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Juegos

Nintendo tenía una excusa perfecta para convertir ‘Ocarina of Time’ en otro Zelda moderno. Ha hecho justo lo contrario: rehízo Hyrule para Switch 2, pero dejó casi intacto el esqueleto que revolucionó los videojuegos en 1998

El remake de Ocarina of Time llegará el 5 de noviembre con gráficos rehechos, salto manual, voces y nuevas ayudas. Nintendo ha modernizado casi todo lo que rodea al juego, pero se niega a convertirlo en otro mundo abierto.
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Nintendo podía haber hecho prácticamente cualquier cosa con The Legend of Zelda: Ocarina of Time. Han pasado 28 años desde que Link salió por primera vez del Bosque Kokiri en Nintendo 64 y, entretanto, la propia saga ha cambiado radicalmente con Breath of the Wild y Tears of the Kingdom.

Podía transformar Hyrule en un gigantesco mundo abierto, desmontar las mazmorras clásicas y reconstruirlo alrededor de la libertad que define a los Zelda modernos. Ha decidido no hacerlo.

Durante el Direct por el 40 aniversario de la saga, Eiji Aonuma tomó una Nintendo Switch 2 y mostró el remake en funcionamiento por primera vez con bastante detalle. El juego llegará el 5 de noviembre de 2026, exclusivamente a Switch 2, y Nintendo lo está planteando como una reinterpretación fiel del clásico más que como una reinvención de sus reglas. Y eso deja una sensación curiosa: visualmente parece otro juego. Debajo sigue siendo aquel Zelda de 1998.

Nintendo está cambiando hasta la forma de tocar la ocarina, pero no quiere desmontar el juego

Nintendo tenía una excusa perfecta para convertir ‘Ocarina of Time’ en otro Zelda moderno. Ha hecho justo lo contrario: rehízo Hyrule para Switch 2, pero dejó casi intacto el esqueleto que revolucionó los videojuegos en 1998
© Nintendo.

El salto gráfico es evidente. Kokiri Forest, Hyrule Field, personajes, iluminación y escenarios han sido reconstruidos para hardware moderno, con una presentación mucho más detallada que la geometría que Nintendo 64 podía mover en su momento.

La dirección artística mezcla personajes muy estilizados con materiales, iluminación y escenarios bastante más realistas. Es precisamente esa combinación la que ha generado comparaciones con las innumerables demostraciones hechas durante años por aficionados recreando Ocarina of Time con Unreal Engine. Pero reducirlo a un lavado gráfico se quedaría corto.

Link podrá saltar manualmente pulsando un botón, frente al salto automático del original. Habrá cámara libre, ajustes en movimiento y combate y una nueva ayuda denominada “Threads of Time” para orientar al jugador. Nintendo también ha añadido voces a las cinemáticas y una de las ideas más peculiares aprovecha el micrófono: será posible tararear las melodías de la ocarina en lugar de introducirlas únicamente mediante botones.

El remake también funcionará a 60 fps, según los detalles mostrados durante la presentación. Es decir: Nintendo está dispuesta a tocar muchos de los pequeños elementos que revelan que Ocarina of Time nació en 1998. Lo que no quiere tocar demasiado es su estructura.

Hyrule seguirá teniendo límites. Y parece completamente intencionado

Aonuma describió el proyecto como una interpretación fiel utilizando tecnología moderna. Eso significa que no veremos un mapa reconstruido siguiendo la filosofía de Breath of the Wild ni una Hyrule diseñada para poder escalar prácticamente cualquier superficie. Seguirán existiendo zonas diferenciadas, mazmorras, progresión y un recorrido mucho más dirigido.

Es una decisión interesante porque Ocarina of Time fue precisamente uno de los juegos que ayudaron a establecer muchas de las reglas de la aventura tridimensional moderna: fijar enemigos, controlar una cámara alrededor del personaje, explorar un espacio central conectado con regiones diferenciadas y construir mazmorras tridimensionales alrededor de objetos específicos.

Modernizar demasiado todo eso puede terminar borrando aquello que se supone que Nintendo quiere conservar. Y existe otro detalle: Ocarina of Time ya recibió un remake en Nintendo 3DS en 2011. Esta nueva versión, por tanto, tiene que justificar por qué reconstruir otra vez un juego que lleva casi tres décadas siendo relanzado.

La respuesta de Nintendo parece ser convertirlo en algo accesible para quien nunca tuvo una Nintendo 64, pero sin convertirlo en un Zelda diseñado en 2026.

Y Nintendo apenas ha dejado dos meses entre enseñarlo y venderlo

El calendario también rompe con la costumbre de presentar grandes videojuegos años antes de que lleguen. Nintendo confirmó formalmente el remake este mismo año y el 8 de septiembre enseñó su gameplay más extenso. El 5 de noviembre estará en las tiendas, menos de dos meses después. Incluso habrá una Switch 2 especial por el 40 aniversario de Zelda, aunque curiosamente no incluirá el juego. La consola y un Pro Controller temático llegarán el 29 de octubre, una semana antes del remake.

La apuesta, al final, parece bastante clara. Nintendo no está intentando demostrar cómo sería Ocarina of Time si hubiera sido diseñado hoy. Está intentando averiguar cuánto puede modernizar un juego de 1998 antes de que deje de sentirse como el juego de 1998 que quiere conservar. Y en un remake de uno de los títulos más influyentes que ha producido la industria, esa línea probablemente sea bastante más complicada de dibujar que cualquier nuevo Hyrule.

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