En geología, el granate no es solo una gema de joyería: es un testigo. Se forma bajo condiciones muy específicas de calor y presión, y su presencia en una roca cuenta, con una precisión que pocas sustancias igualan, qué tipo de fuerzas actuaron sobre esa roca y cuándo. Por eso el descubrimiento de granos de granate en un meteorito proveniente de Marte, publicado en la revista Geochemical Perspectives Letters, es algo más que una curiosidad mineralógica.
Es la primera vez que se registra este mineral en el planeta rojo, y el fragmento que lo contiene mide apenas 0,8 por 0,5 milímetros. Cabe holgadamente sobre la punta de un dedo.
Un mineral que casi pasa desapercibido

El meteorito en cuestión se llama NWA 8171 y forma parte de las colecciones del Museo Real de Ontario, en Canadá. Tanya Kizovski, profesora de Ciencias de la Tierra de la Universidad de Brock y directora del estudio, recuerda que la química de los granos resultaba «un poco extraña» desde el principio, pero que el equipo asumió inicialmente que se trataba de piroxeno, un mineral muy común en rocas marcianas. Fue solo al dar un segundo vistazo cuando la identificación cambió.
La variedad hallada no es el granate rojo sangre de la joyería: es andradita, una forma rica en hierro de tonalidad verde amarillenta. Precisamente ese color, demasiado parecido al de otros minerales comunes en meteoritos, estuvo a punto de hacer que los investigadores lo ignoraran por completo.
Qué dice el granate sobre la historia de Marte

En la Tierra, el granate es característico de rocas metamórficas: aquellas que fueron sometidas a calor extremo, alta presión o fluidos calientes hasta transformarse en algo nuevo. Su presencia en Marte implica que el planeta rojo experimentó procesos geológicos de una intensidad que hasta ahora no había quedado registrada en ninguna muestra conocida.
Kizovski señala que esas condiciones en Marte podrían haber sido generadas por el impacto de un meteorito sobre la superficie, por el ascenso de magma a través de la corteza, o por ambos fenómenos a la vez. En cualquier caso, el fragmento funciona como una cápsula del tiempo: preserva información sobre temperaturas, presiones y procesos que ocurrieron hace miles de millones de años, cuando Marte era un mundo geológicamente activo.
La pregunta sin responder: ¿es marciano o llegó de afuera?
El equipo no descarta una posibilidad más exótica: que el granate no se haya formado en Marte sino que haya llegado con el impacto de otro meteorito, uno procedente de un tercer cuerpo del sistema solar. Para distinguir entre las dos opciones habría que analizar las firmas isotópicas del oxígeno en el mineral, que actuarían como una huella dactilar del entorno donde se formó.
El problema es que ese análisis requeriría destruir parte de la muestra. Y el equipo se niega a hacerlo por una razón de peso: podría ser el único fragmento marciano con granate que existe disponible para la ciencia. Destruir una porción para identificar su origen implicaría perder para siempre una parte del objeto más raro de su tipo.
Para James Darling, catedrático de la Universidad de Portsmouth y coautor principal del estudio, el descubrimiento «añade una nueva y sorprendente dimensión a nuestra comprensión de la geología de Marte». Kizovski va más lejos: considera que este nuevo tipo de roca podría dar claves sobre cómo cambió el planeta a lo largo de su historia de 4.500 millones de años, y sobre qué condiciones ambientales existieron en los entornos donde se formó el granate. Ambos apuntan a que hay más por encontrar, aunque el camino para encontrarlo pase por no destruir lo poco que ya se tiene.