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A la izquierda, una jirafa normal. A la derecha, una de las dos únicas jirafas enanas que se conocen

Nigel, una de las jirafas enanas, fotografiada en Namibia en marzo de 2018
Nigel, una de las jirafas enanas, fotografiada en Namibia en marzo de 2018
Foto: Emma Wells, GCF

En 2015, Michael Brown y sus colegas estaban realizando estudios fotográficos de las jirafas de Nubia cuando vieron un ejemplar paticorto que tenía aproximadamente la mitad de altura que una jirafa normal adulta.

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“La reacción inicial fue un poco de curiosa incredulidad”, dijo el biólogo a Gizmodo. “El guardabosques con el que estábamos trabajando y yo nos miramos el uno al otro para confirmar que estuviéramos viendo lo mismo”.

Gimli, como fue apodada la jirafa en honor al enano de El Señor de los Anillos, era la única jirafa enana del Parque Nacional de las Cataratas Murchison, en Uganda. Tenía las proporciones de un corgi, con el cuello en proporción a su cuerpo, y debía de tener más de un año, lo que la convertía en subadulta.

Tres años después, el mismo equipo encontró otra jirafa macho de proporciones similares en una granja privada de Namibia. Se llamaba Nigel.

A la izquierda, Gimli, la jirafa enana de Uganda. A la derecha, Nigel, la jirafa enana de Namibia
A la izquierda, Gimli, la jirafa enana de Uganda. A la derecha, Nigel, la jirafa enana de Namibia
Foto: Michael Brown / Emma Wells / GCF

Al analizar detalladamente las fotos de los dos especímenes, Brown y sus colegas pudieron medir las dimensiones de sus extremidades y cuellos, comparándolos con los de otras jirafas de sus respectivas poblaciones.

Según un informe publicado en BMC Research Notes, Gimli tenía los metacarpianos (los huesos que forman la parte más baja de las extremidades delanteras) de un 58% de la longitud de otras jirafas. Tanto Gimli como Nigel tenían los huesos largos de la parte superior de las piernas significativamente cortos, y Nigel tenía el cuello y los dedos de los pies más cortos de lo normal.

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Los investigadores creen que estas jirafas tienen displasia esquelética, una serie de trastornos que afecta al crecimiento de huesos y cartílagos, lo que puede conducir al enanismo. Las displasias que afectan a la estructura ósea y el crecimiento están bien documentadas en humanos y animales domésticos, como perros, gatos y vacas, pero encontrarlas en la naturaleza es extremadamente raro.

Aunque no está claro por qué se ha dado en dos poblaciones de jirafas distintas, se conocen casos de displasia en animales cautivos que son resultado de la endogamia y la baja diversidad genética. Hoy en día hay más de 1300 jirafas en la población de Uganda, pero hace décadas había menos de 80, por lo que ese cuello de botella poblacional del pasado se puede estar manifestando aún en el presente.

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Gimli y Nigel, sin embargo, lo van a tener difícil para perpetuar sus genes. Las patas largas son importantes para correr y patear a sus depredadores, así como para reproducirse: su diminuta altura los pone en desventaja en la competición con otros machos para conseguir pareja, además de para aparearse con las jirafas hembra, que también son el doble de altas.

Si sobrevivieron a la infancia probablemente sea porque no hay muchos casos de depredación en estas poblaciones.

Matías tiene dos grandes pasiones: Internet y el dulce de leche