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Ciencia

Encontraron dentro de una falla geológica en Japón un material que solo se conocía en laboratorios de tecnología: el óxido de grafeno actúa como nanolubricante natural y podría explicar por qué hay regiones donde los grandes terremotos simplemente no ocurren

Un equipo de la Universidad de Tohoku identificó óxido de grafeno en el interior de la falla de Atotsugawa, en el centro de Japón, en el primer hallazgo de este material en condiciones geológicas naturales. El compuesto, conocido en la industria tecnológica por su capacidad de reducir la fricción, parece actuar como un lubricante que permite que las rocas se deslicen sin acumular la energía que genera terremotos violentos. El estudio fue publicado en Nature Communications
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Hay regiones sísmicamente activas donde los grandes terremotos no ocurren, o ocurren con mucha menos frecuencia de lo que cabría esperar. Entender por qué es una de las preguntas centrales de la sismología moderna y la respuesta tiene implicancias directas para la gestión del riesgo en zonas densamente pobladas. Un nuevo estudio publicado en Nature Communications ofrece una pista que nadie había considerado: el interior de algunas fallas podría contener un material que actúa como lubricante natural, reduciendo la fricción entre las rocas hasta niveles que impiden la acumulación de la energía necesaria para un sismo destructivo.

El material es el óxido de grafeno. Y lo encontraron donde menos se esperaba: en el corazón de una falla geológica en el centro de Japón.

La falla que no se comporta como debería

La falla de Atotsugawa es una fractura activa en la corteza terrestre ubicada en la región de Chubu, en el centro de Japón. Como muchas fallas de la zona, experimenta desplazamientos laterales producto del movimiento entre placas tectónicas. Pero a diferencia de otras fallas activas de la región, registra pocos terremotos de gran magnitud y muestra movimientos lentos y continuos en parte de su recorrido, un comportamiento que los sismólogos llaman deslizamiento asísmico.

Ese contraste llamó la atención de un equipo de investigadores de la Universidad de Tohoku, que decidió analizar en detalle el material fino que se acumula dentro de la falla, producto del roce continuo entre las rocas. Lo que encontraron no estaba en ningún modelo previo.

Un material de laboratorio dentro de la Tierra

El óxido de grafeno es una forma modificada del grafeno, un material compuesto por átomos de carbono dispuestos en capas de un solo átomo de grosor. Es conocido en la industria tecnológica y en la investigación de materiales por su coeficiente de fricción ultrabajo: ofrece muy poca resistencia al deslizamiento entre superficies, lo que lo convierte en un lubricante de alta eficiencia en aplicaciones industriales y electrónicas.

Hasta este estudio, el óxido de grafeno solo había sido producido de forma artificial, en laboratorios. Nunca había sido documentado formando en condiciones geológicas naturales, dentro de una roca, a kilómetros de profundidad, sin intervención humana.

El equipo de Tohoku lo encontró en las muestras de material fino extraídas de la falla de Atotsugawa. Se presenta en láminas de apenas 3 a 10 nanómetros de espesor, acumuladas en pequeñas grietas dentro de la zona de falla. Su composición química es particular: contiene una alta concentración de grupos hidroxilo y un elevado nivel de oxidación, características que potencian su capacidad lubricante cuando interactúa con el agua presente en la corteza terrestre.

Cómo se forma y por qué importa

El mecanismo que proponen los investigadores es, en términos conceptuales, elegante: cuando la falla se mueve, el roce entre las rocas genera reacciones químicas que transforman el carbono presente en los minerales en óxido de grafeno. Ese material, una vez formado, reduce la fricción. Y al reducir la fricción, facilita que la falla siga moviéndose. Lo que produce el movimiento termina siendo, al mismo tiempo, lo que hace más fácil el movimiento siguiente.

El profesor Hiroyuki Nagahama, del equipo de investigación, lo resumió en el comunicado oficial de la universidad: «Creemos que cuando la falla se mueve, provoca reacciones químicas que generan óxido de grafeno. Es decir, cuanto más se desplaza la falla, más produce su propio nanolubricante, lo que facilita aún más el movimiento.»

El resultado de ese ciclo es que las rocas dentro de la falla se deslizan con mayor facilidad, sin necesidad de acumular grandes cantidades de energía. Y sin esa acumulación, no hay liberación brusca. No hay terremoto violento.

Por qué el material se mantiene activo a esa profundidad

Uno de los datos más relevantes del estudio tiene que ver con la estabilidad térmica del óxido de grafeno encontrado. Las mediciones indican que el material se mantiene estable hasta temperaturas de aproximadamente 200 °C, que corresponden a las condiciones que se encuentran a profundidades de entre 7 y 8 kilómetros en la falla de Atotsugawa. Esa es precisamente la zona donde el deslizamiento es más lento y los sismos son menos frecuentes.

Esa coincidencia entre la estabilidad térmica del material y la profundidad donde ocurre el deslizamiento asísmico es lo que refuerza la hipótesis del equipo: el óxido de grafeno no es una presencia accidental. Es un factor activo que modifica el comportamiento mecánico de la falla a esa profundidad específica.

Las técnicas que hicieron posible el hallazgo

Identificar un material en láminas de nanómetros de espesor dentro de una muestra de roca requiere instrumentación de precisión. El equipo utilizó tres técnicas principales: espectroscopía Raman, que permite identificar materiales por la forma en que dispersan la luz; espectroscopía de fotoelectrones de rayos X (XPS), que revela la composición química de la superficie de los materiales; y microscopía electrónica de transmisión (TEM), que permite obtener imágenes de estructuras a escala atómica.

La combinación de esas tres técnicas fue lo que permitió no solo detectar la presencia del óxido de grafeno sino también caracterizar su estructura y composición con suficiente precisión como para entender por qué se comporta como lo hace. La Universidad de Tohoku destacó en su comunicado que nunca antes se había observado óxido de grafeno en una sola capa y con esta estructura en un entorno natural.

Qué abre este descubrimiento

El investigador Tomoya Shimada, parte del equipo, señaló que si el óxido de grafeno se forma de manera natural en las fallas, eso abre nuevas vías para comprender tanto el origen de los terremotos como la evolución de las fallas a lo largo del tiempo geológico. El estudio sugiere que el comportamiento sísmico de una región puede depender, en parte, de la química del carbono en sus fallas, un factor que hasta ahora no había sido considerado en los modelos de riesgo sísmico.

La pregunta que el hallazgo deja abierta es si el óxido de grafeno está presente en otras fallas del mundo con comportamientos similares, o si la de Atotsugawa es un caso aislado. Si el mecanismo resulta más generalizado de lo que se pensaba, podría cambiar la forma en que los científicos entienden por qué algunas regiones tienen historial sísmico intenso y otras, geológicamente similares, permanecen relativamente quietas. Esa respuesta requiere más muestras, más fallas y más trabajo de campo. Pero la pista, por primera vez, existe.

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