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Ciencia

A 20 millones de años luz hay un agujero negro de 35.000 masas solares que no vive en el centro de su galaxia. Se mueve por ella y parece haber encontrado una forma insólita de alimentarse: comerse la estela que él mismo crea

Un agujero negro errante en UGCA 320 parece concentrar el gas interestelar tras de sí y alimentarse de esa estela. Sería la primera evidencia observacional de un mecanismo predicho durante décadas.
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Un barco atraviesa el agua y deja una estela detrás. Un objeto extremadamente masivo puede hacer algo vagamente parecido al moverse por el gas de una galaxia: su gravedad desvía el material, lo concentra a su espalda y crea una región mucho más densa.

Ahora los astrónomos creen haber encontrado un agujero negro que está aprovechando precisamente esa estela para comer.

El candidato se encuentra en UGCA 320, una galaxia enana irregular situada a unos 20 millones de años luz. No está instalado cómodamente en su núcleo, donde las interacciones galácticas pueden canalizar grandes cantidades de gas. Está desplazado fuera de la principal región de formación estelar y tendría una masa de unas 35.000 veces la del Sol, colocándolo dentro de la escurridiza categoría de los agujeros negros de masa intermedia.

El equipo liderado por Xin Li, de la Universidad Westlake, sostiene que las observaciones muestran por primera vez la estructura gaseosa que debería generar un agujero negro errante mientras atraviesa el medio interestelar y se alimenta mediante ella. El resultado está publicado por ahora como preprint en arXiv, por lo que todavía debe superar la revisión por pares.

El gas aparece exactamente donde tendría que estar

La historia comenzó con una fuente peculiar detectada fuera del centro de UGCA 320. Las observaciones de MUSE, instalado en el Very Large Telescope de ESO, revelaron líneas de emisión de Balmer muy anchas. En particular, el gas de hidrógeno se movía a velocidades compatibles con materia orbitando un objeto compacto extremadamente masivo. De esas mediciones procede la estimación de aproximadamente 35.000 masas solares. No es la única pista.

El objeto aparece extremadamente compacto en imágenes del Hubble, cambia de brillo a lo largo de los años y su distribución de energía tiene la forma esperada para material calentado mientras cae hacia un agujero negro. Los autores combinan esas señales para argumentar que no estamos ante una estrella peculiar o un remanente de supernova. Pero el detalle realmente extraño apareció alrededor.

La espectroscopia separó tres componentes de gas diferentes: material relativamente poco denso aproximándose por delante, una región mucho más densa detrás del agujero negro y nubes espesas todavía más cercanas al objeto. Es justamente la geometría que predice la llamada acreción de Bondi-Hoyle-Lyttleton.

Su propia gravedad fabrica el “comedero”

Imaginemos al agujero negro avanzando por una nube de gas. Las partículas que pasan cerca son desviadas por su gravedad. Llegan desde distintas direcciones, convergen detrás del objeto y forman una estela comprimida. Parte de ese material pierde suficiente energía como para quedar atrapado, circular alrededor del agujero negro y finalmente caer hacia él.

La teoría existe desde hace mucho tiempo. Lo que faltaba era ver sus diferentes piezas alrededor de un agujero negro de masa intermedia errante. En UGCA 320, el equipo identifica gas poco denso aguas arriba, una concentración mucho mayor aguas abajo y material ya capturado en el interior. Para los autores, esa combinación convierte al sistema en la primera evidencia observacional convincente de este canal de alimentación.

Además, las nubes interiores podrían explicar otro comportamiento extraño: el agujero negro parece cambiar de aspecto con los años. Las líneas anchas de hidrógeno visibles en 2021 se debilitaron drásticamente en observaciones posteriores. La interpretación es que grandes grumos de gas cruzan nuestra línea de visión y ocultan temporalmente las regiones más luminosas.

Y eso podría explicar cómo sobreviven los agujeros negros expulsados del centro

Este mecanismo importa porque existe un problema bastante básico con los agujeros negros errantes. Los que viven en el centro de las galaxias disponen de varias formas de recibir combustible. Las fusiones, colisiones entre nubes y movimientos del disco galáctico pueden empujar gas hacia ellos. Un agujero negro abandonado lejos del núcleo no tiene necesariamente ese privilegio.

Sin embargo, los modelos cosmológicos predicen que deberían existir muchos objetos de este tipo, posiblemente reliquias de antiguas fusiones y semillas de los gigantes supermasivos que hoy ocupan los centros galácticos.

UGCA320-IMBH sugiere una salida sorprendentemente sencilla: quizás no necesitan encontrar una gran reserva de combustible. Pueden fabricar una mientras avanzan. Cada kilómetro recorrido por el gas galáctico permitiría que su propia gravedad desviara material, lo amontonara detrás y dejara listo parte del siguiente alimento.

Todavía falta confirmar el escenario con más observaciones y, sobre todo, que el estudio supere la revisión científica. Pero si la interpretación resiste, este agujero negro no solo estaría vagando por su galaxia. Estaría convirtiendo su propio movimiento en una forma de comer mientras viaja.

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