La industria de los satélites tiene un problema de energía. La gran mayoría depende de paneles solares y baterías para poder funcionar, pero son sistemas que tienen limitaciones ya que no siempre hay luz solar y las baterías tradicionales se desgastan rápidamente. La solución que propone una compañía es equipar a los satélites con diminutas fuentes de energía nuclear, y acaban de enviar a la órbita un prototipo.
La misión compartida Transporter-17 de SpaceX lanzó 81 satélites y entre ellos está el satélite Betavoltaico Orbital de Alta Confiabilidad (BOHR, en inglés) creado por City Labs de Florida. Es un pequeño cubesat, o satélite cubo, el primer satélite nuclear comercial que se haya lanzado, y que fue diseñado para probar la tecnología betavoltaica “NanoTritium” de la compañía.
“Este es un paso histórico para la energía nuclear comercial en el espacio”, dijo el CEO de City Labs Peter Cabauy, en declaraciones. “El BOHR demuestra que los sistemas de energía nuclear, seguros, compactos y aprobados, están a disposición para su uso comercial de rutina. Esta capacidad permite operaciones que persisten y que no se ven limitadas por la luz solar o la vida útil de la batería”.
Los vuelo espaciales comerciales inician su era nuclear
El tritium o tritio, conocido también como hidrógeno-3, es un isótopo radiactivo del hidrógeno que al descomponerse emite partículas beta que pueden aprovecharse directamente como energía eléctrica mediante el uso de un semiconductor. Esto forma la base de la tecnología betavoltaica de City Labs.
“A diferencia de las baterías convencionales que almacenan cantidades finitas de energía química, la betavoltaica genera energía de bajo nivel continuamente a partir de la descomposición natural del tritio”, explican en el sitio web desde la compañía. “Eso quiere decir que sirven para sistemas que tienen que operar de manera prolongada y confiable sin reemplazos ni mantenimiento de rutina”, como sucede con los satélites, por ejemplo.
El satélite BOHR está equipado con la tecnología NanoTritium pero no es esa su fuente de energía ya que el cubesat sigue dependiendo de la energía solar para las operaciones generales. El sistema nanotritium brinda energía y validación como demostración que busca probar que la tecnología es capaz de mantener en funcionamiento un instrumento aunque no haya energía solar.
Si la misión alcanza sus objetivos, marcará un hito en el camino comercial de los sistemas de energía nuclear en naves espaciales, en términos de su validación técnica y su precedente regulatorio. Según City Labs la nave espacial BOHR es la primera misión nuclear comercial en ejercer la aprobación de la Administración Federal de Aviación para los lanzamientos nucleares que se aprobó en septiembre de 2025 y prepara el camino para misiones futuras.
“La innovación no está solo en la tecnología sino en la parte regulatoria”, le dijo Cabauy a Payload. “Desde hace décadas se usa la energía nuclear, y lo ha podido hacer la NASA y otras agencias gubernamentales del mundo, pero para llevarlo al siguiente nivel, esto tiene que ser comercial”.
Si bien se marca un hito importante en los vuelos espaciales comerciales, las naves espaciales con energía nuclear no son algo nuevo ya que los exploradores de la NASA en Marte, el Perseverance y el Curiosity, se alimentan con energía de plutonio, un radioisótopo que genera calor al degradarse. Las sondas Voyager y la nave New Horizons utilizan un sistema de plutonio.
La energía nuclear, más allá de la órbita
El objetivo de City Labs es enviar su tecnología NanoTritium más allá de la baja órbita terrestre. Si logra demostrar que funciona, este sistema de energía nuclear podría permitir que las nuevas naves espaciales lleguen allí donde no pueden funcionar los vehículos actuales, al menos no durante períodos prolongados.
Como la NASA tiene los ojos puestos en la Luna, y en particular en su polo sur que siempre está en las sombras, se trata de encontrar una forma en que las naves espaciales operen sin luz solar. City Labs cree que su tecnología es la primera respuesta comercial a este problema. Cuando el sistema logre escalar, podría brindar energía a la infraestructura de una base lunar o a los sistemas de transporte en la Luna.
Puede ser que haya que esperar un poco para todo eso, pero la misión BOHR marca un punto de inflexión en la industria de los vuelos espaciales. A medida que la humanidad expande sus horizontes hacia lo más profundo del espacio, los sistemas de energía solar no podrán brindar a energía suficiente.