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Ciencia

Cómo saben los científicos que el ámbar de la tumba de Tutankamón vino del Báltico: la huella química que viajó 4.000 km y sigue detectable 3.300 años después

El ámbar hallado en la tumba de Tutankamón y en otras tumbas de la Edad del Bronce en Egipto, Siria e Iberia puede ser identificado como proveniente del mar Báltico mediante espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR). La firma química diagnóstica, llamada 'hombro báltico', es una característica de absorción en los 1.150-1.250 cm⁻¹ que ningún otro tipo de ámbar posee. Una técnica de 2023 permite hacerlo de forma completamente no destructiva. Esta arqueoquímica confirma que hace 3.300 años existía una ruta comercial que conectaba el Báltico con el Nilo
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En 1922, Howard Carter abrió la tumba de Tutankamón y encontró, entre los miles de objetos del ajuar funerario del joven faraón, varias piezas de una resina dorada translúcida. Los arqueólogos las identificaron visualmente como ámbar. Pero ámbar hay en múltiples lugares del mundo: en el Báltico, en el Mediterráneo, en Birmania, en el Caribe. ¿Cómo saber de dónde venía exactamente el que estaba en esa tumba egipcia del siglo XIV a.C.?

La respuesta no vino de la historia ni de la geografía sino de la química analítica. El ámbar báltico tiene una firma molecular que ningún otro tipo de ámbar posee, una característica detectable con espectroscopía infrarroja que ha permitido a los arqueólogos rastrear el comercio prehistórico de este material con una precisión que habría parecido imposible hasta hace pocas décadas.

Qué es el ámbar y por qué el báltico es químicamente único

Una hormiga de hace 40 millones de años estaba escondida en el ámbar de Goethe. La ciencia moderna acaba de revelarla
© Shutterstock / RomanVX.

El ámbar es resina vegetal fosilizada. Durante millones de años, las resinas que segregaban ciertos árboles prehistóricos se polimerizaron y endurecieron hasta convertirse en un sólido orgánico con la composición química de los terpenoides que las producían. El ámbar báltico, llamado succinita, se formó hace entre 34 y 48 millones de años a partir de resinas de árboles del género Pinus en bosques que cubrían lo que hoy es el norte de Europa.

Lo que hace único al ámbar báltico es su concentración de ácido succínico, que puede alcanzar hasta el 8% de su composición. Ningún otro tipo de ámbar conocido tiene esa concentración. Cuando se analiza con espectroscopía infrarroja por transformada de Fourier (FTIR), el ámbar báltico produce un patrón de absorción distintivo en el rango de 1.150 a 1.250 cm⁻¹ que los investigadores llaman el «hombro báltico» (Baltic shoulder). Es una inflexión característica en el espectro infrarrojo que actúa como una huella dactilar química: si está, el ámbar es báltico. Si no está, viene de otro lugar.

Esta firma fue identificada por primera vez por el arqueólogo y químico Curt W. Beck en la década de 1960, en lo que fue uno de los primeros usos sistemáticos de la espectroscopía infrarroja en arqueología. Beck estableció que el hombro báltico era diagnóstico y comenzó a analizar piezas de ámbar de toda Europa y el Mediterráneo, mapeando retroactivamente las rutas comerciales prehistóricas a través de la química.

Del Báltico a Siria: el análisis confirma redes comerciales del Bronce Medio

Ambar Baltico
© Por Homik8 Michal Kosior – Trabajo propio, Dominio público, https://commons.wikimedia.org/w/index.php?curid=11043670

Los objetos de ámbar de la tumba de Tutankamón nunca han sido analizados químicamente de forma definitiva, un hecho que resulta sorprendente dada su fama. Sin embargo, otros hallazgos contemporáneos sí lo han sido, con resultados que confirman el alcance de las redes comerciales del Bronce Medio.

Un estudio publicado en la revista Antiquity analizó mediante pirolisis-cromatografía de gases/espectrometría de masas (Py-GC/MS) y FTIR las piezas de ámbar halladas en una tumba real de Qatna, Siria, datada hacia 1340 a.C., prácticamente contemporánea a Tutankamón. El análisis confirmó que el ámbar era de origen báltico, transportado probablemente a través del Egeo hasta la costa levantina. Un recipiente único en forma de león fabricado en Siria a partir de ese ámbar es la prueba material de que el material llegaba como materia prima y se trabajaba localmente.

Más hacia el oeste, un estudio publicado en Scientific Reports en 2023 identificó mediante FTIR la cuenta de ámbar báltico más antigua encontrada en la Península Ibérica, hallada en una cueva funeraria del Neolítico tardío en el noreste de España con una datación de entre 3634 y 3363 a.C. Eso significa que el ámbar báltico llegaba al Mediterráneo occidental más de un milenio antes de lo que se pensaba, y más de mil años antes de que el fenómeno de la Cultura del Vaso Campaniforme, al que se atribuía habitualmente su expansión, comenzara.

La técnica no destructiva de 2023: analizar sin tocar

El problema clásico del análisis de ámbar arqueológico es que las piezas son frágiles, a menudo irremplazables, y que muchas técnicas requieren tomar una muestra, lo que implica dañar el objeto. Eso ha limitado históricamente el análisis de las piezas más valiosas y mejor conservadas, precisamente las que más interesa estudiar.

Un estudio publicado en 2023 demostró que la Espectroscopía de Reflectancia Difusa en el Infrarrojo (DRIFTS) puede identificar el origen báltico del ámbar arqueológico de forma completamente no destructiva, sin tomar ninguna muestra. El equipo analizó 13 cuentas de ámbar procedentes del yacimiento de Dura-Europos en Siria (siglos III a.C. – III d.C.) usando solo DRIFTS y confirmó el origen báltico de cinco de ellas.

La validación de la técnica consistió en comparar los espectros DRIFTS con los obtenidos mediante FTIR convencional (que requiere muestra) en un conjunto de referencia de ámbar de origen conocido. La correspondencia fue suficientemente alta para que la técnica no destructiva sea ahora el método de elección para el análisis de piezas arqueológicas excepcionales. Como documenta esa investigación publicada en Archaeometry, esto abre la posibilidad de analizar finalmente las piezas de ámbar de la tumba de Tutankamón sin tocarlas.

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