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La increíble transformación de una isla que estuvo al borde del colapso ecológico

Durante décadas, un pequeño territorio del Caribe parecía condenado a desaparecer bajo el impacto de especies invasoras. Entonces comenzó una operación tan compleja como inesperada.
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Desde lejos, podría parecer apenas un pequeño punto perdido en medio del Caribe. Sin embargo, durante más de un siglo, esta isla volcánica fue escenario de una transformación silenciosa que puso contra las cuerdas a todo su ecosistema. Lo que alguna vez había sido un territorio cubierto de vida terminó convertido en un paisaje dominado por tierra desnuda, restos de una antigua explotación minera y especies introducidas que no pertenecían allí.

La situación llegó a un punto crítico, pero un grupo de conservacionistas decidió intentar algo que parecía casi imposible: eliminar a los animales invasores y darle al ecosistema una oportunidad para recuperarse. Para conseguirlo tuvieron que recurrir incluso a helicópteros y escaladores.

Una isla marcada por más de un siglo de actividad humana

La historia ocurrió en Redonda, una pequeña isla volcánica perteneciente a Antigua y Barbuda, en el Caribe. A finales del siglo XIX y comienzos del XX, el territorio adquirió importancia por la explotación de sus depósitos de guano y fosfatos, materiales utilizados principalmente como fertilizantes.

Durante los años de mayor actividad minera, más de un centenar de personas llegaron a trabajar en la isla y algunas permanecieron allí de forma permanente. La explotación modificó considerablemente el paisaje, pero el problema ambiental no terminó cuando la mina dejó de funcionar.
Tras el cierre de las operaciones, después del comienzo de la Primera Guerra Mundial, quedaron en Redonda dos especies introducidas que tendrían un impacto mucho más duradero de lo previsto: las cabras y las ratas.

Las cabras asilvestradas encontraron un territorio sin depredadores naturales que controlaran su población. Durante décadas se alimentaron de la vegetación disponible, impidiendo que muchas plantas pudieran regenerarse. Las ratas negras, por su parte, representaron una amenaza para distintas especies de fauna, especialmente para aquellas que anidaban o se reproducían en el suelo.

Con el paso del tiempo, la combinación de ambos factores provocó un deterioro progresivo. Sectores que antes albergaban vegetación terminaron convertidos en superficies prácticamente desnudas. La fauna nativa también comenzó a desaparecer o reducirse de manera preocupante.

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©Mikhail Nilov

El operativo que cambió el destino de Redonda

La recuperación comenzó en 2016, cuando el Environmental Awareness Group, junto con otras organizaciones, puso en marcha un ambicioso proyecto de restauración ecológica. El primer gran objetivo era retirar de la isla a las aproximadamente 60 cabras salvajes que todavía permanecían allí.

Pero capturarlas resultó mucho más difícil de lo esperado. Durante los dos primeros meses del operativo, los equipos apenas consiguieron atrapar una.

La estrategia tuvo que modificarse y, finalmente, los especialistas consiguieron reunir a los animales para trasladarlos hasta Antigua por vía aérea. Las cabras fueron introducidas en bolsas especiales que cubrían sus cuerpos hasta el cuello. También se les cubrieron los ojos y se protegieron sus cuernos para reducir el riesgo de lesiones.

El viaje en helicóptero duró alrededor de 20 minutos, pero representó un paso decisivo para eliminar una de las principales amenazas contra la recuperación de la vegetación.

Todavía quedaba otro enemigo mucho más numeroso.

Los investigadores calculaban que en Redonda había unas 6.000 ratas negras. Para combatirlas se utilizaron cebos con veneno distribuidos estratégicamente por el territorio. Sin embargo, la complicada geografía volcánica de la isla hizo que algunas zonas fueran prácticamente inaccesibles.

En esos sectores entraron en acción escaladores especializados, que pudieron alcanzar acantilados y lugares donde los equipos terrestres no podían trabajar con facilidad. El objetivo era evitar que las ratas encontraran refugios seguros y conseguir que el operativo alcanzara la mayor superficie posible.

Las señales de recuperación aparecieron antes de lo esperado

Una vez eliminadas las principales especies invasoras, el paisaje comenzó a cambiar. La recuperación de la vegetación permitió que el territorio dejara atrás progresivamente su aspecto árido y recuperara tonalidades verdes.

Uno de los indicadores más sorprendentes apareció en las poblaciones de aves terrestres. En apenas un año, su número llegó a multiplicarse por diez, una señal de que las condiciones ecológicas estaban comenzando a mejorar.

También reaparecieron especies endémicas que habían sufrido las consecuencias de la degradación ambiental. Entre ellas se encuentra el llamado Redonda ground dragon, un pequeño lagarto de color negro, además del lagarto arborícola de Redonda, conocido científicamente como Anolis nubilus.

La transformación también pudo medirse mediante los estudios realizados sobre la vegetación. Un relevamiento llevado a cabo en 2012 había identificado 17 tipos de vegetación. Siete años después, el registro de 2019 contabilizó 88.

El cambio no fue solamente una cuestión de cifras. El territorio que durante décadas había mostrado enormes superficies marrones y desnudas comenzó a cubrirse nuevamente de plantas.

La experiencia de Redonda demuestra hasta qué punto una isla puede quedar alterada por especies introducidas durante largos períodos, pero también revela la capacidad de recuperación que puede conservar un ecosistema cuando se eliminan las principales presiones.

Lo que durante mucho tiempo parecía un territorio perdido comenzó así a convertirse en un inesperado ejemplo de restauración ecológica en el Caribe. Y el elemento más llamativo de toda la historia no fue solamente la cantidad de animales retirados, sino comprobar qué ocurrió con la naturaleza cuando, después de más de un siglo, finalmente tuvo espacio para recuperarse.

 

[Fuente: Diario UNO]

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