El 4 de enero de 1903, Thomas Edison y Nikola Tesla se encontraban en plena disputa acerca de los usos y peligros de la corriente alterna y la corriente continua. Desgraciadamente para la elefanta Topsy, su escalofriante ejecución formó parte de estas diferencias.

El animal llegó a Estados Unidos en 1875 como una especie de inmigrante involuntario importada de la India por el dueño del circo, Adam Forepaugh. Ella ya tenía ocho años cuando se bajó del barco, sin embargo, Forepaugh la promovió como un elefante bebé, desfilando por las calles principales en la parte superior de una estructura de 9 metros de altura.

Al poco tiempo, el competidor de Forepaugh, P. T. Barnum, señaló que Topsy no era realmente un bebé, sino más bien un elefante asiático joven, una especie más pequeña que sus contrapartes africanas. Sea como fuere, esta distinción se perdió en las audiencias, para quienes todos los elefantes eran más o menos iguales.

En muy poco tiempo, Topsy creció demasiado como para pasar por un bebé incluso para las multitudes más crédulas, por lo que ya no disfrutaba del estatus de ser cabeza de cartel. El animal se convirtió en otro elefante más de circo que hacía sus trucos. El favorito de la audiencia era cuando Topsy y sus acompañantes llevaban a cabo una especie de baile. Su entrenador gritaba: “Caballeros a la derecha, balanceen a sus compañeros”, y los elefantes avanzaban pesadamente por unos escalones.

Ilustración de Topsy en 1902. Wikimedia Commons

Pero incluso a una edad temprana, la elefanta era conocida por actuar mal. Durante las actuaciones, a menudo golpeaba maliciosamente a los otros elefantes con su trompa y los duchaba con serrín. Esta inclinación por la aparente mala conducta trajo consecuencias desagradables para Topsy. De hecho, una vez Forepaugh se enojó tanto con sus payasadas que la golpeó en la espalda con una estaca. Aquel golpe le rompió la cola y se ganó el apodo de “cola torcida”.

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Lo cierto es que la vida en el circo era difícil para los elefantes. Los enviaban de pueblo en pueblo, los mantenían en jaulas pequeñas y tenían que reunir multitudes en condiciones abusivas. A medida que pasaron los años, Topsy se agrió con la edad. Finalmente, en 1900, el animal se soltó y mató a dos de sus entrenadores. El primero de ellos lo pisoteó hasta morir en Waco,Texas.

El segundo lo mató al sentarse sobre su cuerpo y aplastarlo en París, Texas. Obviamente, matar a dos personas le da una muy mala reputación a un elefante, pero en aquella época representan una inversión financiera significativa para un circo, por lo que la mantuvieron activa hasta 1902, cuando volvió a matar.

Al parecer, Josiah Blount, otro entrenador, vino a saludarla. Ella respondió agarrándolo con su trompa, tirándolo al piso, arrodillándose sobre él, y colapsando su caja torácica. Al principio no estaba claro por qué lo atacó, pero más tarde encontraron una marca de quemaduras en la punta de su trompa y se especuló que Blount le solía dar cigarrillos encendidos.

Anuncio del circo donde trabajaba Topsy en 1889. Wikimedia Commons

Así fue como Topsy se acabó vendiendo a los dueños del parque de atracciones Luna Park, en Coney Island. Allí la pusieron a trabajar transportando material de construcción. Acompañó a su entrenador durante muchos años, Frederick Ault, alias ‘Whitey’.

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De hecho, se podría decir que era casi la única persona que escuchaba, aunque su presencia no fue una influencia estabilizadora para el animal. Whitey era un borracho de mala vida, un tipo al que todos catalogaban de autodestructivo.

Desafortunadamente, decidió arrastrar a Topsy con él. En noviembre de 1902, la policía lo citó por crueldad hacia los animales después de golpear a Topsy hiriéndola cerca del ojo. Un mes después, el 5 de diciembre, se llevó al animal a una manifestación por Coney Island.

Mientras gritaba y agitaba una horca sobre su cabeza, Whitey condujo a Topsy por las calles mientras una multitud de aterrorizados residentes los seguían a una distancia prudencial. Finalmente, Topsy se detuvo frente a la entrada de una zona exclusiva y se negó a ir más lejos.

El 4 de enero, de camino a la muerte. Wikimedia Commons

Posteriormente, un policía condujo a Whitey a punta de pistola a la estación, pero cuando llevaron al entrenador ebrio al cuartel general, Topsy los siguió, rompiendo la puerta delantera y encajando su cuerpo entero de seis toneladas en la entrada.

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Whitey salió de esta aventura con una advertencia a cambio de llevar al animal a su establo y con la promesa de comportarse en el futuro. Pero unas semanas más tarde volvió a las andadas. Liberó a Topsy de su establo, la apuntó hacia un equipo de obreros italianos, y le dijo “a por ellos”. Los obreros huyeron aterrorizados. 

Así fue como los dueños de Luna Park decidieron que Whitey tenía que irse, pero sin Whitey, Topsy era una gran responsabilidad. Ningún zoológico la tomaría, y ningún otro guardián podría controlarla. Por tanto, y a ojos de los dueños, no parecía haber otra opción más que sacrificarla.

Fue esta decisión, irónicamente, la que llevó a Topsy a los libros entrando de lleno en una historia mucho más grande: una batalla que se libraba entre dos gigantes industriales para decidir qué forma de transmisión eléctrica se usaría en todo Estados Unidos.

Momento de la ejecución. Wikimedia Commons

Desde Lunar Park se anunció que el animal iba a morir ahorcado, un espectáculo dantesco con el que esperaban sacar dinero. Sin embargo, esto llegó a oídas de Thomas Edison, quién les dijo a los dueños que la mejor forma de ejecutarlo era a través de una especie de silla eléctrica.

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En realidad, Thomas buscaba desacreditar a Nikola Tesla (Westinghouse) y su sistema de corriente alterna con el fin de potenciar “su” corriente continua, así que trató por todos los medios que Topsy fuese electrocutada con corriente alterna, probando así los peligros de ésta.

Finalmente, el 4 de enero de 1903 tuvo lugar la espeluznante ejecución. Por primera y última vez, 1.500 personas se reunieron en Coney Island para ver como al pobre animal le aplicaban una fuente de 6.600 voltios que “frieron” a Topsy en menos de un minuto. Para la posteridad quedaría el escalofriante vídeo de su muerte, una secuencia grabada con una cámara inventada por el propio Edison. [Wikipedia, Rutgers, Wired]