus captores y empezaron a temer m√°s a la polic√≠a que a sus secuestradores. Cuando a la polic√≠a se le permiti√≥ entrar para inspeccionar la salud de los rehenes, notaron que estos parec√≠an hostiles con las fuerzas de seguridad, aunque relajados y joviales con los criminales. De hecho, el jefe de polic√≠a dijo a la prensa que dudaba que Olson y Olofsson da√Īar√≠an a los rehenes porque hab√≠a desarrollado una ‚Äúcierta relaci√≥n‚ÄĚ.

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Image: Se acaba el secuestro (EGAN-Polisen)

Al d√≠a siguiente, la reh√©n Kristin Enmark lleg√≥ a telefonear al primer ministro sueco, Olof Palme, y le suplic√≥ que permitiera que los ladrones la llevaran con ellos en el cohe de huida. Seg√ļn dijo la joven:

Conf√≠o plenamente en Clark y su compa√Īero. No estoy desesperada. No nos han hecho nada. Por el contrario, han sido muy amables. Olof, lo que me da miedo es que la polic√≠a ataque y provoque nuestra muerte.

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Un tiempo despu√©s se supo que incluso cuando los secuestradores los amenazaron con da√Īo f√≠sico, los rehenes todav√≠a vieron compasi√≥n en ellos. Sin embargo, los convictos jam√°s causaron da√Īo f√≠sico a los rehenes, y en la noche del 28 de agosto, despu√©s de m√°s de 130 horas recluidos en la c√°mara, la polic√≠a lanz√≥ gas lacrim√≥geno y los secuestradores se rindieron.

Las autoridades pidieron que los rehenes salieran primero, pero los cuatro cautivos, que protegieron a sus secuestradores hasta el final, se negaron a ello. Tal y como relataron los medios, Enmark grit√≥: ‚ÄúNo, Jan y Clark van primero, ¬°los disparar√°n si lo hacemos!‚ÄĚ

La escena tuvo su momento m√°s peliculero unos segundos antes del desenlace, cuando en la entrada de la c√°mara los convictos y los rehenes se abrazaron, se besaron y se dieron la mano. Cuando la polic√≠a se apoder√≥ de los hombres armados, dos rehenes gritaron: ‚ÄúNo les hagan da√Īo, no nos hicieron da√Īo alguno‚ÄĚ. Mientras Enmark sal√≠a en una camilla, se le pudo escuchar gritar a Olofsson, ya esposado: ‚ÄúClark, te ver√© de nuevo‚ÄĚ.

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El síndrome de Estocolmo

Image: Flickr

Este apego aparentemente irracional de los rehenes a sus captores dej√≥ perplejos al p√ļblico y a la polic√≠a, que incluso investigaron si Enmark hab√≠a planeado el robo con los criminales. No solo la polic√≠a, el propio Olson estaba confundido.

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Al d√≠a siguiente de su liberaci√≥n, Oldgren le lleg√≥ a preguntar a un psiquiatra: ‚Äú¬ŅHay algo malo en m√≠? ¬ŅPor qu√© no los odio?‚ÄĚ Los psiquiatras compararon el comportamiento con el trauma de guerra exhibido por los soldados y explicaron que los rehenes se sent√≠an emocionalmente endeudados con sus secuestradores, y no con la polic√≠a, por haberse salvado de la muerte.

Pocos meses despu√©s de lo ocurrido, los psiquiatras acu√Īaron el extra√Īo fen√≥meno como ‚ÄúS√≠ndrome de Estocolmo‚ÄĚ, el cual se convirti√≥ en parte del l√©xico popular en 1974, cuando se utiliz√≥ como defensa de la heredera del peri√≥dico secuestrada Patty Hearst, quien ayud√≥ a sus captores en una serie de robos a bancos.

Incluso despu√©s de que Olofsson y Olsson regresaron a prisi√≥n, los rehenes les visitaron en la c√°rcel. Finalmente, un tribunal de apelaciones anul√≥ la condena de Olofsson, pero Olsson pas√≥ a√Īos tras las rejas antes de ser liberado en 1980.

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Una vez liberado, se cas√≥ con una de las muchas mujeres que le enviaron cartas de admiraci√≥n mientras estaba encarcelado. Se mud√≥ a Tailandia y en 2009 public√≥ su autobiograf√≠a. ¬ŅAdivinan c√≥mo se llam√≥?

Sí, Síndrome de Estocolmo. [Wikipedia, Vintag, BusinessInsider]