Durante décadas, la cosmología ha funcionado con una idea sorprendentemente simple: el universo se expande porque existe una energía oscura constante que empuja el espacio hacia afuera. Esa hipótesis, conocida como Lambda-CDM, ha explicado con notable éxito la evolución del cosmos desde el Big Bang.
El problema es que los números ya no encajan del todo.
Las observaciones más recientes muestran que la tasa de expansión del universo no coincide exactamente con lo que predice el modelo estándar. La diferencia es pequeña, pero persistente. Y cuando los errores no desaparecen, la física empieza a sospechar que algo fundamental falta en la ecuación.
El conflicto que puso en jaque al modelo cosmológico

El debate se intensificó con los datos del Instrumento Espectroscópico de Energía Oscura (DESI), instalado en el telescopio Mayall, en Arizona. Sus mediciones a gran escala del movimiento de las galaxias indican que la expansión cósmica podría estar evolucionando de forma distinta a la prevista.
Según Lambda-CDM, la energía oscura es constante e inmutable. Pero DESI sugiere que el ritmo del universo podría no ser tan uniforme. Ahí es donde entra una propuesta tan extraña como provocadora.
¿Y si el espacio tuviera viscosidad?
En un estudio publicado en el servidor de preimpresión arXiv, el investigador Muhammad Ghulam Khuwajah Khan, del Instituto Indio de Tecnología, plantea una idea radical: el espacio podría tener viscosidad volumétrica.
En física, la viscosidad mide la resistencia de un fluido a expandirse o comprimirse. Aplicado al cosmos, esto significaría que el vacío no se estira libremente, sino que ofrece una resistencia diminuta, casi imperceptible, pero acumulativa a escalas cósmicas.
La analogía es sencilla: expandir el universo no sería como inflar aire en el vacío, sino más parecido a hacerlo dentro de un líquido muy espeso.
Fonones espaciales y arrastre cósmico

Para describir este comportamiento, el modelo introduce un concepto poco habitual en cosmología: fonones espaciales. En la física del estado sólido, los fonones representan vibraciones colectivas dentro de un cristal. Khan propone algo similar, pero aplicado al tejido del espacio-tiempo. Estas vibraciones longitudinales funcionarían como ondas sonoras del vacío.
Durante la expansión del universo, esos fonones generarían un leve efecto de arrastre que frenaría ligeramente el alejamiento de las galaxias, ajustando así las predicciones teóricas a los datos observados por DESI. Según el estudio, este enfoque logra un ajuste notablemente preciso sin necesidad de modificar drásticamente otras leyes conocidas.
Una idea poderosa, pero todavía frágil

El propio autor es cauteloso. El trabajo aún no ha sido revisado por pares y no demuestra que la viscosidad del espacio exista realmente. También es posible que las discrepancias actuales se deban a limitaciones instrumentales o a errores estadísticos todavía no identificados.
Aceptar un vacío viscoso implicaría repensar la naturaleza misma del espacio, uno de los pilares más básicos de la física moderna.
Las próximas observaciones serán decisivas. Misiones como Euclid, junto con años adicionales de datos de DESI, permitirán comprobar si el universo realmente experimenta fricción al expandirse… o si el vacío sigue siendo tan perfecto como siempre creímos.
Porque si el espacio puede resistirse a estirarse, entonces no solo nuestro modelo cosmológico está incompleto: nuestra idea del vacío podría haber estado equivocada desde el principio.