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Ciencia

Un nuevo estudio revela la actividad que muchos niños hacen por diversión y podría mejorar una capacidad esencial antes de los 6 años

Un estudio con niños en edad preescolar encontró una relación llamativa entre el uso temprano de bicicletas de equilibrio y una capacidad fundamental para desenvolverse en el día a día.
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Aprender a andar en bicicleta suele convertirse en uno de esos recuerdos que acompañan a una persona durante toda la vida. Al principio aparecen los intentos, las caídas y la dificultad para mantener la estabilidad. Después, casi sin darse cuenta, el niño comienza a controlar el movimiento y puede desplazarse por sí mismo. Pero detrás de esa actividad aparentemente sencilla podría existir algo más.

Una investigación realizada con niños en edad preescolar descubrió que determinados ejercicios con bicicletas de equilibrio pueden producir mejoras en una capacidad especialmente importante durante los primeros años de vida. Los resultados apuntan a que esta actividad no solo sirve para jugar, moverse o pasar tiempo al aire libre, sino que también puede contribuir al desarrollo físico de una manera más amplia.

El estudio fue realizado por investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela, en España, y analizó a 98 niños de entre 3 y 5 años. La investigación se centró en comprobar qué ocurría cuando las bicicletas de equilibrio se incorporaban de forma estructurada a las actividades físicas habituales.

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© FreePik

Nueve semanas que cambiaron el rendimiento de los niños

Los investigadores seleccionaron a niños con una edad media de 3,86 años y los dividieron en dos grupos. Uno de ellos, formado por 59 participantes, siguió un programa específico basado en bicicletas de equilibrio. Los otros 39 niños integraron el grupo de control y continuaron con sus actividades habituales.

El programa se extendió durante nueve semanas. Durante ese periodo, los niños que participaron en el experimento realizaron tres sesiones semanales de 50 minutos, dirigidas por un especialista en educación física. Las bicicletas utilizadas no tenían pedales, por lo que los pequeños debían impulsarse directamente con las piernas mientras intentaban mantener la estabilidad.

Sin embargo, las sesiones no consistieron simplemente en aprender a desplazarse sobre una bicicleta. Los investigadores diseñaron diferentes ejercicios destinados a trabajar varias capacidades físicas al mismo tiempo.

Los participantes realizaron pruebas relacionadas con la destreza manual, el lanzamiento y la recepción de objetos, además de diferentes actividades destinadas a poner a prueba su equilibrio. Entre los ejercicios había acciones como permanecer sobre una sola pierna, caminar con los talones elevados o saltar sobre diferentes superficies.

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© Mutia188 – shutterstock

Al finalizar las nueve semanas, los investigadores compararon el rendimiento de ambos grupos. Los resultados mostraron mejoras entre los niños que habían participado en el programa con bicicletas de equilibrio, especialmente en determinadas habilidades relacionadas con el control corporal.

Los avances fueron especialmente visibles en el equilibrio y la destreza manual, aunque también se observaron progresos en actividades relacionadas con la puntería y la recepción de objetos.

La capacidad que se desarrolla mientras el niño intenta no caerse

La explicación puede estar en la cantidad de movimientos que una bicicleta de equilibrio obliga a coordinar simultáneamente. Mientras se desplaza, el niño necesita impulsarse con las piernas, mantener el cuerpo estable, controlar la dirección y modificar constantemente su postura para evitar perder el equilibrio.

Todo esto requiere que diferentes partes del cuerpo trabajen de manera coordinada. Por eso, los investigadores relacionaron la actividad con la llamada competencia motora, una capacidad que permite ejecutar movimientos de forma eficaz, coordinada y controlada.

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© Parilov – shutterstock

Durante la infancia, esta habilidad resulta especialmente importante. Acciones tan habituales como correr, saltar, lanzar un objeto, atrapar una pelota o simplemente mantenerse de pie dependen de diferentes componentes de la competencia motora.

Los primeros años de vida representan además una etapa especialmente relevante para adquirir estas capacidades. En ese periodo, el cuerpo y el sistema nervioso están experimentando un importante desarrollo, por lo que las experiencias de movimiento pueden desempeñar un papel destacado.

La bicicleta de equilibrio reúne varias de esas experiencias en una sola actividad. El niño no solo aprende a desplazarse, sino que debe tomar decisiones constantes sobre su posición corporal y ajustar sus movimientos para mantenerse estable.

Los autores del estudio concluyeron que un programa estructurado basado en bicicletas de equilibrio puede contribuir al desarrollo de la competencia motora durante la etapa preescolar, con efectos particularmente destacados sobre el equilibrio y la destreza manual.

Aun así, el hallazgo tiene una importante salvedad. Los investigadores consideran necesario realizar nuevos estudios para comprobar si estas mejoras permanecen durante más tiempo y para determinar qué efectos pueden tener este tipo de programas cuando se aplican de forma prolongada durante la primera infancia.

El resultado, por tanto, no significa que aprender a andar en bicicleta antes de los 6 años garantice por sí solo un mejor desarrollo motor. Sí plantea, en cambio, una posibilidad interesante: una actividad que muchos niños realizan simplemente por diversión podría estar entrenando, al mismo tiempo, algunas de las capacidades físicas que utilizarán durante buena parte de su vida.

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