El mercado petrolero vive una tormenta silenciosa. Mientras los precios caen y la incertidumbre crece, Arabia Saudita ha tomado una decisión que podría cambiarlo todo. No se trata solo de aumentar la producción: se trata de una estrategia agresiva, cuidadosamente calculada, que apunta tanto a disciplinar a los díscolos de la OPEP+ como a sacar del juego a los competidores más caros. ¿Estamos ante una guerra de cuotas encubierta?

Un juego de poder bajo el precio del petróleo
Arabia Saudita ha iniciado una ofensiva que no muchos esperaban: mantener el flujo de petróleo alto a pesar de que los precios estén por debajo del umbral deseado. El barril Brent ha caído por debajo de los 59 dólares y el WTI ronda los 56. Para muchos productores, esto significa operar en pérdidas. Sin embargo, Riad no parece inmutarse.
Según Reuters, el reino ha incrementado su producción por segundo mes consecutivo, alineado con siete países más de la OPEP+, sumando 411.000 barriles diarios adicionales. Aunque algunos expertos, como Giovanni Staunovo de UBS, insisten en que se trata de una reducción controlada de recortes previos, el mercado ha reaccionado con nerviosismo.
Lo que está claro es que Arabia Saudita está dispuesta a tensar sus propias finanzas con tal de mantener su dominio. El objetivo va más allá del precio: se trata de enviar un mensaje, tanto dentro como fuera de la organización petrolera.
Disciplinar a los aliados y presionar a los rivales
Dentro de la OPEP+, hay miembros que han desobedecido las cuotas pactadas. Irak, Kazajistán y los Emiratos Árabes Unidos han producido por encima de lo acordado. La respuesta saudí parece clara: inundar el mercado para hacer inviable la producción fuera de control.
Al mismo tiempo, Riad lanza una advertencia a Estados Unidos. La industria del fracking, costosa y dependiente de precios altos, es la víctima silenciosa de esta estrategia. Como ya ocurrió entre 2014 y 2016, si el barril cae por debajo de los 50 dólares, muchas empresas estadounidenses deberán recortar, endeudarse o directamente cerrar.
Tampoco se salvan sus aliados geopolíticos. Rusia, uno de los pilares de la alianza OPEP+ desde 2016, necesita precios más altos para sostener su presupuesto. Pero la desconfianza creciente entre Moscú y Riad, sumada a los posibles acercamientos de Rusia con EE. UU., ha enfriado la cooperación.

Adelantarse al regreso de los sancionados
Otro factor que influye en la jugada saudí es la posibilidad del regreso al mercado de Irán y Venezuela. Si EE. UU. relaja las sanciones como parte de una negociación diplomática, ambos países volverán a exportar grandes volúmenes de crudo. Arabia Saudita, consciente de esa amenaza, prefiere ocupar ese espacio antes de que se reabran las cuotas.
Jorge León, de Rystad Energy, lo resume de forma contundente: “Esto no es solo una advertencia, es un mensaje final. Arabia Saudita ha cambiado de estrategia: ahora prima la cuota de mercado, no el precio”.
El nuevo paradigma: perder ahora para reinar después
La lógica saudí es clara: asumir pérdidas hoy para evitar quedar relegado mañana. Riad ha dejado de proteger los precios para pasar a proteger su dominio. Si eso significa quebrar productores más caros, disciplinar a los suyos y tensar alianzas, está dispuesto a hacerlo.
Es una apuesta arriesgada, pero también una declaración de intenciones: el mercado del petróleo ya no responde a las viejas reglas, y Arabia Saudita quiere escribir las nuevas.
Fuente: Xataka.