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Ciencia

Algo extraño está ocurriendo bajo nuestros pies. El campo magnético de la Tierra se está deformando y amenaza a los satélites

Durante once años, una constelación de satélites ha detectado un fenómeno inquietante: el campo magnético terrestre está mostrando signos de debilitamiento sobre el Atlántico Sur. La llamada “Anomalía del Atlántico Sur” podría exponer a los satélites —e incluso a la Estación Espacial Internacional— a una peligrosa dosis de radiación.
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El campo magnético de la Tierra es un escudo silencioso, una fuerza invisible que desvía las partículas solares y la radiación cósmica. Sin él, la vida en la superficie sería imposible. Pero ese escudo no es estático: cambia, se deforma y, a veces, se debilita.

A tres mil kilómetros bajo tierra, en el núcleo externo del planeta, un océano de hierro fundido gira como una dinamo. Su movimiento genera corrientes eléctricas que alimentan el campo magnético global. Es un sistema complejo, tan delicado que una mínima variación en la velocidad o composición de ese fluido puede alterar todo el equilibrio.

Y eso, precisamente, parece estar ocurriendo ahora.

La anomalía que crece bajo el Atlántico

El escudo invisible de la Tierra muestra grietas. Los científicos advierten que una anomalía magnética se expande bajo el Atlántico
© X – @conscientedice.

Desde 2013, una flota de tres satélites europeos —la misión Swarm— ha vigilado el comportamiento del campo magnético. Sus datos, analizados durante más de una década, revelan un patrón inquietante: una región de campo débil que se extiende sobre el Atlántico Sur, justo entre Sudamérica y África.

Los científicos la han bautizado como la Anomalía del Atlántico Sur. En once años, su tamaño se ha duplicado, alcanzando un área casi equivalente a la mitad de Europa.

En esa región, los satélites que orbitan a baja altitud sufren fallos electrónicos, reinicios espontáneos o pérdidas de señal. Incluso los astronautas que atraviesan la zona a bordo de la Estación Espacial Internacional pueden quedar expuestos a dosis más altas de radiación.

Lo que ocurre bajo nuestros pies

El escudo invisible de la Tierra muestra grietas. Los científicos advierten que una anomalía magnética se expande bajo el Atlántico
© ESA.

El nuevo estudio, publicado en Physics of the Earth and Planetary Interiors, sugiere que el origen del fenómeno está mucho más abajo, en la frontera entre el núcleo externo líquido y el manto rocoso del planeta.

Allí, las corrientes del hierro fundido parecen comportarse de manera anómala. El investigador Chris Finlay, de la Universidad Técnica de Dinamarca, lo describe así: “Normalmente, las líneas del campo magnético salen del núcleo en el hemisferio sur. Pero bajo la Anomalía del Atlántico Sur vemos zonas donde el campo, en lugar de salir, vuelve hacia el núcleo”.

Es decir, el escudo magnético de la Tierra no solo se está debilitando: se está invirtiendo localmente. Un fenómeno que podría alterar la trayectoria de las partículas cargadas y explicar el incremento de radiación en la zona.

Un campo que se desplaza y muta

El escudo invisible de la Tierra muestra grietas. Los científicos advierten que una anomalía magnética se expande bajo el Atlántico
© ESA.

Los investigadores también observaron que la anomalía no es un bloque fijo. Una de sus zonas más débiles se mueve lentamente hacia el oeste, sobre África, mientras el campo se fortalece sobre Siberia y se debilita sobre Canadá.

Este desplazamiento constante afecta a los sistemas de navegación, comunicaciones y observación satelital. La dinámica entre las regiones de fuerte y débil magnetismo puede modificar la forma en que los satélites reciben radiación, aumentando el riesgo de daños electrónicos.

“Es un proceso que no comprendemos del todo, pero los datos sugieren que el campo magnético terrestre está más inestable de lo que creíamos”, concluye Finlay.

¿Un preludio de algo mayor?

Los científicos no descartan que este debilitamiento sea parte de un ciclo natural. El campo magnético de la Tierra se ha invertido múltiples veces en el pasado: lo que hoy es el norte magnético alguna vez fue el sur. Pero esos procesos suelen tardar miles de años.

Por ahora, la preocupación no es el fin del mundo, sino los efectos inmediatos: fallos en satélites, interrupciones en sistemas GPS y una exposición creciente a la radiación en órbita baja.

La Anomalía del Atlántico Sur es, en cierto modo, un recordatorio de que el planeta sigue vivo, respirando hierro fundido bajo nuestros pies. Y que ese corazón, aunque invisible, marca el ritmo de nuestra supervivencia tecnológica.

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