Saltar al contenido
Ciencia

El faro que inspiró a Julio Verne no es el que la mayoría de los turistas fotografía: la confusión que persiguió al ‘fin del mundo’ durante más de un siglo

Miles de turistas navegan el canal Beagle cada año convencidos de que están viendo el faro que inspiró a Julio Verne. Se equivocan de torre. El verdadero protagonista de la novela lleva casi 125 años apagado, en la isla más inhóspita del extremo sur argentino
Por

Tiempo de lectura 4 minutos

Comentarios (0)

Cada 7 de agosto se conmemora el Día del Faro, en referencia a la ley que el Congreso de Estados Unidos aprobó ese mismo día en 1789 para poner a todos los faros del país bajo control federal, sentando las bases del primer sistema organizado de señalización marítima de la historia moderna. Según documenta la United States Lighthouse Society, el propio presidente George Washington firmó aquella norma, que con el tiempo inspiró homenajes similares en comunidades marítimas de otros países.

De las primeras hogueras al Faro de Alejandría

Faro De Alejandria
© Por Attaleiv; Woodcut by Sidney Barclay digitized by Google (gravure sur bois de Sidney Barclay numérisée Google) – English: Book Journey to the Seven Wonders of the World Augé de LassusFrançais: ouvrage Voyage aux Sept merveilles du monde Augé de Lassus, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=4457322

Mucho antes de las torres de piedra, los marinos dependían de señales simples para orientarse de noche cerca de la costa. Fenicios, griegos y egipcios entendieron que una llama encendida en lo alto podía advertir la cercanía de tierra o marcar la entrada de un puerto. No existió un único inventor de los faros: su origen respondió a una necesidad compartida por las grandes civilizaciones marítimas de reducir los riesgos de navegar sin referencias visibles.

El gran salto llegó en el siglo III a.C. con el Faro de Alejandría, en la isla de Faros, frente a la ciudad fundada por Alejandro Magno. Construido durante los reinados de Ptolomeo I y Ptolomeo II, y atribuido tradicionalmente al arquitecto Sóstrato de Cnido, alcanzaba entre 100 y 120 metros de altura y terminó incluido entre las Siete Maravillas del Mundo Antiguo. Sobrevivió más de mil años, hasta que una serie de terremotos entre los siglos X y XIV lo derribó por completo.

La lente que convirtió a los faros en instrumentos de precisión

Lente De Fresnell
© By Adolphe Ganot – Downloaded from Adolphe Ganot (1872) Natural Philosophy for General Readers and Young Persons, D. Appleton & Co., New York, p.328, fig.257 (translated with permission from Ganot’s Cours Élémentaire de Physique by Edmund Atkinson), Public Domain, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=3239871

Durante siglos, los faros evolucionaron apenas en su combustible: de la madera y el carbón al aceite y el queroseno, buscando siempre una luz más intensa. El verdadero salto tecnológico llegó en 1822, cuando el físico francés Augustin-Jean Fresnel desarrolló una lente compuesta por anillos de prismas capaz de concentrar la luz de una fuente relativamente débil y proyectarla a distancias mucho mayores que cualquier sistema anterior.

A partir de ahí, cada faro pudo programar un patrón de destellos único, lo que permitió a los navegantes identificar exactamente qué costa tenían enfrente solo por la secuencia de la luz. La lente Fresnel se convirtió en el estándar mundial de la navegación marítima durante más de un siglo, y muchas todavía siguen en funcionamiento hoy.

El faro que inspiró a Julio Verne (y que casi nadie visita)

Faro Del Fin Del Mundo
© Alexandre.ROSA – Shutterstock

El 25 de mayo de 1884, durante la presidencia de Julio Argentino Roca, se inauguró el Faro San Juan de Salvamento en la Isla de los Estados, frente al extremo oriental de Tierra del Fuego, para asistir a los barcos que cruzaban una de las rutas marítimas más peligrosas del mundo. No era una torre monumental, sino una austera construcción octogonal de madera, integrada a la vivienda de quienes debían mantener la luz encendida.

Ese paisaje remoto inspiró al escritor francés Julio Verne, que escribió su novela El faro del fin del mundo, publicada en 1905, tres años después de su muerte. La obra convirtió al lugar en un símbolo mundial, aunque generó una confusión que persiste hasta hoy: la mayoría de los turistas que navegan el canal Beagle identifican como el faro de Verne a Les Éclaireurs, la torre blanca y roja frente a Ushuaia, que en realidad se inauguró recién en 1920, treinta y seis años después que el verdadero San Juan de Salvamento.

Un faro abandonado, recuperado y protegido

El Faro San Juan de Salvamento dejó de funcionar en 1902, cuando se comprobó que la niebla frecuente de la zona reducía demasiado el alcance de su señal, y fue reemplazado por el Faro Año Nuevo, en la isla Observatorio, con mejores condiciones de visibilidad. Durante décadas quedó abandonado, hasta que a fines de los años noventa una expedición franco-argentina recuperó sus restos arqueológicos y reconstruyó una réplica sobre sus cimientos originales.

El sitio recibió protección oficial en distintas etapas: primero como Monumento Histórico Nacional en 1976, y más tarde, tras el traslado de los restos originales al Museo Marítimo y del Presidio de Ushuaia, como Lugar Histórico Nacional en 1999, junto con el antiguo puerto de San Juan de Salvamento.

Por qué los faros nunca dejaron de encenderse

Con la llegada de la electricidad, la radio y más tarde los sistemas satelitales, muchos imaginaron que los faros terminarían apagados y olvidados. No fue así: aunque dejaron de ser la única referencia disponible para los barcos, siguieron prestando servicio en numerosos puertos y hoy forman parte del patrimonio histórico de las naciones marítimas que durante siglos dependieron de ellos. Incluso en una era de navegación satelital y sistemas asistidos por inteligencia artificial, buena parte de esas luces se sigue encendiendo cada noche.

Compartir esta historia

Artículos relacionados