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Antes de los grandes aviones de pasajeros, el Atlántico se cruzó sin escalas en un biplano de madera y tela

En 1919, John Alcock y Arthur Whitten Brown volaron durante más de 16 horas desde Terranova hasta Irlanda a bordo de un Vickers Vimy adaptado con casi 4.000 litros de combustible. Sobrevivieron a niebla, hielo, fallos de instrumentos y una caída que los dejó a pocos metros del océano.
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Hoy atravesar el Atlántico en avión es una operación rutinaria para aeronaves capaces de transportar cientos de pasajeros. Hace poco más de un siglo, en cambio, unir América del Norte y Europa por aire seguía siendo uno de los mayores desafíos de la aviación. El 14 de junio de 1919, John Alcock y Arthur Whitten Brown despegaron de Terranova con la intención de hacerlo de una sola vez y sin escalas.

Solo habían pasado 16 años desde el primer vuelo de los hermanos Wright. La Primera Guerra Mundial, sin embargo, había impulsado rápidamente el desarrollo de motores y aeronaves de mayor alcance. Unas semanas antes, el hidroavión estadounidense NC-4 ya había cruzado el Atlántico haciendo varias paradas. Alcock y Brown querían ir un paso más allá.

Un bombardero de guerra convertido en avión transatlántico

Para lograrlo utilizaron un Vickers Vimy, un bombardero pesado británico desarrollado durante la guerra pero que llegó demasiado tarde para entrar en combate. El aparato medía unos 13 metros de largo y tenía una envergadura cercana a los 20,5 metros. Su estructura estaba construida principalmente con madera, cables de arriostramiento y recubrimiento de tela.

Antes de los grandes aviones de pasajeros, el Atlántico se cruzó sin escalas en un biplano de madera y tela
© Air2Air – Youtube.

Dos motores Rolls-Royce Eagle de 360 caballos proporcionaban la potencia necesaria. Para convertirlo en un avión transatlántico se instalaron depósitos capaces de transportar aproximadamente 3.900 litros de combustible, lo que elevó considerablemente su peso.

El despegue ya fue una pequeña hazaña. Partieron desde un terreno improvisado cerca de St. John’s cuya pista tenía alrededor de 457 metros. Hubo que retirar obstáculos e incluso dinamitar algunas rocas para preparar el recorrido.

Navegar sobre el océano sin GPS ni radio moderna

Una vez sobre el océano apareció un problema todavía mayor: saber exactamente dónde estaban.

Brown era el navegante y debía determinar la posición utilizando técnicas similares a las empleadas durante siglos en los barcos. Observaba el Sol y las estrellas, calculaba la deriva provocada por el viento y realizaba estimaciones a partir del rumbo y la velocidad. Pero gran parte del vuelo transcurrió entre nubes, niebla y una visibilidad extremadamente reducida, por lo que las oportunidades para realizar observaciones astronómicas fueron escasas.

También aparecieron problemas mecánicos y acumulación de hielo. En algunos momentos, Brown tuvo que salir parcialmente de la cabina para retirar hielo de componentes del avión mientras continuaban atravesando el Atlántico.

Una caída que casi termina en el Atlántico

La situación más crítica ocurrió durante la mañana del 15 de junio. En medio de una niebla espesa, Alcock perdió la referencia del horizonte. Uno de los instrumentos de velocidad estaba bloqueado y el Vimy terminó levantando demasiado el morro, perdió sustentación y comenzó a caer dentro de las nubes.

Cuando finalmente recuperaron visibilidad estaban a menos de 30 metros sobre el océano. Alcock consiguió estabilizar el avión aproximadamente a 15 metros de las olas. Horas después apareció Irlanda.

El aterrizaje terminó con el avión clavado en una turbera

Tras algo más de 16 horas de vuelo, Alcock buscó un lugar donde aterrizar cerca de Clifden. Desde el aire encontró lo que parecía una superficie firme, pero en realidad era una turbera. Las ruedas se hundieron y el Vimy terminó inclinado hacia delante con el morro clavado en el terreno.

Los dos tripulantes salieron prácticamente ilesos.

La travesía había recorrido más de 3.000 kilómetros y convirtió a Alcock y Brown en los primeros aviadores en realizar un vuelo transatlántico sin escalas. Apenas 16 años después de que los hermanos Wright consiguieran mantener una máquina en el aire durante unos segundos, un biplano de madera y tela ya era capaz de unir América y Europa.

 

 

Fuente: Xataka.

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