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Ciencia

África está levantando una “muralla verde” de 8.000 kilómetros contra la desertificación. Quiere devolver la vida a 100 millones de hectáreas, casi dos veces la superficie de España, antes de 2030

La Gran Muralla Verde nació como una inmensa barrera de árboles desde Senegal hasta Yibuti. Diecinueve años después, el proyecto es mucho más grande: restaurar suelos, recuperar pastizales y cultivos, almacenar 250 millones de toneladas de carbono y crear 10 millones de empleos en una de las regiones más castigadas del planeta.
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Si el plan original se hubiera ejecutado literalmente, África habría terminado con una gigantesca línea de árboles atravesando el continente de oeste a este. Un corredor verde de unos 8.000 kilómetros, desde Senegal hasta Yibuti, levantado frente a una de las regiones más áridas del planeta.

Aquella idea lanzada por la Unión Africana en 2007 sigue viva, pero ha cambiado radicalmente.

La Gran Muralla Verde ya no pretende plantar una pared continua frente al Sahara. Su objetivo actual es mucho más ambicioso: convertir millones de hectáreas degradadas del Sahel en un mosaico de bosques, tierras agrícolas, pastizales, zonas de regeneración natural y sistemas capaces de conservar agua y suelo.

La cifra final cuesta incluso visualizarla: 100 millones de hectáreas restauradas para 2030, equivalentes a un millón de kilómetros cuadrados. España tiene unos 506.000.

La “muralla” dejó de ser una fila de árboles porque el problema era mucho mayor

África está levantando una “muralla verde” de 8.000 kilómetros contra la desertificación. Quiere devolver la vida a 100 millones de hectáreas, casi dos veces la superficie de España, antes de 2030
© David Rose/Panos.

El Sahel se extiende inmediatamente al sur del Sahara y alberga a más de 135 millones de personas. Es una región donde la degradación del suelo, las sequías, la inseguridad alimentaria y el aumento de las temperaturas se mezclan con pobreza y conflictos.

Plantar árboles sin más no podía solucionar todo eso.

Por eso la Gran Muralla Verde evolucionó hacia una estrategia de restauración de paisajes completos. Dependiendo del lugar puede significar plantar acacias, permitir que árboles antiguos vuelvan a brotar desde sus raíces, crear cortavientos, proteger zonas de pastoreo, recuperar suelos agrícolas o construir sistemas que retengan el agua durante las lluvias.

En Senegal, por ejemplo, proyectos recientes están recuperando terrenos para crear bancos de forraje que permiten alimentar al ganado durante la estación seca. También se han creado viveros comunitarios para recuperar especies como acacias y Balanites aegyptiaca en áreas donde habían desaparecido.

La meta continental va todavía más allá: además de las 100 millones de hectáreas, pretende capturar 250 millones de toneladas de carbono y generar 10 millones de empleos verdes antes de 2030.

El problema es que 2030 está cada vez más cerca

África está levantando una “muralla verde” de 8.000 kilómetros contra la desertificación. Quiere devolver la vida a 100 millones de hectáreas, casi dos veces la superficie de España, antes de 2030
© Unsplash / Nick Fewings.

La escala también explica por qué el proyecto avanza de forma muy desigual. Las cifras históricas de Naciones Unidas hablaban de casi 18 millones de hectáreas restauradas, pero medir la iniciativa se ha convertido en un problema en sí mismo. El último seguimiento del acelerador de la Gran Muralla Verde ofrece una imagen mucho más cautelosa.

A finales de 2025 había 389 proyectos registrados, pero menos de 90 proporcionaban datos compatibles con el nuevo sistema armonizado de seguimiento. Solo esos proyectos documentaban 1,66 millones de hectáreas bajo restauración, 24 millones de toneladas de CO₂ mitigadas o almacenadas y 4,6 millones de empleos creados. Naciones Unidas advierte expresamente de que existe un enorme vacío de información, por lo que estas cifras no representan necesariamente todo lo realizado sobre el terreno.

A ello se suma el dinero. Se han comprometido miles de millones de dólares, pero los organismos internacionales siguen señalando que la financiación disponible está lejos de cubrir todo lo necesario para alcanzar los objetivos de 2030.

Si funciona, no habrá una muralla visible desde el espacio: habrá algo mucho más grande

Esa es quizá la imagen que más ha cambiado desde 2007. La Gran Muralla Verde probablemente nunca será una gigantesca franja perfectamente definida de árboles cruzando África. En muchos lugares ni siquiera sería ecológicamente deseable.

Lo que podría aparecer en su lugar es una sucesión de millones de parcelas recuperadas, árboles mezclados con cultivos, pastizales regenerados, reservas de forraje, suelos capaces de volver a producir alimentos y comunidades con nuevas fuentes de ingresos.

La propia UNCCD ha llegado a describir el proyecto, si alcanza su escala prevista, como una futura “maravilla mundial” viva de 8.000 kilómetros.

África comenzó intentando plantar árboles frente al desierto. Casi dos décadas después, el desafío es muchísimo mayor: recuperar antes de 2030 una superficie degradada equivalente a casi dos Españas y demostrar que uno de los proyectos ambientales más grandes jamás imaginados puede funcionar a escala continental.

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